sábado, 21 de diciembre de 2019

DE LO QUE HE VISTO, DE LO QUE HE VIVIDO, DE LO QUE PIENSO Y CREO



De lo que he visto, de lo que he vivido, de lo que pienso y creo


Félix Sautié Mederos
DVII

Cada año el mes de septiembre trae una motivación muy especial para una importante mayoría del pueblo cubano, sean creyentes o no, porque el día 8, en que el calendario católico se conmemora la natividad de María la madre de Jesús de Nazaret, fue escogido para la celebración de María de la Caridad, Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba, a solicitud en 1915 de los veteranos de las Guerras de Independencia dirigida al entonces Papa Benedicto XV. Es una historia que se ha divulgado en varias ocasiones, aunque no es ocioso reiterarla por el significado que en sí misma posee y para que no se olvide. Que, por otra parte, algunos dogmáticos del ateísmo quisieran olvidar, pero no lo han logrado y no lo podrán lograr porque es una fecha constitutiva de la Historia de Cuba y de sus más de cien años de lucha. Nunca se debería olvidar que cuando éramos una colonia de España y nacía nuestra identidad nacional, la Virgen de la Caridad era quizás el más genuino símbolo de cubanía. Era una época en que todavía no teníamos escudo ni bandera, entonces la Virgen de la Caridad devino el símbolo esencial de cubanía, lo que hoy sigue siendo para buena parte de los cubanos acompañada de la bandera y del escudo de la nación.
En las guerras de independencia muchos mambises llevaban en el ala de su sombrero una tirita amarilla (escarapela) con la medida de la pequeña imagen, y con el tiempo eso devino en una costumbre más generalizada. Yo nací en 1938 y recuerdo de niño que en aquella época todavía se hacía uso por las madres de la medida amarilla de la imagen para ponerla a sus hijos como resguardo. Comienzo pues por referirme a la Virgen cubana en este capítulo, inspirado en lo que conmemora el pueblo cubano el 8 de septiembre. Desde hace años cada 8 de septiembre me refiero a la Caridad del Cobre y escribo al respecto, es algo que nace de mi cubanía y de mis convicciones cristianas.
Además, este va a ser un 8 de septiembre especial para los católicos cubanos porque el Papa Francisco ha anunciado que, en el Cónclave convocado para los primeros días de octubre del 2019, entre los 13 cardenales que va crear, uno será cubano, Monseñor Juan de la Caridad García, actual arzobispo de La Habana. Será el tercer cardenal cubano en la Historia. Manuel Arteaga y Betancourt quien tenía vínculos familiares con Ignacio Agramonte y, además era un importante intelectual religioso cubano, miembro de la Academia Cubana de la Lengua; Jaime Ortega Alamino quien desempeñó un importante papel en la actual etapa cubana, y ahora Juan de la Caridad García, quien es en sus inicios un modesto cura de pueblo. En tanto que hay muchos países, algunos incluso más católicos e importantes en tamaño y población que Cuba, que nunca han tenido un cardenal. En mi criterio, ello constituye una valoración muy significativa de la importancia de Cuba en el ámbito mundial. Incluso, tenemos que los tres últimos papas la han visitado y emitidos importantes declaraciones solidarias con nuestro país. Especialmente Juan Pablo II, quien expuso su famoso planteamiento de que Cuba se abra al mundo y que el mundo se abra a Cuba.
Otro hecho muy importante que dice mucho de esta significación histórico espiritual de Cuba, fue el extraordinario encuentro que ha tardado más de mil años en celebrarse realizado en el Aeropuerto de La Habana entre la Iglesia católica y la Iglesia Ortodoxa rusa, en las personas del papa Francisco y de Kirill, patriarca de toda Rusia, efectuado en septiembre del 2016. En este sentido el Papa Francisco antes de marcharse de Cuba rumbo a México entonces declaró que: “No quiero irme sin darle un reconocimiento a Cuba, al gran pueblo cubano y a su presidente aquí presente. Agradezco su disponibilidad activa. Si sigue así Cuba será la capital de la unidad”.
En consecuencia, monseñor Juan de la Caridad García encabezará este año 2019 las tradicionales procesiones y festejos del 8 de septiembre breves días antes del Cónclave en Roma, en que Francisco, tal y como se plantea en el protocolo vaticano, lo creará como cardenal de la Iglesia católica, incluso dado su edad será uno de los electores del próximo papa. Francisco una vez más desafía a la curia dogmática europeizante y de derechas, nombrando obispos y cardenales, procedentes de las distintas latitudes del mundo, en especial procedentes de las periferias mundiales, a pastores sencillos y de pueblo con olor de ovejas tal y como se expresa en lenguaje litúrgico.

En el portal oficial de la Iglesia católica cubana, en un artículo firmado por el destacado laico Sergio Lázaro Cabarrouy Fernández-Fontecha, a quien aprecio muy especialmente, titulado La eficacia de lo pequeño se expresa al respecto de este significativo anuncio de Francisco que:
Monseñor Juan de la Caridad García Rodríguez, arzobispo de La Habana, es un hombre sencillo, un sacerdote de pueblo, amigo de trabajadores del campo, amas de casa, macheteros, mecánicos o choferes. Una mañana a la semana se va a un hogar de minusválidos y enfermos mentales para ayudar a bañar y repartir desayuno. Una madrugada a la semana reza el Rosario, como parte de una antiquísima devoción mariana. Le gusta irse de misión adonde la gente no sabe qué es un obispo, para que se enteren de que Dios los acompaña desde antes que su madre decidiera no abortarlos y que cuando se enseña el perdón y la fraternidad, se accede a ese Dios que los ama y los cuida, sobre todo si aprenden a hablarle como lo harían a un papá.
Me propongo expresar, a partir de estas circunstancias y hechos de la Historia, algunas consideraciones personales al respecto del tema que enuncio en el título: “Esencias básicas de las tradiciones y creencias que forman parte de la identidad de los pueblos. La Virgen de la Caridad en Cuba y un nuevo cardenal cubano”.
Las tradiciones y las creencias populares se insertan en la vida de los pueblos y tienen una influencia decisiva en su identidad y cultura, que en mi criterio, desde el punto científico de la historia, son imprescindibles tomar muy en consideración para comprender el intríngulis de las formas en que se expresa el pensamiento popular en múltiples países del mundo en los que Cuba no es una excepción ni mucho menos. Algo que algunos dogmáticos del extremismo conceptual ateísta quisieran borrar con decretos y criterios desfasados de la vida. De eso tenemos en Cuba algunos ejemplos de la nefasta época del ateísmo científico que el IV Congreso del Partido borró para siempre al plantear el regreso a la república laica que soñara José Martí.
En este orden de cosas, en relación con lo que ha sucedido en Cuba al respecto del tema que me ocupa, tenemos que los veteranos de nuestras guerras de independencias fueron explícitos de sus intenciones en su misiva dirigida al papa en el 1915. Cito textual uno de los párrafos más importantes del texto firmado de puño y letra con la grafía original que presenta algunas faltas de ortografía, demostrativas del origen genuinamente popular de aquellos rudos y heroicos hombres de la Patria cubana:
[…] No pudieron ni los azares de la guerra, ni los trabajos para librar nuestra subsistencia, apagar la fé y el amor que nuestro pueblo católico profesa a esa Virgen veneranda; y antes al contrario, en el fragor de los combates y en las mayores visisitudes de la vida, cuando más cercana estaba la muerte o más próxima la desesperación, surgió siempre como luz disipadora de todo peligro o como rocio consolador para nuestras almas, la visión de esa Virgen cubana por excelencia, cubana por el origen de su secular devoción, y cubana por que así la amaron nuestras madres inolvidables, así la bendicen nuestras amantes esposas y así la han proclamado nuestros soldados, orando todos ante élla para la consecución de la victoria y para la paz de nuestros muertos inolvidados; y acusaría una vergonzosa ingratitud por nuestra parte, el que a los beneficios que esa Virgen excelsa nos prodiga, permanecieramos inactivos o mudos, y no levatáramos nuestra voz ante el sucesor de San Pedro, para que haciéndose interprete de los sentimientos del pueblo católico de Cuba y de los de su Ejército Libertador que profesan la religión de nuestros antepasados, y usando de las facultades de que se encuentra investido, declare, previo los trámites correspondientes como Patrona de la República de Cuba a la Virgen de la Caridad del Cobre, y de fiesta eclesiástica en élla el día que lleva su santo nombre […].
La historia de la Caridad del Cobre data de 1612 cuando Cuba no existía como república. En los últimos tiempos, ha sido resumida en unos párrafos muy bien sintetizados por monseñor Wilfredo Pino Estévez, actual arzobispo de Camagüey, en artículo suyo de fecha 23 de septiembre de 2015 publicado en el periódico Juventud Rebelde:
[…] en 1612, un niño de 10 años de edad nombrado Juan Moreno, y dos hermanos indios, también cubanos, Juan y Rodrigo de Hoyos, encontraron flotando, en la Bahía de Nipe, una pequeña imagen de la Virgen María. En la tabla que la sostenía, como si se tratara de su carnet de identidad, podía leerse: “YO SOY LA VIRGEN DE LA CARIDAD”. “Aprisa” también la trajeron ellos al Cobre, donde ha quedado para siempre.
Todos podríamos preguntarnos quién encontró a quién: ¿Fueron los cubanos quienes encontraron a la Virgen de la Caridad o fue la Virgen de la Caridad la que vino al encuentro del pueblo cubano? El resultado es que, desde ese maravilloso día de 1612, ella se hizo cubana antes de que Cuba tuviese bandera, himno y escudo, y Cuba fuera Cuba. Ella pasó a ser un símbolo de Cuba como lo es el tocororo, la palma real y la flor de la mariposa.
A la Virgen María le han brindado su arte, su escultura, su pintura, su música, su mármol, su oratoria, cubanos de la talla del Venerable Padre Félix Varela, del Padre Esteban Salas, José María Heredia, Gertrudis Gómez de Avellaneda, José Martí, Fina García, José Lezama Lima, Luisa Pérez de Zambrana, Emilio Ballagas, Ernesto Lecuona, Dulce María Loynaz, Juan Manuel Nápoles Fajardo, Rita Longa, José María Vitier, ¡y tantos otros!”
Recuerdo pues que en el año 2012 celebramos en Cuba el Cuarto Centenario del descubrimiento de la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre y que en el año 2011 se realizó una peregrinación por todo el país a lo largo y ancho a través de bateyes, poblados, pueblos y ciudades sin que prácticamente quedara alguno de significativo espacio sin recibir la imagen de la Virgen de la Caridad, conocida como la Virgen mambisa que se atesora en la Iglesia de Santo Tomás en Santiago de Cuba que según cuenta la tradición histórica fue una imagen que acompañó al Ejército Libertador, Ejército Mambí en la Guerra de Independencia de Cuba. Asistimos entonces en el 2012 a una verdadera explosión popular de participación, que en la práctica concreta dejó sin posibilidades de dudas del arraigo y la veneración del pueblo cubano a su Patrona, la que nunca se pudo arrancar de sus sentimientos durante los años del ateísmo científico.
Vivíamos en aquellos momentos una época de incertidumbres y angustias existenciales. En mi opinión, aquella masiva peregrinación por todo el país alentó los espíritus, levantó los ánimos masivamente y elevó el orgullo de ser cubano. Las imágenes y los videos de la época constituyen una prueba irrefutable de una historia que los detenidos en el tiempo quisieran que se olvidara; pero puedo decir que desde entonces las conmemoraciones del Día de la Patrona de Cuba han reverdecido en aumento. Y en esto tengo que recordar aquello que Goethe plantea en Fausto en el sentido de que gris es la teoría y solo es verde el árbol de la vida.
En mi propósito de desempeñarme como cronista de mi época, he escrito muchas crónicas y artículos al respecto de la devoción de los cubanos por la Patrona de Cuba y este año no quiero que sea una excepción al respecto porque la espiritualidad de los seres humanos y el respeto de sus símbolos considero que tienen una importancia esencial para comunicarse con el pueblo. Especialmente, con el pueblo de a pie, porque nos permite comprender más cabalmente sus sentimientos, anhelos y formas de ver la vida.
En este sentido, quiero destacar que Miguel Díaz-Canel, en uno de sus primeros actos después de haber sido elegido Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, visitó el Santuario de la Virgen de la Caridad en el poblado de El Cobre, provincia de Santiago de Cuba, donde habló con los creyentes que allí estaban de peregrinación. Dice la tradición que cada cubano por lo menos una vez en su vida debe visitar a la Virgen de la Caridad en su Santuario en el poblado de El Cobre. En mi criterio, el de Díaz-Canel, quien ha afirmado que no es creyente y quien en realidad es genuinamente cubano, fue un gesto de cubanía y de especial sensibilidad popular el realizar aquella visita, que se aparta espiritual, política y prácticamente de los detenidos en el tiempo que quisieran desaparecer esa devoción generalizada en el pueblo cubano.
Este hecho se produjo en una fecha tan cercana de su elección como fue el 20 de junio de 2018 y el impacto de su visita fue ampliamente reflejado por la prensa nacional del momento.1
Por otra parte, quiero recordar que en aquel santuario sagrado para los cubanos se atesoran en una exposición de vitrinas, múltiples exvotos que los cubanos que la han visitado por años han ido depositando como recuerdo permanente e histórico de su visita a su Patrona. Especialmente, quiero destacar los grados, brazaletes y símbolos que los combatientes el Ejército Rebelde de Fidel los entregaron a la Virgen de la Caridad en muestra de su devoción; porque la Virgen de los cubanos siempre nos ha acompañado en nuestras luchas por nuestra independencia, nuestra identidad nacional, por la justicia y la paz. También debo significar como un hecho muy interesante que expresó el amor por Cuba del gran novelista estadounidense Ernest Hemingway, la entrega personalmente para la posteridad en los exvotos allí depositados de su medalla del Premio Nobel que recibiera en vida.
En este orden de pensamiento, quiero reiterar como testimonio y memoria de vida que estoy expresando en esta serie de artículos de La espiritualidad prohibida, con el exergo “De lo que he visto, de lo que he vivido, de lo que pienso y creo”, uno de los artículos que publiqué en POR ESTO!,2 con fecha 12 de septiembre de 2011, al respecto de la masiva peregrinación de la imagen de la Virgen Mambisa a lo largo y ancho del país en conmemoración del Cuarto Centenario de su descubrimiento en la bahía de Nipe, en la antigua provincia de Oriente. Cito textual algunos párrafos esenciales que mantienen su vigencia en el tiempo transcurrido:
[…] La Virgen de la Caridad del Cobre, advocación mariana cuyo carisma esencial es el amor, constituye un indiscutible símbolo de identidad nacional respetado por los cubanos de adentro y de afuera del país, incluso más allá de sus creencias religiosas o de sus concepciones filosóficas, ya sean ateas, agnósticas o de fe. La Caridad del Cobre y la figura de José Martí, han alcanzado niveles de aceptación y veneración generalizados entre los cubanos que difícilmente algún compatriota se atrevería a negar o despreciar en público. Todas las naciones tienen creencias, símbolos, historias, personas, tradiciones que conforman lo sagrado de su identidad, que son venerados, conmemorados y defendidos en virtud de considerarse elementos fundacionales que aportan vida y subsistencia a la nación en el tiempo.
Al mismo tiempo, cuando afirmo lo anterior, debo reconocer también que indiscutiblemente en Cuba estamos viviendo momentos muy difíciles y complejos, que nos mantienen ante un punto de inflexión determinante para nuestro presente y nuestro futuro en los que estos símbolos adquieren una importancia esencial. Es en estas complejas circunstancias que esos símbolos, integrantes de lo que es sagrado para la nación y la patria en su conjunto, podrían renovar con inusitada intensidad su significado y función aglutinadora de la Nación Cubana, facilitándonos que nos veamos como lo que realmente somos: compatriotas y hermanos con un destino común que todos deberíamos salvaguardar aun por encima de nuestras diferencias, discrepancias e intereses estrictamente personales, poniendo al centro de todo a la Nación en su conjunto sin omisiones onerosas […].
[…] La Virgen de la Caridad y la devoción que le profesan los cubanos creyentes junto con el respeto de los no creyentes es en especial una encarnación del amor sin límites predicado por Jesús el de Nazaret. Un amor que prevalece por encima de las fronteras geográficas, culturales e ideológicas, así como de las pasiones humanas, de los intereses creados y de los poderes temporales establecidos por mucha autoridad y fuerza que posean. La Virgen de la Caridad, por tanto, no debería ser campo de batallas de nadie en particular, porque por sobre todas las cosas es madre de los cubanos en su conjunto, de unos y de otros, de los de adentro y de los de afuera, de los que están a favor o en contra. Algo a respetar sin excepciones válidas de ninguna índole; y, por tanto, un signo de encuentro, diálogo, reconciliación, perdón y amor que deberíamos usar en las difíciles circunstancias y coyunturas actuales, como bandera de paz y de concordia nacional […]
[…] Su fiesta es la fiesta de los cubanos sin excepción ni exclusiones de ninguna índole. Las procesiones del pueblo son recorridos a favor del amor, de la vida y de la concordia nacional y todos deberíamos respetarlas, como se respeta al pueblo en sí mismo. Este es el año previo al cuatrocientos aniversario de su hallazgo en 1612 en medio de una tempestad, navegando encima de una frágil tabla sobre las aguas de la Bahía de Nipe en el Oriente cubano.
Como preparación a las celebraciones del próximo 2012 declarado Año Jubilar para los cubanos, una imagen suya que acompañó a los combatientes en nuestras guerras de independencia en el siglo xix y que se venera en la Iglesia de Santo Tomás en Santiago de Cuba, está recorriendo nuestra geografía de Oriente a Occidente por poblados y ciudades concitando sentimientos de amor y de esperanzas en medio de sentidos desbordamientos populares, que sus testigos los consideran imborrables en los corazones cubanos que han ido a su encuentro. Pienso que es premonición de que en definitiva se abrirá para Cuba un futuro de encuentro, reconciliación y perdón […].
[…] Reitero mi convicción de que vendría la concordia, el amor, la paz y el desarrollo que tanto anhelamos. Lo contrario sería el caos y la desolación. Eso es lo que opino y eso es lo que afirmo en el día de la Caridad del Cobre, Patrona y Reina de todos los cubanos, de los que creen y de los que no creen.
Para finalizar, quiero añadir que en los días previos a la celebración del Día de la Patrona de Cuba este año 2019, Mr. Trump y sus acólitos han anunciado nuevas medidas de restricción hacia el pueblo cubano, de seguro aumentarán los daños que nos infringe el criminal bloqueo de los Estados Unidos a Cuba desde hace sesenta años; pero lo que Mr. Trump no entiende es que se enfrenta a un pueblo aguerrido y decidido con una extensa tradición de luchas por la paz y por la vida, del cual la Virgen de la Caridad del Cobre es uno de sus símbolos más preciados.
Así lo pienso y así lo expreso en mi derecho a opinar, con mis respetos para el pensamiento diferente y sin querer ofender a nadie particular.

Continuará.
Finalmente, les reitero mi correo electrónico con el propósito de que puedan trasmitirme dudas, criterios, opiniones y preguntas: fsmederos@gmail.com
Notas

2 Publicado en POR ESTO! el lunes 12 de septiembre de 2011, 
http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=22&idTitulo=114618
Publicado en el Suplemento UNICORNIO de Ciencia y Cultura de Por Esto! y en la sección digital de Especiales del periódico Por Esto de Mérida, Yucatán, México el domingo 15 de septiembre del 2019


EL HOMBRE DE GUARACABUYA

Ciro Bianchi Ross (cirobianchiross@gmail.com)To:you + 53 more Details
El hombre de Guaracabuya
Ciro Bianchi Ross
ciro@juventudrebelde.cu

La frase llega desde la esclavitud. El que corta el bacalao. Aún en
Cuba, en ciertos sectores populares, el concepto de autoridad se
relaciona con ella.
Dice Manuel Moreno Fraginals en ese clásico que es su libro El
ingenio, que durante la última década del siglo XVIII las fábricas de
azúcar conocieron de una situación dantesca. Circunstancias adversas
repercutieron en la economía de la Colonia y, por ende, en la vida del
esclavo, que andaba hambriento y casi desnudo por las plantaciones.
Muchos ingenios carecían de tasajo o de bacalao, renglones básicos en
la alimentación de los negros, y les proporcionaban solo una comida al
día. Las plantaciones que carecían de una gran cocina central para
preparar la comida de la dotación acostumbraban a dar a sus esclavos,
uno a uno, la ración correspondiente de uno de esos alimentos para que
la guisaran ellos mismos.
El encargado de cortar la carne o el bacalao tenía en sus manos un
poder excepcional en esos años de hambre, y de ahí la frase y el
sentido de poder que adopta.
SÍ, PERO CON LA MISMA CARA
Tiene aire de Quijote. Sobre un magnifico caballo, que avanza a trote
corto, entra triunfante en La Habana el generalísimo Máximo Gómez. Lo
preceden sus cornetas, ocho generales cabalgan a su lado y cierra la
comitiva la escolta que ha acompañado al viejo caudillo durante los
últimos años. Marcha la columna entre un mar de pueblo desbordante de
calor humano, henchido de patriotismo y entusiasmo.
Cada vez que la columna hace un alto en su camino hacia la Quinta de
los Molinos, la antigua casa de veraneo de los Capitanes Generales,
que las autoridades pusieron a disposición del General en Jefe del
Ejército Libertador, no son pocos los que logran romper el cerco que
lo protege y lo saludan personalmente.
Un hombre joven, no dirá su nombre el escribidor, se le acerca. El
guerrero lo mira con atención. Le clava sus ojos de águila. Está
seguro de conocerlo, pero no puede precisar de dónde. Al fin recuerda
al sujeto.
Le dice: -Usted desertó de nuestras filas y se presentó al enemigo.
El individuo, sorprendido por la memoria de su interlocutor, se
turba, pero reacciona. -Sí, General, me presenté. Lo hice bajo otro
nombre
La respuesta de Gómez viene rápida:
-Lo habrá hecho con otro nombre, pero usó la misma cara.
EL CULPABLE TOTÍ
«La culpa de todo la tiene el totí…» La frase viene de la esclavitud y
apenas oculta su tufo racista. La esgrime quien sabe a otro culpable
de una falta y prefiere o le conviene exculparlo, y se dice también
del sujeto que insiste en eludir su responsabilidad.
El totí es un ave muy común en Cuba, de color negro intenso con
reflejos violados y pico curvo en su extremo. Anda en bandadas y come
de semillas y gusanos que quedan al descubierto al roturarse la
tierra. Aparte de limpiar de insectos al ganado, su plato preferido
son los granos almacenados y sobre todo el azúcar, al punto que en los
ingenios se hacía habitual destinar a un negro viejo o sumamente joven
para que espantara a los totíes de los almacenes.
Como aún así las existencias bajaban, los custodios culpaban del
faltante a ese pájaro de la familia de los córvidos.
¡LIBERALES DE PERICO! ¡A CORRER!
Las versiones difieren, pero en ambas el escenario es el mismo, es la
misma época y el protagonista es la misma persona. La frase quedó
inscrita en el imaginario colectivo y pese al transcurrir del tiempo
suele aun utilizarse o se invoca cuando la situación aconseja una
retirada oportuna.
Sucede que en 1916, el presidente conservador Mario García Menocal,
empeñado en mantenerse en el poder, fue a la reelección y perdió
frente al candidato liberal Alfredo Zayas. Quiso Menocal reconocer
gallardamente su derrota, pero la camarilla áulica lo aconsejó en
sentido contrario y se proclamó vencedor. Se alzaron en armas entonces
los liberales en las provincias de Camagüey y Oriente, se apoderaron
de las capitales de esos territorios e iniciaron el avance hacia la
capital del país. Es lo que se ha llamado la rebelión de La
Chambelona.
Mientras el Ejército se enfrentaba a los insurrectos, los
conservadores sembraban el pánico en pueblos y ciudades y disolvían a
tiros las reuniones de sus contrarios, por pacíficas que fueran. Pese
a la violencia, en el bucólico poblado de Perico, en la provincia de
Matanzas, las huestes liberales llamaron a un mitin; usaría de la
palabra el joven político negro Aquilino Lombart. Seguro de sí mismo,
Lombart encabezaba su perorata con un rotundo «¡Liberales de Perico!»
cuando un grupo de conservadores arremetía a tiros contra la
multitud. Ahí mismo terminaron el discurso y el acto pues el orador
solo atinó a agregar un atinado «¡A correr!» que poca falta hacía a
esa hora cuando la mayor parte de los reunidos habían puesto ya pies
en polvorosa.
La segunda versión es muy parecida. Solo que en ella no hay tiros. Se
había situado la tribuna en el parque central del poblado y cuando
Lombart comenzaba a dirigirse a los congregados con aquel «¡Liberales
de Perico!», una yagua se desprendió de una palma cercana y, con su
sonido característico, provocó la alarma consiguiente. Tan asustado
como sus correligionarios, el disertante que no llegó a serlo exclamó:
«¡A correr!».
No faltan los que en lugar de «¡Liberales de Perico! ¡A correr!»
alteren el orden de las palabras, pero no el sentido de la frase y
expresen: «¡A correr, liberales de Perico!». De cualquier manera es
una frase que pervive en la memoria de la gente aun cuando se
desconozcan los detalles del suceso que le dio origen hace ya casi
cien años.
EL OCURRENTE FERRARA
El italiano Orestes Ferrara y Marino fue, entre otras muchas cosas
buenas y malas, un hombre ocurrente. Coronel de la Independencia, se
desempeñó como abogado penalista hasta que se percató de lo poco
gratificante de su esfuerzo: sus clientes, si no estaban presos, los
estaban buscando. Se decidió entonces por el derecho económico,
ejercicio promisorio en una República que se abría a la vida y en la
que se hacía cada vez mayor la penetración del capital norteamericano.
Tuvo la suerte de conocer en La Habana a los hermanos Behn —Sosthenes
y Hernann Behn— creadores, a iniciativa de Ferrara, del monopolio
telefónico de la ITT (ATT) por lo que Cuba fue en 1910 el primer país
del mundo en disfrutar de esa maravilla que es el teléfono automático
que posibilita la comunicación de persona a persona sin necesidad del
intermedio de la operadora.
Fue Ferrara embajador de Cuba en Washington y secretario de Estado
—ministro de Relaciones Exteriores— en el gobierno dictatorial de
Gerardo Machado. Figuró por el Partido Liberal entre los delegados a
la Convención Constituyente de 1940. En enero de 1959 era todavía
embajador en la UNESCO y fue cesanteado por el Gobierno
Revolucionario. Fue profesor de la Universidad de La Habana, puesto
que ganó en sonadas oposiciones, y Representante a la Cámara, el cargo
elegible más alto al que podía aspirar un extranjero con ciudadanía
cubana. Presidiría ese cuerpo colegislador.
En la Escuela de Derecho se hizo famoso porque nunca suspendió a un
alumno. «Ya lo suspenderá la vida», decía. En la Cámara, en una
ocasión, hizo víctima de su lengua mordaz a otro curul y le restregó
en la cara su ignorancia.
-No me trate así, doctor Ferrara, yo también pasé por la Universidad.
Respondió el italiano:
-Los tranvías también pasan por la Universidad.
EL MUNDO DE LOS HUMORISTAS
Juan David dejó en sus cartones el rostro de su tiempo. «Picasso de la
caricatura personal», le llamó Raúl Roa. En cincuenta años de quehacer
profesional legó unas cinco mil caricaturas personales y alrededor de
quince mil dibujos políticos y de sátira social, una de las obras
plásticas más grandes del mundo en su género, decía René de la Nuez.
Dijo David al escribidor que más que humor político, le interesó un
humor social que guardara relación con las grandes y pequeñas
tragedias del hombre, aunque reconocía que era mejor caricaturista
personal que dibujante humorístico. Quiso hacer en la Bohemia una
sección de humor cubano —no político— y llevó a Miguel Ángel Quevedo,
director-propietario de dicha publicación tres dibujos para que
formara juicio. Días después Quevedo le dijo:
-David, el mundo no es tan dramático como lo pintan los humoristas. La
sección no va…
LA PÀGINA EN BLANCO
Aquella mañana Max Lesnik, director-propietario de la famosa revista
Réplica, de Miami, estaba en su despacho con la vista fija en la
cuartilla en blanco que se enroscaba en el rodillo de su máquina de
escribir. La edición estaba a punto de entrar en máquina y Max no
lograba concretar las ideas para la nota que debía escribir. Varios
temas le venían a la mente, pero, todos le parecían intrascendentes e
inapropiados.
En eso entró a la oficina Carlos Robreño, que había escrito mucho
para el periódico El Mundo y el semanario humorístico Zigzag, de La
Habana, aparte de haber sido uno de los integrantes del panel de
entrevistadores del programa Ante la prensa, de CMQ-Televisión. Al ver
a su colega en aquel trance preguntó si estaba pensando en el hombre
de Guaracabuya. Max ignoraba a que se refería y Robreño explicó que
en los inicios de su carrera solía recibir las cartas de un lector que
firmaba siempre como el hombre de Guaracabuya, que a veces lo elogiaba
y a veces lo censuraba. Prosiguió Robreño:
-Ya yo no podía escribir. Me agobiaba la idea de lo que el hombre de
Guaracabuya pensaría sobre mi artículo. ¿Le gustaría, no le gustaría?
Hasta que un dìa me dije: «Al diablo el hombre de Guaracabuya» y
empecé a escribir como me daba la gana.











REPLICA DE MAX LESNIK JUEVES 18 DE JULIO 2019   
Thu, Jul 18, 2019 2:31 pm
xamsel (xamsel@aol.com)To:you (Bcc) + 1 more Details


Así paga El Diablo………

Max LesnikPor: Max Lesnik
Los inmigrantes cubanos y venezolanos que quieren ingresar a Estados Unidos,  pretextando que  en sus países  de origen son perseguidos políticos por su  oposición  a los gobiernos que rigen los destinos se ambas naciones,   se enfrentan en estos momentos a un muro cerrado que ha levantado  frente a ellos  la administración Republicana del Presidente Donald Trump cumpliendo así su propósito  de complacer el sentimiento xenófobo que alimenta el odio racial  de sus fanáticos  seguidores  de la extrema derecha “facistoide” que lo apoyan en sus aspiraciones  reeleccionistas  a la presidencia de Estados Unidos.
A los venezolanos que actualmente  viven en un  limbo migratorio  en Estados Unidos,  puesto que no tienen un  estatus legal de ciudadanía norteamericana o  “Residencia permanente” se les acaba  de negar el  llamado “TPS”  o  “Residencia Temporal” que les permitiría  seguir  viviendo en territorio  norteamericano sin temor a ser deportados a su país  de  origen al  cual  no quieren regresar, más por  razones económicas que por  sus puntos  de  vistas  políticos contrarios  a la  Revolución Bolivariana.
A los  cubanos emigrantes que salieron  de la  isla por  distintos  caminos  con  el objetivo  de ingresar  a Estados Unidos para acogerse a la  llamada “Ley de juste Cubano” que al año y  un día  les permitirían  solicitar  legalmente  la “Residencia “ norteamericana, también  se les  ha cerrado  el camino  de  acuerdo  a las más recientes disposiciones  migratorias  del  gobierno  del  Presidente Trump.  Aparte  de que  también  ha quedado  detenido  el  flujo  migratorio  directo  de  los  20  mil  cubanos anuales  que  ingresaban  a Estados  Unidos  en cumplimiento  del acuerdo  suscrito entre  los  gobiernos  de Washington  y La Habana conocido por  el  nombre  de “ Tratado de Reunificación Familiar”.
Valga decir que  tanto  la extrema derecha  cubana  de Miami,  como la  venezolana  proclaman con furia  de mejor causa  su apoyo fanático  al  Presidente Trump con  la  esperanza  traidora  de que con  esa fuerza  más  caigan  los  Estados Unidos  sobre las  tierras  de Cuba  y Venezuela para derrocar  a los gobiernos  revolucionarios que rigen los destinos  de ambas  naciones latinoamericanas.
Los “Trumpistas”  cubanos  y venezolanos  de  Miami tienen algo  de masoquistas, puesto que  por  más  que el  Presidente Trump desde la Casa Blanca  les  “pega en la mera madre”- para  decirlo  como los  mexicanos- más “Trumpistas”   se vuelven ellos. Así paga  El  Diablo  a quien bien  le  sirve.
Les habló  par Réplica  de Radio-Miami su director Max Lesnik.

 Reply  Reply All  Forward

CON EL DIABLO EN EL CUERPO

APUNTES DEL CARTULARIO
Ciro Bianchi Ross

Con el diablo en el cuerpo

La Lupe es una de las figuras más controvertidas de la farándula
cubana. Dice la musicógrafa colombiana Adriana Orejuela que ni
siquiera su nombre se conoce con exactitud. Parece haberse llamado
Lupe Yoli. O Lupe Yolí. O Guadalupe Victoria Yolí Raymond.  Nació en
Santiago de Cuba y el padre, un empleado de la casa ronera Bacardí,
la obligó a hacerse maestra normalista. Pero esa no era la verdadera
vocación de La Lupe. De niña, admiraba a cantantes como la francesa
Édith Piaf, la española Lola Flores y las cubanas Olga Guillot y Celia
Cruz. Como parte del trío Los Tropicuba se presentó en México con gran
éxito, pero en 1960  a su regreso a La Habana, luego de actuar en el
club Rocco, de 17 y O, en el Vedado, recién inaugurado entonces, fue
expulsada de aquella agrupación. Molestaba, dijeron, por lo extraño de
su  carácter y le auguraron en su vida artística el mayor de los
fracasos.
    Otra sería la realidad. No fue difícil para la artista conseguir un
contrato en La Red, un club de noventa capacidades situado en 19 y L,
también en el Vedado y La Lupe allí  fue el acabose por su
comportamiento desenfadado e irreverente. Acometía «Ódiame», de Rafael
Otero, y «Juguete», de Bobby Capó, y mientras cantaba se quitaba los
zapatos, apaleaba al pianista, se pegaba a la pared como una hiedra,
imprecaba, gemía y gritaba como una posesa. Claro que tuvo detractores
que hablaron incluso de su estilo esquizofrénico,  pero público y
crítica no tardaron en reconocer que estaban en presencia de la
estrella más personal y brillante que le había nacido a la noche
habanera en mucho tiempo. Al igual que Freddy, una voz que pesaba
trescientas libras, La Lupe no era precisamente una diva de cabaret.
Era un acontecimiento artístico.  En agosto de 1960 firmaba en
exclusiva con la RCA Víctor, y no demoraba en salir al mercado su
primer LD. Se titulaba  «Con el diablo en el cuerpo».
    Sale de Cuba en 1961. En Nueva York, la «descubre» Mongo Santamaría.
Surgen desavenencias entre ambos y graba cuatro discos con Tito Puente
que la catapultan al estrellato. Más famosa que Celia Cruz en los años
60, el éxito de La Lupe se debió en parte, dicen los especialistas,  a
su canto aguerrido, su peculiar y única manera de afrontar el bolero y
la cada vez mayor influencia de una música latina alejada de los
formalismos de salón que imperaron, en los años 50, en la ciudad de
los rascacielos. Ese canto arrabalero, más propio del barrio que de un
salón de baile, halló en La Lupe su mejor exponente femenino.
    Su estrella declina en los años 70 cuando sus producciones musicales
pierden relevancia frente a la salsa. Su vida personal influirá en ese
cuesta abajo. Sus padrinos en la santería se aprovechan de su
influencia y dinero y se ve obligada a gastar un dineral en la
atención psiquiátrica de su segundo esposo. Es, por otra parte, una
manirrota compulsiva e incontrolable. Puede gastarse en un abrigo de
piel los veinte mil dólares que gana por un concierto.
    La Fania, que ha comprado el sello disquero Tico Record, quiere
ensalzar a Celia Cruz y deja a La Lupe en un segundo plano. Una
opinión que del marido de Celia da de  La Lupe en privado aparece
aviesamente en un periódico y se recrudece el enfrentamiento entre
ambas cantantes. El caso es que Celia pone a la Fania en tres y dos al
decirle que escoja entre La Lupe y ella.
    Quiere La Lupe acomodarse con otra disquera. Pero la Fania se empeña
en un nuevo LD. Fue un desastre. Pobre, con su mansión hipotecada, se
mudó a Puerto Rico.  No demoraría en regresar a Nueva York. Se
estableció en Harlem y, como las desgracias nunca vienen solas, la
caída de un sillón cuando intentaba colocar una cortina le provocó una
fractura de cadera.
    Terminó cantando en una iglesia protestante. Compuso e interpretó
canciones que, recopiladas en casetes, tal vez algún día se editen
bajo el título de «La Samaritana». Los que las escucharon afirman que
esas canciones de corte religioso no están exentas de la gracia
popular y hasta cabaretera que La Lupe imprimía  a lo que hacía.
    La Lupe, la mujer que dejó versiones memorables de números como «Puro
teatro» y «Qué te pedí», murió mientras dormía, de un paro cardiaco
fulminante, el 29 de febrero de 1992, a los 53 años de edad.  Una
década después de su muerte, en el 2002, la ciudad de Nueva York
bautizaba una antigua calle del Bronx con el nombre de esta mujer
celebrada por Pedro Almodóvar y Guillermo Cabrera Infante.
    Ernest Hemingway dijo de ella que fue «la creadora del arte del
frenesí» y Jean Paul Sartre la definió como «un animal musical»,
mientras que para Pablo Picasso, La Lupe fue, sencillamente, «un
genio».
    




-- 
Ciro Bianchi Ross

AUTOMOVILES EN CUBA

PUNTES DEL CARTULARIO
Ciro Bianchi Ross

Automóviles en Cuba

En 1958 Cuba era el sexto país del mundo en el promedio de automóviles
por habitantes. La superaban, en este orden, EE. UU., Canadá, Gran
Bretaña, Venezuela y Alemania Occidental.
    Fue en el lejano mes de diciembre de 1898 cuando hizo su aparición en
las polvorientas calles de La Habana un ruidoso automóvil que se movía
con bencina y sólo podía desarrollar 10 Km/h. Era un Parisiense
francés que había costado mil pesos  a su dueño. Seis meses después
llegó el segundo, un Rochet-Schneider venido de Lyón. Ese vehículo que
perteneció al farmacéutico Ernesto Sarrá, tenía  8 caballos de fuerza
y un costo de 4 mil pesos. Un tercer auto llegó poco tiempo después y
se utilizó para distribuir la  mercancía de una fábrica de cigarrillos
existente en la ciudad.
Con el inicio del siglo llegaban también a Cuba el cine y la aviación,
el tranvía eléctrico y el teléfono automático. Todo cambió de la noche
a la mañana: del dominio español pasó el país  a la dependencia de
Estados Unidos. De la era de la tracción animal a la era de la
combustión interna. De expresiones como “enganchar la pareja” a “sacar
el automóvil”. De las riendas al freno de palancas o pedales y el
timón.
En1901 circulaban por las calles de La Habana once automóviles. Cuatro
años después se expedían las primeras carteras dactilares, que
entonces se llamaban títulos y que se exhibían, por sus portadores,
como si se tratara diplomas universitarios. En 1906 ocurrió en La
Habana el primer accidente automovilístico: un ciudadano murió luego
de ser atropellado, en Monte y Ángeles, por el auto que conducía al
presidente Estrada Palma. En 1917 se concedió por primera vez  entre
nosotros el permiso de conducir a una mujer. Correspondió a María
Calvo Nodarse, la célebre Macorina, la de «ponme la mano aquí».  En
1930 comenzó a funcionar el primer semáforo del país.
Ya en la segunda mitad de la década de 1910 el coche de motor
desplazaba a los vehículos de tracción animal.  En 1913 circulaban por
las calles de La Habana  más de un millar de automóviles. En 1916, esa
cifra sobrepasaba de tres mil. En 1959 circulaban en Cuba 180 511
autos, casi todos de procedencia norteamericana.  Las estadísticas
revelan que Chevrolet era la marca preferida por los cubanos. Seguía
los vehículos marca Ford en la preferencia de los compradores, y más
atrás las marcas Buick y Plymouth.
Pronto se había convertido Cuba en un paraíso para la industria
automovilística norteamericana.  En 1919 Cuba era ya  el primer
importador de automóviles  en América Latina y uno de los primeros del
mundo en la relación vehículos-habitantes. Eso motivó que en 1940 la
empresa Ford  decidiera que su sucursal en la Isla abarcara la mayoría
de las agencias en las Antillas, controlada hasta entonces desde
Panamá.
Pronto hubo en Cuba revistas, clubes y asociaciones vinculadas con el
automóvil. Y temprano, muy temprano, comenzaron las carreras de autos.
En 1903, Dámaso Lainez, propietario del primer servicentro que existió
en Cuba —se localizaba en la calle Egido— convocó a la primera de
ellas en el tramo Puente de La Lisa-Guanajay.  Carrera esta que tuvo
una particularidad:  los competidores llevaban como copilotos a sus
respectivas esposas. El vencedor fue Dámaso Lainez, el organizador del
certamen. Fue el único concursante que dejó a la esposa en casa.
    Dos años después, el 12 de febrero de 1905,  se celebraba  en Cuba
por primera vez una carrera internacional en el tramo de Arroyo Arenas
a San Cristóbal, con un recorrido de ida y vuelta de 158 Km.  Para
esta  celebración  vinieron a Cuba algunos de los corredores más
famosos  y los  autos más potentes de la época,  incluso algunos
pilotos que habían impuesto récords  mundiales. El ganador, sin
embargo, fue el cubano Ernesto Carricaburu que nunca antes había
participado en una competencia de ese tipo. Guiaba un auto Mercedes de
sesenta caballos de fuerza e impuso una marca mundial de velocidad.
Con el tiempo, Carricaburu fue el chofer oficial del presidente José
Miguel Gómez, el primer mandatario cubano que sustituyó el coche de
caballos por el vehículo de motor.
    Hoy sorprende a los que nos visitan la cantidad de autos
norteamericanos fabricados antes de 1959 que, gracias a la inventiva
del cubano, circulan aún por las calles de la Isla. Es un museo
rodante. Existe en La Habana Vieja el Depósito del Automóvil, donde se
exhiben ejemplares históricos, como un Cadillac 1905, el automóvil más
antiguo que se conserva en Cuba, y el Chevrolet 1960 que utilizó Che
Guevara. Otros automóviles sin embargo se los ha tragado el tiempo.
Nada se sabe del destino de la cuña Packard del líder ortodoxo Eduardo
Chibás, ni del Lincoln blindado del dictador Gerardo Machado.




-- 
Ciro Bianchi Ross
 Reply  Reply All  Forward

EDUARDO DELGADO "COMPAÑERO DE LA JODIENDA REVOLUCIONARIA




Imprimir
INICIO » ESPECIALESHISTORIA  »

Eduardo Delgado, “compañero de la jodienda revolucionaria”

 | 24 | 

Eduardo Delgado Bermúdez. Foto: Cubaminrex/Cubadebate.
  • “60 años de diplomacia revolucionaria” es una serie del Ministerio de Relaciones Exteriores y Cubadebate.
Tenía 15 años “era un flacucho con menos de 40 kilos de masa corporal”. Al filo del mediodía, lo empujaron hacia el interior de la Novena Estación, ubicada en Zapata y calle C, al lado del Castillo del Príncipe, en La Habana. El teniente coronel Esteban Ventura Novo, jefe de distrito de la Policía, lo esperaba “enterito”.
“Cuando me obligaron a sentarme, Ventura se estaba poniendo su impecable saco blanco de dril 100. Era famoso por ser figurín. Me miró y dijo: ‘Coño, pensé que eras mayor, pero eres un pichoncito’. Permanecí callado. Entonces, ordenó que me retiraran y aislaran inmediatamente. Antes de dar la media vuelta, soltó la frase que no lo dejaba dormir: ‘Cabrón, así que tú eras el de la idea del curare’. Me quedé frío y pensé: ‘Me jodí’”.
Eduardo Delgado Bermúdez es un sobreviviente. “En la lucha clandestina estábamos vivos de milagro, siempre te sentías perseguido por el ojo de un francotirador. Te tocaba, o no. A veces, las circunstancias te podían salvar o matarte”, piensa en voz alta el profesor del Instituto de Relaciones Internacionales Raúl Roa García. Afuera, el bullicio de los jóvenes estudiantes rompe la angustia que dejan sus palabras.
A los 14 años, cuando estudiaba en el Instituto de Segunda Enseñanza de Marianao, Eduardo Delgado se sumó a las huelgas convocadas por el movimiento estudiantil contra la dictadura de Batista. “En aquellos tiempos nadie llegaba a susurrarte nada. Ibas porque lo sentías. Creo que los libros de José Ingenieros ayudaron”, dice.
El diplomático cubano recuerda cada detalle de su vida con una lucidez meridiana: la clandestinidad, el desgarramiento, el exilio, la Revolución, las embajadas, el aula… Es imposible obviar algún capítulo de su existencia, su heroica y aguda voluntad de reconstrucción.
En el barrio, La Ceiba, de Marianao, el adolescente Delgado creó una brigada juvenil mixta del Movimiento 26 de Julio, conformada por estudiantes y trabajadores de diferentes sectores. Así se inició en la “jodienda revolucionaria”, como Roa escribiera muchos años después en la dedicatoria de un libro.
“A finales de 1957, el Comandante Fidel Castro aprobó la propuesta que le había hecho Frank País antes de morir: convertir las brigadas estudiantiles en milicias. Debíamos continuar con la misma labor, que iba desde la agitación, la propaganda y el sabotaje hasta las acciones. Cuando se produjera la huelga general y cayera la dictadura, seríamos los responsables de mantener el orden en la ciudad”, explica.
Delgado pasó a ser teniente de milicia, jefe de una compañía que debía tener hasta 77 hombres, “pero en realidad nunca se llegaba a completar –precisa–. Era muy difícil reclutar a tanta gente. Logré reunir un poco más de 50 hombres”.

“En esta repartición nos toca morirnos”

¿Cuáles fueron las principales acciones en las que participó dentro del Movimiento 26 de Julio?
–La noche de las cien bombas, operación llevada a cabo el 8 de noviembre de 1957 en La Habana contra la dictadura de Fulgencio Batista. En realidad, no fueron 100, sino alrededor de 80 que se colocaron en todos los lugares de ciudad. Esta acción no era una actividad de terrorismo, sino de sabotaje.
¿Cuál es la diferencia?
–La diferencia es que los grupos terroristas colocan el explosivo indiscriminadamente en cualquier lugar para que la población civil salga afectada, herida. Así lo hizo después la contrarrevolución en Cuba. Nosotros lo que hacíamos era sabotaje en un lugar donde se causara daño económico o daño a las instalaciones del régimen. Tan es así que esa noche, en la cual se pusieron tantas bombas, no hubo ni un herido por las explosiones.
“Luego ejecutamos operaciones más sencillas, como regar alcayatas para provocar que los autos se poncharan en el Malecón. Uno se montaba en una guagua con un cartucho lleno de alcayatas. Iba aparentemente ensimismado y comenzaba a tirarlas por la ventanilla. Luego se formaba la ‘ponchadera’ de carros.
“En otra oportunidad, participamos en la quema de 30 o 40 ómnibus en una semana. Después, se orientó desarmar policías para buscar armas, porque la clandestinidad nunca tuvo armas suficientes. Había que arrebatarle el arma al policía y entregarla como prueba de que se había realizado la acción”.
Armas que nunca tuvo en sus manos en plena huelga general del 9 de abril. ¿Qué pasó aquel día?
–A las milicias les asignaron ocupar La Habana Vieja, cada calle de la zona que va desde Egido hasta el mar. Se cerraba el área como un semicírculo. Tenía una ventaja, y es que las calles son estrechas, y eran fáciles de obstaculizar para que las perseguidoras no entrarán. Sin embargo, tenía una desventaja grande, dentro de ese perímetro estaban la jefatura de la Policía Nacional, el Estado Mayor de la Marina de Guerra, dos estaciones de policía y ocho ministerios que tenían su guarnición propia.
“Era necesaria una gran cantidad de armamento para derrotar esa fuerza y evitar que nos aplastaran. La idea era ocupar La Habana Vieja mientras durara la huelga. A mí me tocó la calle Acosta, desde Egido hasta el mar. En la zona había muchos almacenes de víveres con los cuales se podían garantizar la subsistencia. El Palacio Presidencial quedaba cerca del perímetro. Realmente había muchas fuerzas del régimen. El problema fue que no llegaron las armas que se esperaban; se atacó la armería, pero no fue suficiente”.
¿Fue un fracaso total?
–La huelga del 9 de abril en La Habana fue probablemente la acción más importante del Movimiento 26 de Julio en la ciudad. ¿Por qué razón? Porque era una convocatoria a una huelga general con el sector obrero, con las milicias… el Ejército Rebelde, que también hizo acciones de apoyo. Ya estaba en paro el sector estudiantil. A partir de la muerte de Abreu Fontán, con apoyo del Directorio Revolucionario y de otras organizaciones, paramos todos los centros estudiantiles.
“Esa fue la huelga estudiantil más grande que se dio en Cuba. Duró desde marzo de 1958 casi hasta mayo. La Universidad de La Habana estaba cerrada, se pararon las escuelas privadas, todos los centros de segunda enseñanza.
“Cuando Fidel firmó el documento que convocaba a la huelga del 9 de abril, dijo que la huelga estudiantil no debía cesar en tanto no cayera la dictadura, y encomendaba al Frente Estudiantil Nacional (FEN) seguir adelante con el paro. En un llamamiento de cinco páginas, dos fueron dedicadas al paro estudiantil.
“Desde el punto de vista militar sí no se obtuvieron los resultados; por lo tanto, se puede calificar de un fracaso. La única ciudad que pudo ser tomada fue Sagua la Grande. Fue la acción donde hubo más muertos en toda la lucha revolucionaria contra Batista. Fueron 135; de ellos, 35 en La Habana, algunos compañeros míos.
“Cuando, la noche anterior, se nos informó que las armas no llegarían, supimos que la acción iba a ser un fracaso, porque no podríamos tomar La Habana Vieja. Alrededor de 70 hombres estarían conmigo y solo tenía dos pistolas y un revólver. Luego nos entregaron una pistola más para todos. El plan inicial era de 10 armas largas y alrededor de 10 cortas, era la única forma de hacer un primer intento, recuperar armas y seguir”.
¿Pudo dormir esa noche? ¿Dónde estaba?
–El 8 de abril, Marcelo Plá y Carlos Astiazarraín me informaron que no había armas y que había que ir con lo que hubiera. Todos estábamos convencidos de que iba a fracasar la acción y que no podíamos… Solo con pensar en las fuerzas que tenía la dictadura: miles de soldados, marines... Esa noche no la olvidaré nunca.
“Protesté mucho y en medio de la discusión dije: ‘Eso es una barbaridad, no se puede ir. Nos van a matar’. Carlos Astiazarraín permanecía callado, Marcelo hablaba todo el tiempo. Carlos me miró y dijo: ‘Eduardo, no te preocupes, en esta repartición nos toca morirnos’”.
Eduardo Delgado se estremece. Vivió su juventud al borde de un abismo –del que pocas veces se atreve a hablar–. Seis décadas después, él y su dolor andan solos. Aquel día en que creyó morir, nacía de nuevo y asistía al alumbramiento sangrante de un suceso mayor.
“La operación de armería surgió, precisamente, como la búsqueda de algunas armas. En la armería lo que había era alrededor de 70 escopetas y algunas armas cortas que habían llevado a reparar. De los cinco compañeros que la atacaron, cuatro murieron, entre ellos Carlos Astiazarraín.
“A partir de ahí se desató una cacería. Incluso, mataron gente que estaba presa. Fue un golpe durísimo. La dictadura pensó que ahora sí nos iba a derrotar. Surgió el plan de exterminar a Fidel, la ofensiva, la represión en todas las ciudades fue más despiadada que nunca. Esa noche fue muy triste.
“Se vinieron abajo los planes, murieron muchos compañeros, la noche del 9 de abril fue espantosa. Los días siguientes fueron más terribles, porque la represión llegó a niveles que nunca antes había alcanzado. Se hicieron cosas horrendas.
“Las líneas de mando en las milicias se habían interrumpido, la lucha en la ciudad continuó en condiciones muy difíciles, hasta que en julio de 1958 caí preso. Nunca pensé ver el triunfo, solo sabía que había que hacerlo todo por lograrlo. Luego lo vi”.

Ventura y el curare

¿Por qué Ventura Novo lo buscaba?
–Esteban Ventura Novo Rivero, ‘el sicario de traje blanco’, era uno de los más grandes asesinos de las fuerzas represivas del dictador Fulgencio Batista. ¿Cómo caí en sus manos? Yo tenía unas pistolas y un compañero me dijo que alguien quería cambiar algunas armas cortas por fusiles M1. Le dije que no, en la clandestinidad son mucho mejor las armas cortas.
“Pero esa gente me conocía. Ellos estaban planificando un atentado contra Ventura, y cuando el compañero me lo comentó, dije que la mejor forma de hacerlo era empleando un veneno que mata instantáneo, que usaban las tribus venezolanas, del cual había leído días antes en la revista Selecciones: el curare. Les recomendé que lo consiguieran en Venezuela, porque allá había mucha gente exiliada. Se traía, se envenenaba un dardo y se disparaba con una pistola de perle. Las posibilidades de que quienes participaran en la acción salieran con vida iban a ser mayores.
“Ellos cayeron presos, hablaron y la policía me fue a buscar a Marianao. En un primer momento, escapé. Pero, como a los diez días, los agentes de Ventura lograron capturarme y me llevaron ante él”.
¿Cómo salió vivo de aquellas circunstancias?
–Cuando fueron a mi casa y no me pudieron capturar, se llevaron a mi padre como rehén. Lógicamente, mi madre quedó desolada. A la semana fue a visitarla una señora que había sido vecina de nosotros, y se encontró el panorama de mi padre preso y yo huyendo. Mi madre le explicó que Ventura me andaba buscando y ella le comentó que su sobrina, que nos conocía a nosotros, estaba casada con el hermano de Ventura. ‘Hoy mismo hablo con ella’, dijo. Y, efectivamente, lo hizo.
“Me capturaron y a los cuatro días de estar preso vi llegar a un señor muy parecido a Ventura, pero mucho mayor. ‘¿Cómo te tratan?’, me preguntó. ‘Bien’, respondí. Sonrió. ‘Soy Benigno, el hermano de Ventura, el esposo de la sobrina de Lis’, se presentó. Ese fue el hombre que intercedió por mí”.
¿Cómo era ese otro hombre de apellido Ventura?
–Un hombre decente, honrado, no tenía nada que ver con Esteban Ventura. Desgraciadamente, sufrió mucho por ser hermano de Ventura. De las hijas se burlaban mucho en la escuela al Triunfo de la Revolución. Le decían ‘charco de sangre’. Tuvo que irse del país, nunca me pidió ayuda.
¿Se la hubiera dado?
–Sí, porque se la merecía. No solo porque me salvó, sino porque era un hombre honrado y decente. Días después me soltaron y entregaron a mi padre en la madrugada.
El Movimiento no pudo esconder ni mandar para la Sierra Maestra a Eduardo Delgado. Era una operación muy arriesgada. Había salido de las garras del más célebre torturador de Cuba, “una suerte que no se repite dos veces”.
Salió hacia México con credenciales del Movimiento 26 de Julio. “Llegué el 27 de agosto de 1958 y me incorporé al Movimiento.en el exilio”.
El 2 de enero de 1959, regresó a Cuba en un avión que Camilo Cienfuegos había enviado a Ciudad de México. Llegó a La Habana a las 12:30 a.m.

Por debajo del traje y la corbata, el uniforme verde olivo


Eduardo Delgado Bermúdez. Foto: Cubaminrex/Cubadebate.
¿Usted proviene de los Órganos de la Seguridad del Estado?
–Soy fundador de los Órganos de la Seguridad del Estado porque al triunfo revolucionario el Ejército Rebelde se vio obligado a adoptar la misma estructura que tenía el Ejército constitucional. Estábamos en un período de tránsito. La estructura tenía cinco divisiones en el Estado Mayor: G1 (Personal), G2 (Inteligencia), G3 (Operaciones), G4 (Logística) y G5 (Inspección).
“Cuando en marzo nombraron a Ramiro Valdés como jefe del G2, él se dio cuenta –en reuniones que tuvo con jefes de distintas áreas del Movimiento 26 de Julio– de la importancia que tenían las milicias, porque eran una organización territorial que llegaba a todos los rincones de La Habana. Ramiro incorporó al G2 naciente la estructura de las milicias. Por eso pasé a formar parte de la Seguridad del Estado”.
Entonces, ¿cómo llegó a la política exterior?
–En 1960, la política exterior de Cuba estaba sacudida por los rompimientos de relaciones. Comenzaba la hostilidad de Estados Unidos, se estaba preparando la invasión por Playa Girón, un hecho abierto y público. Desde 1959, en la OEA se intentaba condenar a Cuba, entregar las bases jurídicas regionales para una sanción colectiva, de varios países que agrupara EE.UU. para romper con Cuba.
“En agosto de 1960, se celebraron la sexta y séptima reuniones de consulta de cancilleres de la OEA en San José, Costa Rica. La primera se convocó porque Trujillo le había hecho un atentado a Rómulo Betancourt, el entonces presidente de Venezuela, y este país presentó una denuncia para que la agresión fuera condenada.
“La segunda, la solicitó el gobierno de Perú porque ‘los principios democráticos americanos’ estaban ante ‘una amenaza’ o ‘supuesta intromisión extracontinental’. No lo dijeron explícitamente, pero respondían a los deseos de EE.UU. El 17 de marzo de 1960, Eisenhower había dicho en la reunión donde aprobó el Programa de Acción Encubierta contra el Régimen de Castro: ‘Se trata en esencia de que la OEA nos ayude’.
“Había una serie de planes contrarrevolucionarios en marcha para ejecutar en aquella reunión. Sabían que, si Cuba era atacada, Roa iba a salir de la reunión, se iba a retirar. Cuando se descubrió que esa compleja situación política podía derivar en una acción armada, Ramiro Valdés nos dijo a cinco compañeros que nos incorporáramos a la delegación. Así comenzó mi relación con el Ministerio de Relaciones Exteriores, como oficial del G2. Teníamos la indicación de ponernos a las órdenes de Roa, realizar el trabajo diplomático que hubiera que desempeñar y, en el caso de una agresión armada, enfrentarla.
“Nos informaron 24 horas antes que teníamos que irnos. Así eran las cosas cuando empezó la Revolución. Salimos para San Ambrosio a buscar trajes, camisas y hasta maletas, porque no teníamos nada, y de ahí al aeropuerto.
“Al llegar a Costa Rica tuvimos la información de que había un plan para tumbar el avión en que el canciller regresaría. En ese momento, los aviones que iban a usar en playa Girón estaban en Guatemala; con dos de ellos iban a derribar el avión cubano, simulando que era un accidente. Tuve que venir a La Habana e informarlo. Después se hizo un plan para evadir la posible agresión contra el avión, y en esas circunstancias nos incorporamos a la diplomacia.
“Éramos diplomáticos a la carrera, no de carrera. Por debajo del traje y la corbata, se nos salía el uniforme verde olivo”.
¿Cómo fue estar a las órdenes de Roa?
–Roa era un paradigma para todos los jóvenes, más para los estudiantes que veíamos a la Generación del Treinta como un referente. Nunca lo había visto. Cuando lo conocí, me di cuenta rápidamente de que era una persona muy vivaz, inquieta, de una gran erudición, de respuestas siempre increíbles. Tenía un dominio tan completo del idioma que lo mismo era capaz de inventar una palabra, que de utilizar una mala palabra de forma tal que pareciera lo más normal dentro del discurso.
“En la delegación intimamos muchísimo. Teníamos similares puntos de vista. En Cuba había una situación interna complicada, empezaba todo el proceso del sectarismo. Nosotros estábamos en contra de eso; él también, y era víctima de ello. Había afinidad, empatía. Estábamos en la misma trinchera, ahí se estableció un vínculo muy fuerte. Con él no solo se aprendía, sino que se pasaba bien el rato, era muy imaginativo”.

Vindicación en San José

Aquella semana en San José fue complicada, ¿qué momentos de mayor tensión recuerda?
–Vivimos cosas muy intensas por esos días. Durante la sexta reunión de consulta de cancilleres hubo una gran bronca entre Roa y el secretario de Estado de EE.UU., Christian Herter. Roa planteaba que no había que condenar a Trujillo, sino al padre de la criatura, quien lo puso ahí, Estados Unidos. Eso provocó enfrentamientos verbales muy fuertes.
“Cuando llegó la séptima reunión, nos tocó a nosotros. Aunque en la agenda no aparecía mencionada, Cuba fue el centro de imputación de la asamblea. En la noche del domingo 28 de agosto, tras la votación de los gobiernos latinoamericanos contra una propuesta cubana que denunciaba la agresión a un Estado americano por otro Estado del continente, Roa dijo: ‘Los Gobiernos latinoamericanos han dejado a Cuba sola. Me voy con mi pueblo, y con mi pueblo se van también de aquí los pueblos de nuestra América’. Es preciso aclarar que Cuba no se estaba retirando de la OEA, sino de la reunión. No fue hasta 1962 que nos expulsaron de la OEA.
“Cuando Roa y la delegación cubana nos retiramos de la séptima reunión de cancilleres, como lo tenían previsto, un grupito de contrarrevolucionarios trató de tomar el puesto de Cuba. Los movimientos de solidaridad costarricense evitaron que lo hicieran. Nos fuimos para el hotel de enfrente, donde teníamos unas habitaciones rentadas. Allí cantamos el himno nacional y se hicieron esas fotos memorables. Luego nos dirigimos a la embajada.
“La guardia nacional de Costa Rica tenía rodeada la embajada. No nos dejaban entrar. Cuando les explicamos a los militares que era el canciller, tampoco entendieron. Roa se molestó y defendió su derecho de pasar junto a su delegación. Un teniente dijo que iba a llamar a los superiores, fue hasta un jeep y estableció comunicación.
“Demoraba y Roa, que tenía un temperamento muy nervioso, le partió para arriba al cordón policial para entrar. Unos esgrimieron las cachiporras, otros montaron las armas (M3). Lógicamente, nosotros también sacamos las nuestras, para que supieran que si tiraban nos matábamos todos.
“Fue un momento muy tenso. Junto a Roa fuimos avanzando de espalda hacia la embajada, en retroceso. Ellos no dispararon, nosotros tampoco. Pasamos el cerco. Pero, lógicamente, la prensa filmó eso: las pistolas, la metralleta, todo…”.
¿Cómo logran desmontar el plan de atentado?
–Roa fue a ver a Mario Echandi Jiménez, que era el presidente de Costa Rica, y lo acompañamos. Le dijo que querían tumbar el avión de Cubana. Echandi, palabras más o menos, comentó que estaba al corriente de que había planes, pero que le daba garantía de que el Gobierno costarricense iba a garantizar la vida de él y de la delegación.
“Le propuso un plan: cuando llegara el avión de Cubana al aeropuerto, en la punta de la pista habría uno costarricense, civil, al cual íbamos a entrar en la madrugada sin que nadie nos viera. Era un área militar protegida. Apenas aterrizara el nuestro, el otro despegaría y nos traería para Cuba. Como prueba de garantía, aseguró que le pediría al ministro de Gobernación que nos acompañara durante todo el viaje.
“Ese ministro estaba al corriente de los planes de tumbar el avión; por lo tanto, el regreso fue de lo más cómico. Durante el vuelo, cada 15 o 20 minutos nos pusimos a decir: ¡Se acerca un avión por el ala izquierda! Y el tipo se aterrorizaba, palidecía. Por supuesto, a la segunda vez que lo hicimos, se dio cuenta de que era una broma.
“Al llegar, fuimos a Palacio, donde había un acto espontáneo, participaban miles de personas. Hablaron Roa y Fidel. Estaba Dorticós. Al día siguiente, el 2 de septiembre de 1960, se proclamó la Primera Declaración de La Habana, en respuesta a la reunión de Costa Rica. Así empecé en la diplomacia”.

La resistencia y el ejemplo

¿Cuáles fueron sus principales misiones dentro del Minrex?
–Roa nos propuso que nos quedáramos en el ministerio, pero regresé a Seguridad. Solo uno de los cinco compañeros se quedó. No fue hasta 1962 que vine definitivamente para el Minrex. Entré en la Dirección de Asia, que se acababa de crear, porque Cuba estaba ampliando las relaciones bilaterales con los países asiáticos.
“Ahí empezamos a estudiar. No sabíamos nada, teníamos que aprender a trabajar en la diplomacia. No sabíamos qué era la Conferencia de Bandung, no conocíamos quién gobernaba en Ceilán (Sri Lanka) o en Birmania (Myanmar).
“Vino la Crisis de Octubre, después vinieron las conferencias del Movimiento de Países No Alineados. Roa nos pidió a los tres directores –el de América Latina (Ricardo Alarcón), el de África (Carlos Alfara) y yo– que nos vinculáramos a todo lo relacionado con el MNOAL”.
“Después vino la etapa de los movimientos de liberación nacional, la Tricontinental, las guerrillas… Estuve en Guinea Bissau, en Vietnam, en Laos. Fue el aporte de Cuba a la lucha contra el imperialismo, contra el colonialismo y el neocolonialismo, con todo el apoyo nuestro a las colonias portuguesas”.
¿Cuba tenía grandes pretensiones en política exterior?
–Cuba no tenía pretensiones. Eso fue resultado de los principios de la Revolución. Cuba siempre tuvo una vocación internacionalista. Las bases de la política exterior, cuyo arquitecto principal fue, indudablemente, Fidel Castro, se construyeron antes del triunfo, desde que en la Universidad de La Habana se apoyaba la lucha de Puerto Rico, a los movimientos contra Trujillo, la lucha contra la dictadura de Somoza en Nicaragua…
“O sea, Cuba siempre tuvo una vocación internacionalista. Si nos remontamos al siglo XIX, cuántos generales de la Independencia no eran cubanos. Había muchísimos españoles, puertorriqueños, polacos (Roloff), norteamericanos…
“Además, había una intencionalidad, porque Cuba necesitaba apoyarse. Cómo no íbamos a defendernos siendo un país agredido por la potencia más grande, con el “buen vecino” a 90 millas. Aun cuando la Unión Soviética hizo declaraciones de apoyo a Cuba, siempre sabíamos que teníamos que contar, en primer lugar, con nosotros mismos.
“Si vas a recibir apoyo es sobre la base de la resistencia y el ejemplo, lo otro es exportar un fenómeno político. Entonces, creo que Cuba no se lo propuso; se lo ganó. Los dirigentes de la Revolución eran conscientes de ello. Contribuyeron mucho en la diplomacia, en ese periodo inicial, el Che, Osvaldo Dorticós, Roa, Carlos Rafael Rodríguez y, por supuesto, Fidel. Hicieron aportes tan significativos, que hoy son los pilares de la escuela de la diplomacia cubana”.

No es por el hábito, es el monje

Era embajador en Japón cuando la primera visita de Fidel al país asiático, ¿cómo logró convertir una escala técnica en una visita histórica?
–Estuve cuatro años en Japón, desde noviembre de 1991 hasta 1995. A inicios de diciembre, durante el proceso de entrevistas de despedida, me anunciaron que Fidel iba a pasar por Japón en una escala técnica. El Comandante realizaba un periplo que incluía Dinamarca, China, Vietnam y regresaba por el Pacífico; por lo tanto, el avión necesitaba hacer una parada en un aeropuerto japonés.
“El martes 5, en las primeras horas de la tarde, llamó a la embajada una periodista amiga, Naoko Itoh, y nos informó que Koken Nosaka, ministro y secretario del gabinete, había anunciado en una conferencia de prensa que Fidel realizaría una visita a Japón, en escala técnica. Varios periodistas habían preguntado si sería recibido por las autoridades y si tendría una entrevista con el primer ministro Murayama, a lo que Nosaka respondió que esto no había sido solicitado, pero que si se solicitaba consideraba que sería aceptada.
“Inmediatamente confirmé la información, obtuve un reporte impreso de la conferencia de prensa, hecho por la oficina del vocero del GAIMUSHO (Ministerio de Relaciones Exteriores de Japón). Cursé un mensaje cifrado a La Habana informando al respecto y sugiriendo que se me autorizara a solicitar la entrevista. No me contestaron.
“Al día siguiente, jueves 7, decidí enviar un fax a nuestra embajada en China, donde se encontraba Fidel en ese momento, informándole sobre la situación de las solicitudes y posibilidades de que se realizaran entrevistas con el primer ministro y con otros dirigentes del Gobierno, del parlamento y empresarios.
“Asimismo, tomé otra decisión: en espera de una respuesta de confirmación, avanzaría en la concertación de las entrevistas. Mi experiencia es que un jefe de misión diplomática tiene que actuar, tomar decisiones y asumir la responsabilidad en momentos en que no tomarlas conlleva un riesgo mayor.
“El viernes llegó la avanzada de la Seguridad Personal. No trajeron indicaciones de hacer oficial la visita. Pasaban los días y, a quienes me preguntaban, les respondía en línea con lo que había dicho el ministro japonés: ‘No tengo instrucciones, pero me imagino que si el Gobierno japonés está dispuesto a recibirlo se produciría una entrevista con el primer ministro’. A todas estas, estaba promoviendo subliminalmente el encuentro para lograr que no fuera una escala técnica.
“Llamó a la embajada el director general de América Latina del GAIMUSHO. Me dijo: ‘Embajador, nosotros hemos dado todas las facilidades técnicas para la llegada del presidente Castro, pero quiero decirle que esto no es una visita oficial’. Entonces, en gala de la diplomacia, le dije: ‘Usted no sabe qué peso me quita de encima, porque déjeme decirle que la presión que tengo, la cantidad de personas que llaman a la embajada para preguntarme si el primer ministro va a recibirlo, es increíble, y no sé qué responderles’.
“Apenas dormía. El domingo, muy temprano, sonó el teléfono. Era el ayudante del Comandante desde Vietnam. Me preguntó si la entrevista con el primer ministro estaba asegurada, en caso de que se solicitara. En diplomacia hay que jugarse la vida también. Entonces le dije que no tenía confirmación oficial, pero que estaba completamente seguro de que, si la solicitábamos, se realizaría.
“Informé que sí tenía palabreadas y confirmadas las entrevistas con los dirigentes de todos los partidos políticos, la Liga Parlamentaria y los miembros de la Conferencia Económica Japón-Cuba, así como con la presidenta de la Cámara Baja de la Dieta (Parlamento), que en ese momento era la señora Takako Doi, presidenta del Partido Socialista y amiga de Cuba.
“Me percaté de que mi interlocutor hablaba con alguien; lógicamente, era Fidel, y unos minutos después me respondió: ‘Dice Fidel que nos quedaremos un día, que puedes proceder a concertar las entrevistas’. A partir de ese momento –aproximadamente a las 08:00 a.m. del domingo 10 de diciembre–, desatamos todas las gestiones. Fidel llegó el martes 12 a las 6:30 p.m. Por primera vez, aviones de Cubana de Aviación aterrizaban en un aeropuerto de Japón.
“El martes llegó Fidel y se entrevistó con el primer ministro, la presidenta del Parlamento, el presidente de la Liga Parlamentaria de Amistad, la Conferencia Económica Japón-Cuba (CEJC), los cuatro órganos de prensa más importantes… Dio una conferencia de prensa que duró casi tres horas, y vio a muchísimas personalidades. La principal noticia en la televisión y en los periódicos eran la visita de Fidel y sus declaraciones.
“Fidel estuvo en Japón 42 horas. El jueves 14, a las 12:00 del mediodía, levantaron vuelo los dos aviones de Cubana. En el aeropuerto le di la mano para despedirme, él me abrazó y en voz baja me dio la evaluación mejor que podía recibir: ‘Hicimos todo el programa que propusiste’. No pude pensar la respuesta y me salió del corazón: ‘Comandante, esta visita será histórica’.
“Al otro día, en una recepción donde todos me preguntaban por Fidel y la visita, dos embajadores me llamaron y en privado me dijeron: ‘Llevamos más de un año gestionando las visitas de nuestros primeros ministros y los japoneses no las han programado, ¿cómo ustedes lograron que una escala técnica se convirtiera en una visita oficial?’. Les respondí, sin pensarlo: ‘El problema es que el primer ministro tiene que ser Fidel Castro, el presidente tiene que ser Fidel Castro’. No se sintieron ofendidos; por el contrario, se rieron y me dijeron: ‘Tiene usted razón, no es por el hábito, es por el monje’”.
Qué sentido tienen para usted estas palabras: Fidel
–Es el arquitecto de toda nuestra política exterior; tuvo esa genialidad, desde la lucha insurreccional. Así nos arrastró a todos a seguirlo.
Embajador
–El gran protagonista de la Revolución cubana es el pueblo. Representar al pueblo cubano es un honor. Tener delante el letrerito de Cuba es una gran responsabilidad.
Diplomático cubano
–Ante todo, es ser un revolucionario, porque no puedes representar algo que no sientas. No estás representando a un país que, simplemente, cambia un Gobierno; estás representando un proceso social y político con el cual estás identificado. Estudiar profundamente..., porque muchas veces se incurre en la superficialidad, y ser ignorante se paga caro en la diplomacia.
Diplomacia revolucionaria
–La diplomacia más genuina de defensa de la independencia, de la soberanía y de la integridad territorial de un país, y más solidaria e internacionalista.
Raúl Roa García
–Para mí, la relación con Roa está sintetizada en la dedicatoria que me hizo sobre la primera página de Retorno a la alborada: “Para Eduardo Delgado, compañero de la jodienda revolucionaria”.
¿Qué es la ‘jodienda revolucionaria’?
–Es más que la Revolución. No son solo las tareas revolucionarias, son los problemas internos que se generan siempre en todo proceso revolucionario, en los cuales hay diferentes posiciones, hay contradicciones.
Legado
–Sencillo: cumplimos la tarea que se nos encomendó, con aciertos y desaciertos. Nada es perfecto, pero cumplimos la misión histórica que nos tocó en un momento determinado. Las nuevas generaciones tienen otras misiones. Como alguien escribió: “Puesto que vivimos, vivamos”.

Se han publicado 24 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos. 

  • Felix Vento dijo:
    Preciosa entrevista. Me la leí de arriba abajo sin respirar. Muchísimas anécdotas desconocidas hoy que merecen ser contadas y merece ser muy valorados héroes anónimos como Eduardo Delgado.
  • Luna dijo:
    Mucha sangre fría y temple había que tener en aquellos tiempos para enfrentarse a la dictadura y al mismísimo Ventura. Disfruté muchísimo la entrevista. Gracias a Cubadebate por el excelente artículo.
  • Taxi Playa dijo:
    jajajajjaajjajaj manera de reírme con las locuras de Roa, dándole chucho al Ministro de Gobernación de Costa Rica. Es verdad que el Canciller hacia y tiraba taquitos en las reuniones?? jajajajajaj
  • Néstor del Prado Arza dijo:
    Estas publicaiones en que el testimonio y las buenas preguntas se ponen en frecuencia, constituyen un material de estudio de alto valor. Ojalá lleguen a las manos y mente de profesores y estudiantes, y no solo de la esfera de las relaciones internacionales. Este de Eduardo lo leí sin pausa y más de una vez.
  • Magalys Chaviano dijo:
    Dianet, me encantó entrevista, muy bien estructurada y escrita, no conocía a este hombre con tanta historia, gracias
  • Enmanuel (pichy) dijo:
    Por diosssss, agradezco tanto estos trabajos! cuantas historias sin contar, nuestra historia, carajo cuanta dignidad!
    que orgullo siento ahora más que nunca!!
    Agradezco a la periodista Dianet y compañia, pero muy en especial a los que cuentan y esperan contar sus historias de vida!
  • Roger_de Bauta dijo:
    Una diplomacia de altura, humilde, con pocos recursos pero con tremenda versatilidad. Hay muchas enseñanzas en el artículo para el trabajo diario diplomático. De todas ellas me quedo con esta :
    "un jefe de misión diplomática tiene que actuar, tomar decisiones y asumir la responsabilidad en momentos en que no tomarlas conlleva un riesgo mayor."
    Eso es , por mucho, tener conciencia de Patria y no pensar en beneficio personal. Jugártela y asumir las consecuencias. Es lo que hace un revolucionario en todas las circunstancias. Mucho respeto y admiración inspira Eduardo Delgado, desde niño , desde fiñe jugándosela por todos. Honor a quien honor merece.
    Gracias por entrevistas como esta.