domingo, 7 de octubre de 2012

PREOCUPACIÓN VÁLIDA

PREOCUPACIÓN VÁLIDA
Por Angel Ortiz*
Del 29 de septiembre al 5 de agosto, se celebró en Guarulhos, Brasil, la conferencia “Por una nueva arquitectura financiera y económica”. El evento ha sido organizado por la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas (CMIR), en colaboración con el Consejo Mundial de Iglesias (CMI) y el Consejo para la Misión Mundial (CMM).
La conferencia, que fue convocada para definir criterios y un marco para la acción que promuevan la justicia económica  y formas de superar la codicia, de tal manera que las iglesias y, los cristianos en general, se coloquen al servicio de la “economía real”  y  la sostenibilidad ecológica de la tierra, se inspiró en el Reporte de la Comisión  de Expertos, del año 2009,  al presidente de la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU), relacionado con las reformas que necesariamente debían aplicarse al sistema financiero y monetario internacional.
En su discurso de apertura del evento, el Rev. Dr. Setri  Nyomi, Secretario General de la CMIR, dijo: “Ha llegado el momento de hacer más de lo se ha hecho hasta ahora”. No es para menos. La crisis económica y financiera global convoca a todos los ciudadanos y ciudadanas, independientemente de la religión que practiquen o de su tendencia política, a unir esfuerzos para mejorar las condiciones de vida de todos.
Si las organizaciones cristianas, como la Comunión Reformada Mundial, que cuenta con una membresía de más de 80 millones de cristianos, en 107 países, asume con responsabilidad la “hora cero”  en la toma de soluciones efectivas  orientadas a que la sociedad civil sea escuchada y participe en la nueva arquitectura económica y financiera por la que se lucha hoy, deberá  correr con prisa en formular propuestas efectivas, que sean aplicables en el corto plazo , en países del Norte y el Sur, en modelos económicos capitalistas y mixtos. Pues la reacción de los estudiantes en la Universidad de Estudios Económicos de Londres, ante el ministro español de economía Guindos, exige más que buenas intenciones.
Si uno de los problemas que confrontamos hoy es la codicia,  las iglesias como instituciones y los cristianos como individuos, tienen algo que decir en torno a la espiritualidad, como medio para acceder a la convivencia responsable y el manejo de la tierra, actualizando el mandato del “no codiciarás” nada perteneciente a tu vecino. Podemos citar muchos ejemplos de propuestas teológico-pastorales que se organizaron para satisfacer necesidades básicas de sectores de la población; son comunes las inversiones de las iglesias en salud y educación, pero puede hacerse más. Basta señalar la labor misionera de la Iglesia Menonita de Belice, la cual es hoy  responsable de más de la mitad de toda la producción agrícola del país. Sin proponérselos al inicio de su “experimento”, los menonitas empezaron a aplicar criterios de calidad, seguridad ocupacional y cuidado del medio ambiente, en la producción agrícola intensiva, a través  del  cooperativismo.
 Pero, además del aval teológico que las iglesias pueden dar a los criterios morales del emprendimiento individual y corporativo, deben reconocer que no sólo con teología se resuelve el cambio de rumbo económico y financiero del mundo. Existen múltiples aspectos técnicos que investigar y ejecutar. Por ello, las instituciones teológicas y las organizaciones ecuménicas deberían incluir en sus respectivos programas el estudio inmediato e intensivo de los avances investigativos que en esta materia se han realizado. Entre los aportes a estudiar y explicar a las comunidades cristianas en pueblos y ciudades, en zonas urbanas y rurales, está la de Muhammad Yanus, de Bangladesh, Premio Nobel de la Paz del 2006, quien como banquero y economista  desarrolló el concepto de microcrédito, “para incentivar el desarrollo social y económico desde abajo”.
Qué decir de Amartya Kumar Sen, economista y filósofo bengalí, Premio Nobel de Economía de 1998, cuya contribución a la economía del desarrollo, demostró que el hambre no es consecuencia de la falta de alimentos, sino de las desigualdades de los mecanismos de distribución de los mismos, es decir, en la manipulación especulativa en la fase de comercialización. Además, introdujo el Indice de Desarrollo Humano (IDH), que se aplica en Naciones Unidas.
Merece mención Sir John Richard Hicks, inglés, Premio Nobel de Economía en 1972, quien desmenuzó el concepto de microeconomía, en otras palabras, la economía que la conferencia de Guarulhos denominó la “real” y la definió como el bienestar que alcanza una persona como fruto de su trabajo.
El Premio Nobel de Economía del 2008, Paul Robin Krugman, estadunidense, crítico de la política económica de la administración de George W. Bush, confirmó las consecuencias de la actual crisis y enunció las medidas que consideró necesarias para generar empleos y fortalecer los derechos sociales del trabajador, junto al crecimiento económico.
Pero, en consonancia con la preocupación expresada por los participantes y líderes ecuménicos en Brasil, Theodore Schultz, de Estados Unidos, Premio Nobel de Economía de 1979 por sus investigaciones en economía agraria, analiza las implicaciones del crecimiento económico sobre la agricultura y la gerencia productiva de la tierra. Este trabajo debe estudiarse, junto al de Bertil Ohlin, sueco, quien ganó el premio en 1977, tres años antes, por su aporte al comercio y las finanzas internacionales. Ambos trabajos deben ser revisados a la luz de nuevos planteamientos éticos, por la influencia de los mismos en los posteriores tratados de libre comercio, los cuales deben ser perfeccionados.
Los participantes de la conferencia de Guarulhos han regresado a sus respectivos hogares, pero han compartido con nosotros una preocupación válida, porque nada en el mundo no es ajeno.
*Para la Agencia de Periodismo Independiente Continental (APIC).

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