domingo, 28 de junio de 2020

NINGUNA VIDA LE IMPORTA A DONALD TRUMP

Ninguna vida le importa a Donald Trump

MIAMI. “Las vidas negras importan”.
Algunas personas están ansiosas por forzar a Donald Trump a decir esas cuatro palabras. Él se niega. ¿Pero qué importa? Todo el asunto es la definición de futilidad.
Entiendo la intención. Declarar una cosa es parte del camino para hacerla realidad. Una vez que se admite que las vidas negras importan, las acciones pueden juzgarse en relación con  esa creencia, incluso según la propia conciencia. Además, si se convierte en una especie de mantra que casi todos sienten el deseo o la necesidad de pronunciar, las personas en todo tipo de papeles, desde políticos hasta fiscales, patronos y policías, podrían ser juzgadas a partir de la declaración. Y si el líder de una nación dice que las vidas de las personas negras importan es un ejemplo para la gente, y sus palabras y acciones posteriores tienen que ser más consistentes con ese ideal o se le denunciará como mentiroso e hipócrita.
Sin embargo, solo es importante cuando un líder tiene una actitud y es sincero. De lo contrario, ¿quién lo creería o seguiría su ejemplo? Y, oigan, no estamos hablando de Nelson Mandela. Cuando pensé en la actitud moral de Donald Trump, con toda su crueldad y después de todo el mal que ha hecho y abrazado, pensé que tendría que usar un concepto como el infinito negativo que puede representar el abismo. Pero no sabía si el concepto de “infinito negativo” existía, y si era así, tenía que ser parte de esa área de las matemáticas de la que sé tanto como Trump sabe sobre medicina. A diferencia del presidente, no me gusta hacer el ridículo, así que lo busqué en Google.
Esto es lo que Google dijo: “En matemáticas, el sistema de números reales ampliado por afinidad se obtiene del sistema de números reales ℝ mediante la adición de dos elementos: + ∞ y -∞  (considerado como infinito positivo e infinito negativo respectivamente)”.
Entendí más o menos, aunque nunca en mi vida he oído hablar del “sistema de números reales ampliado por afinidad”. Pero ahora sé en qué lugar de un mapa puedo poner la actitud moral de ese Puto Objeto No Identificado, Donald Trump: – ∞, considerado como infinito negativo.
[Sé que esto puede parecer una floritura innecesaria de mi parte, incluso un poco de alarde intelectual. Esa no es la intención; créanme cuando digo que me gradué de la escuela secundaria solo porque logré aprobar Álgebra II con un promedio de 3. El asunto es que Donald Trump habla de sí mismo simplemente en superlativos de autobombo —como la mejor economía, el genio más firme y estable. No se lleva un cuchillo a una pelea con un tipo con un M-16, y uno no se enfrenta a Trump con palabras débiles sino con ideas inteligentes y fuertes, como vincular su actitud moral al infinito negativo.]
Retomando el hilo principal, no importa cuán bien intencionada, es una tarea tonta tratar de lograr que Trump pronuncie el mantra de lo que quiero llamar el Nuevo Movimiento para la Justicia Racial. Las palabras icónicas del movimiento por los derechos civiles de hace un par de generaciones, “Venceremos”, nunca han salido de su boca. Y, en la actualidad, él es más desagradable y más racista que nunca, así que, como dicen los neoyorquinos, “odbida eso”.
El punto más importante es el siguiente: las vidas de otras personas (negras, latinas, asiáticas, estadounidenses nativas, inmigrantes e incluso blancas) no son importantes para Donald Trump. Ese mitin fracasado en Tulsa estableció que Donald Trump está dispuesto a arriesgar la vida de sus partidarios, en su mayoría monolíticamente blancos de edad y casi rabiosos, con la vana esperanza de que una gran multitud sea como la RCP (resucitación cardiopulmonar) para una campaña con niveles de oxígeno cada vez más bajos. ¿Las vidas negras importan? Ninguna vida le importa a Donald Trump cuando se compara con sus propios intereses.
Que el mitin de Trump en Tulsa, que atrajo una cantidad de público menor de lo esperado fuera una vergüenza para Trump, sugiere que aún podría haber un poco de justicia poética en el mundo. El evento bien podría haber sido diseñado como una fiesta para el Coronavirus. Un recinto cerrado. Muchas personas se sientan juntas durante un tiempo prolongado. Solo una pequeña minoría, sentada en las gradas, incluso haciendo un intento de distanciamiento social. Muchas personas mayores. Prácticamente nadie con máscara. Un estado en el que la infección está aumentando. Si se quisiera diseñar un evento súper contaminante, no se podría hacer mejor.
¿Las vidas negras importan? La vida no le importa a Trump, excepto la suya y, supongo, la de los miembros de su familia. Punto. En Tulsa, demostró que incluso las vidas blancas no le importan. Dadas sus acciones y políticas, la conclusión clara es que las vidas de aquellos que no son blancos o acomodados le importan aún menos, por debajo de cero.
¿La evidencia? ¿Por qué remover cielo y tierra para abolir Obamacare y negar la cobertura de atención médica a millones de personas? ¿Por qué disminuir los cupones de alimentos cuando hay tantas personas hambrientas en un país que Trump afirmó (falsamente) que tiene la mejor economía de la historia?
Estas políticas y otras que Trump y los republicanos han instituido fueron letales mucho antes de que apareciera la Covid-19. Cuando una ideología carente de decencia y humanidad, como el capitalismo del hombre lobo del hombre, se encuentra con una pandemia, suceden cosas terribles. El costo humano aumenta exponencialmente.
No sucede en países donde la solidaridad y la vida son más importantes que las ganancias, como Islandia y Nueva Zelanda, países donde los líderes se dan cuenta de que ante una grave emergencia de salud pública se debe poner al frente de la batalla a aquellas personas que saben mucho acerca ese tipo de cosas, expertos, médicos y científicos, en lugar de farsantes políticos. Es decir, si se quiere evitar el desastre.
Trump tienta al destino, y finalmente se ha metido a sí mismo y a nosotros en uno realmente grande: la calamidad de 122 000 muertes por COVID-19, muchas de ellas innecesarias, en solo unos meses, con muchas más por venir. Trump es tan delirante que cree que toda esta debacle es una historia de éxito.
Esto es lo que se obtiene con una pandemia en una sociedad rica con una patética infraestructura social, un sistema mercenario de atención médica, una ideología que culpa sistemáticamente a la víctima, una profunda desigualdad estructural y prejuicios en materia de raza, clase y origen nacional. Eso es lo que se obtiene cuando uno elige a un Donald Trump que es una persona muy dogmática, lo que no significa que tiene opiniones firmes, sino que es alguien que se ajusta perfectamente a la descripción del término del diccionario: “alguien que no admite que se discutan sus afirmaciones, opiniones o ideas”.
El Coronavirus tomó al mundo por sorpresa, muchos países y líderes inicialmente cometieron errores, y se convirtió en una pandemia global. Pero los líderes de solo dos países importantes en el mundo abrieron la puerta para que el virus entrara y causara estragos. El enérgico asertivo y dogmático en sus (infundados) puntos de vista Donald Trump de Estados Unidos y el atroz Jair Bolsonaro de Brasil, quien preferiría dejar que la Amazonía se queme y la Tierra hierva antes que restringir las ganancias de las corporaciones agrícolas.
Si hubiera un lugar como el infierno, en el que no creo, desearía que estos dos zopencos residieran en el infierno por ∞.
Traducción de Germán Piniella para Progreso Semanal.
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