lunes, 3 de febrero de 2020

EL RESPETO A LA CONSTITUCION




BLOQUEO22-2
Félix Sautié Mederos
DXXII
El respeto a la Constitución, junto con la persistencia en lo útil y lo necesario, son imprescindibles en mi criterio, pero al respecto siempre el diálogo y el debate serán positivos, así como el reconocimiento de que en la actualidad se manifiesta un debate entre conservadores inmovilistas y los aperturistas que quieren destrabar la economía que tradicionalmente hemos desarrollado y que, hay que reconocer, nos tiene empantanados.
Este 2020 que recién iniciamos, en mi opinión muy personal, es un año decisivo para el proceso revolucionario cubano, no solo porque transcurre el año 62 de una Revolución triunfante que parecía imposible poder realizarla a 90 millas del imperio del “norte revuelto y brutal” que nos desprecia y que, como expresó recientemente el presidente Miguel Díaz-Canel, en las postrimerías del 2019 “Nos tiraron a matar y estamos vivos”, sino porque además marca un decisivo año del “destete”, por denominarlo de una manera más comprensible, de las nuevas generaciones formadas por la Revolución de la Generación del Centenario y de sus generaciones aledañas, que han hecho posible el triunfo de la Revolución cubana y su desarrollo contra vientos y mareas desde sus inicios, en la década de los cincuenta del siglo pasado, y en el transcurso de los últimos 62 años.
Lo más importante de este hecho, determinado por el implacable paso del tiempo sobre la biología, es algo que poco a poco se ha ido convirtiendo en una expresión devenida en consigna de lo que es una decisión llevada a la práctica concreta de ser continuidad y no ruptura. No a una ruptura que desde el exterior agresivo anticubano se ha constituido en un propósito elevado a objetivo priorizado por los centros del poder imperial y por quienes se le han subordinado como consecuencias de sus odios, rencores, intereses mezquinos y dobleces espirituales.

Confieso que esto es lo primero que pensé cuando tuve acceso a un recuento publicado en el que se dieron a conocer las biografías de los gobernadores y vicegobernadores de provincias electos por las Asambleas Municipales del Poder Popular a lo largo y ancho de Cuba, según lo previsto constitucionalmente en los cambios estructurales que se estipulan en la Constitución 2019. Lo más significativo de estas biografías es que sus contenidos revelan que absolutamente todos son hombres y mujeres con una paridad de géneros evidente a simple vista, educados y desarrollados dentro del proceso revolucionario cubano. Un verdadero relevo generacional significativo, además por el nivel cultural que todos ostentan.1

La web, en las últimas semanas, ha sido espacio de un debate muy reiterado de inconformidades y conformidades al respecto del proceso electoral y de las elecciones de segundo grado de los gobernadores y vicegobernadores confiada a los delegados electos de las asambleas municipales del Poder Popular. Tampoco ha faltado la defensa por parte de algunos detenidos en el tiempo de todo lo establecido en la economía que nos mantiene estancados. Lo han planteado, por demás, con clasificaciones onerosas e insultos a quienes abogamos porque se cambie todo lo que deba ser cambiado. Ellos lo que desean es que todo quede igual y que no haya cambios sustanciales. En esencia, son la manifestación de la “Subsistencia de un pensamiento conservador en el proceso revolucionario”, que expuse hace algunas semanas en La Espiritualidad Prohibida 518, publicado en POR ESTO! el domingo 29 de diciembre del 2019.2

La estructura y el método de elección previstos en la Constitución del 2019 son concernientes a un sistema parlamentario clásico planteado en la Constitución después del amplio debate previo al Referendo Nacional, que le dio su aprobación por una mayoría abrumadora del 86,84 % del voto de los ciudadanos cubanos, en una participación efectiva del 90,15 % de los electores. Por tanto, esa es la Constitución legalmente vigente en Cuba, elaborada, discutida masivamente y aprobada por la población soberana que de manera inequívoca norma el funcionamiento del país y que todos los ciudadanos cubanos tenemos que cumplir y respetar, tanto los que estuvimos a favor como los que estuvieron en contra en el referendo antes mencionado. Rige para todos sin excepción, tal y como sucede en los países civilizados del mundo.

Esa es, pues, la Ley de leyes que todos los cubanos tenemos que cumplir y, ante todo, estudiar su contenido para comprender mejor sus objetivos, no opinar en falso ni desinformadamente; porque lo otro, la desautorización de la Constitución, sería el caos y la desolación que los enemigos nuestros, encabezados por el gobierno de los Estados Unidos, propugnan para apoderarse definitivamente de nuestro país. Todo en la vida está enmarcado en límites de referencias que se deben respetar para que las figuras reales de lo esencial no se debiliten y/o desaparezcan dentro del conjunto referencial. Eso es lo que pienso al respecto de estas elecciones de gobernadores y vicegobernadores y quiero expresar sin ambages. Pudieran haber sido con otros métodos, pero el incluido en la Constitución aprobada fue el de segundo grado, que es habitual en los sistemas parlamentarios del mundo, como ya he expresado; por mis preferencias pudiera haber sido otro más directo.

Pero considero que, por encima de estos debates, ahora el problema fundamental que tenemos por delante es destrabar la economía, cambiando todo lo que deba ser cambiado, para lograr que podamos hacerle frente a la guerra económica que nos tiene declarada el imperialismo, en mejores condiciones de desarrollo económico, haciendo en lo interno todo lo que al respecto debemos hacer, comenzando por el enfrentamiento a la burocracia, el triunfalismo, el autoritarismo y el conservadurismo evidentes que aún se manifiestan en nuestra sociedad local.

En este orden de problemas, los cubanos no podemos darnos el “lujo” de ser ingenuos en política, especialmente en momentos en que el imperialismo ha dictado la sentencia de presentarnos un jaque mate definitivo, que tenemos que continuar enfrentando con una unidad esencial, que impida la división que pudiera significar el desastre definitivo de la Revolución y de nuestra independencia nacional frente al “norte revuelto y brutal” que nos desprecia. Hay que darle tiempo al tiempo y luchar sobre la marcha, definiendo siempre cual debería ser el golpe principal.

Por demás, pienso que lo más importante actualmente es que estamos asistiendo al desenvolvimiento del primer gobierno mayoritariamente integrado por las generaciones formadas dentro del proceso revolucionario cubano, que no intervinieron en las luchas insurreccionales de la década de los cincuenta. Un gobierno encabezado por el presidente Miguel Díaz-Canel y su equipo de trabajo, quien ha establecido una dinámica de participación directa con el pueblo y de lucha campal por la eficiencia y el desarrollo del país.

En este sentido, el presidente, en una intervención en el Balance del Ministerio de Trabajo, publicada el 18 enero 2020 con el titular “Queremos un ministerio del trabajo sin trabas”, expresó un propósito que considero esencial y se ha convertido una actividad prioritaria en los ministerios y organismos del Estado en las últimas semanas, la elaboración de un “banco de trabas” para que, como expresó textualmente “resolver muchas situaciones que hoy entorpecen el desarrollo de la nación”. Así mismo dijo en fundamento de sus planteamientos al respecto: “Nos pasamos la vida discutiendo cuál era el mejor momento para hacerlo y repetíamos un discurso que no convencía a nadie. Una de las cosas que estamos llamados en el plan de 2020 es el de destrabar la economía de este país”.

Esas circunstancias, en mi criterio, requieren del apoyo de todos, porque además de no ser ingenuos en política, como ya he expresado anteriormente, tampoco podemos permitir el surgimiento de una desestabilización de quienes tienen por delante tan complicada y compleja tarea de ser los continuadores de un proceso creado por la genialidad indiscutible de Fidel junto con Raúl y con la Generación del Centenario, así como con las generaciones inmediatas que participaron en los primeros años de la campaña de alfabetización y de los enfrentamientos a las agresiones de Girón, la Lucha contra Bandidos, la Crisis de Octubre, y los inicios de la construcción del socialismo a 90 millas del más poderoso imperialismo que en el mundo haya existido hasta el presente.

Ellos necesitan tiempo, participación y apoyo junto con las críticas objetivas y constructivas que sean necesarias plantearle con todo respeto y con toda franqueza; ya que en eso último no debe haber tregua inoportuna. En este orden de cosas, considero necesario partir con la mayor crudeza posible de estas realidades históricas que están ahí y que no pueden ser negadas. En definitiva, el diálogo franco y fraternal entre los cubanos es esencial para el desenvolvimiento del presente y para alcanzar el futuro necesario.

Por otra parte, quiero decir a tiempo y previamente, que a ninguno de lo que acostumbran a hacerlo se le debería ocurrir clasificarme un poco despectivamente como “nuevo revolucionario”, tan al uso últimamente por quienes desde una extrema izquierda proclamada se consideran los demiurgos del proceso revolucionario, sin haber, por lo general, participado y/o estado presente en las luchas insurreccionales y de los primeros años de la Revolución, en las que modestamente fui un participante de acuerdo con mis posibilidades del momento histórico en mi juventud, ya superada por el paso de mis 81 años de vida. Hacerlo sería totalmente infructuoso porque la historia verdadera siempre, de una u otra forma, sale a la luz.

Me explico, hago esa aclaración porque algunos han puesto de “moda” ese calificativo a quienes no concuerdan con sus criterios inmovilistas y conservadores, con los que tampoco me alineo ya que, si bien planteo las aclaraciones anteriores sobre la necesidad de apoyo irrestricto a las nuevas generaciones que están asumiendo los timones de mando de la sociedad y a la Constitución del 2019, para nada soy partidario del triunfalismo, así como de la crítica no objetiva; y si, de la necesaria para el perfeccionamiento del Gobierno y de nuestro sistema político y económico que esas personas de extrema izquierda propugnan su silenciamiento en los últimos tiempos. Aclaro esto para identificarme en mis posiciones claramente, propias de un veterano revolucionario que mentalmente trato de mantenerme joven de pensamiento y de lucha.

En un artículo que comparto plenamente, titulado “Banco de trabas”, Juan M. Ferrán Oliva expresó al respecto de estos problemas que “habrá que concluir que el jefe del Estado enfrenta mentalidades oxidadas que obstaculizan el desarrollo de las fuerzas productivas… Lo viejo contra lo nuevo, aunque no todos los viejos pueden sean tradicionales ni todos los nuevos aperturistas”.3

Al respecto de este artículo de M. Ferrán, se han expresado algunas opiniones muy importantes a las que me uno plenamente y tomo dos ejemplos como botón de muestras:
Opinión de Joaquín Benavides

“Estimado Ferrán:
Muy bueno. Es una clase. No en balde fuiste un reconocido profesor de economía.
Lo voy a circular lo más que pueda.”

Opinión de Fidel Vascós:
“Muy buen artículo de Ferrán. En todas las sociedades existen tendencias conservadoras y reformistas. Cuba no es una excepción. Por lo general, los revolucionarios nos situamos en la tendencia reformista. La burocracia es conservadora. Y no es que los burócratas no quieran cambios; lo que no quieren es que los cambien. Ferrán describe bien las manifestaciones de estas tendencias en la Cuba de hoy. Mi conclusión: ¡hay que apoyar al Presidente Díaz-Canel!”
La crítica es una necesidad de vida o muerte, en mi opinión muy personal, en tanto que por otra parte el “criticismo” de algunos es también contraproducente y muy dañino para la Revolución. En consecuencia, ni dogmatismos inmovilistas y conservadores ni criticismo sistemático, porque además en los extremos se coaligan.
En cuanto a la necesidad de la crítica objetiva y constructiva, respetuosa, abierta y sin compromisos onerosos de ningún tipo, me acojo plenamente a lo que al respecto planteó nuestro Apóstol José Martí, que cito textual en un párrafo que considero debería ser objeto de estudios por todos sin excepción:
(…)] si por crítica hubiera de entenderse ese mezquino afán de hallar defectos, ese celo del ajeno bien, ese placer del mal ajeno, huéspedes ciertamente indignos de pechos generosos. Crítica es el ejercicio del criterio. (…) Criticar, no es morder, ni tenacear, ni clavar en la áspera picota, no es consagrarse impíamente a escudriñar con miradas avaras en la obra bella los lunares y manchas que la afean; es señalar con noble intento el lunar negro, y desvanecer con mano piadosa la sombra que oscurece la obra bella. Criticar es amar (…).4
Fidel, cuando la culminación de la Zafra de los 10 millones que pretendimos realizar en 1970, dio un ejemplo magistral cuando en un acto de masas planteó una descarnada autocrítica de su responsabilidad personal en el no cumplimiento de aquellos objetivos. Igualmente, el Che durante toda su ejecutoria como dirigente de la Revolución nos dio un ejemplo permanente del ejercicio de la crítica y la autocrítica, así como de participación en los diálogos y debates permanentes sobre el desarrollo de la Revolución. Para nada el inmovilismo y la negación de la crítica son principios esenciales del proceso revolucionario cubano.
Otra cuestión también quizá polémica a que quiero referirme en esta ocasión es lo relacionado a una tendencia que se ha manifestado en el tiempo, de a veces poca persistencia en lo útil y lo necesario que se ha hecho evidente en algunos proyectos, procedimientos y propósitos positivos y útiles, especialmente en lo económico, en muchas ocasiones pasando por encima de alertas y criterios útiles planteados por la Academia. Hay reconocidos especialistas de le Economía que han insistido a veces con vehemencia contra estos males, los que no han sido oídos como hubiera correspondido e, incluso, en algunos casos han sido injustamente criticados y dados de lado.
En este orden de pensamiento, debo decir que el presidente Miguel Díaz-Canel en diversas intervenciones públicas ha planteado la necesidad, en estos momentos difíciles en que el imperialismo ha arreciado sus ataques a nuestro país, de retomar las iniciativas útiles que cuando el denominado Período Especial establecimos para enfrentarlo y que, con el tiempo, dejamos de poner en práctica. Esto, en realidad, considero que ha sido una tendencia manifestada en la historia de los últimos años que estamos obligados a rectificar, porque la experiencia en la vida es determinante, para que, como dice una expresión muy popular, no chocar dos veces con la misma piedra.
Por otra parte, quiero recordar que el tiempo apremia y que hay cosas que no pueden esperar más, porque mientras las tenemos detenidas en el tiempo la acción subversiva del enemigo no se detiene. En este sentido, tenemos que el objetivo de culpar al gobierno de los efectos negativos que tiene el criminal bloqueo a que estamos expuestos es, además, una acción sutil alimentada por la “labor” de los burócratas en la base, principalmente en las restricciones que hemos tenido que establecer para enfrentar las medidas que constantemente se van sumando unas tras otras encaminadas a ahogarnos definitivamente.
El autoritarismo en el planteamiento de las restricciones necesarias, sin la debida explicación, se une a los abusos puntuales que en muchas ocasiones se producen en los comercios y centros de servicios adonde la población, especialmente el pueblo de a pie, tiene que acudir para resolver sus necesidades básicas. Estas situaciones se unen a las campañas constante que por los medios masivos de comunicación se plantean durante las 24 horas del día y que nos están penetrando, principalmente por lo que conocemos como la “antena”, que muchos sintonizan, las que se basa en muchas ocasiones en la lentitud y la falta de audacia de nuestra prensa local en el proceso informativo de lo que sucede en el país.
Es como si nuestra prensa esperara orientaciones para manifestarse al respecto de lo que nos sucede, en tanto que los enemigos se aprovechan de ello con la inmediatez que requieren esos problemas.
En este sentido, tenemos que estas situaciones, junto con las fake news, inteligentemente elaboradas sobre las bases de nuestra falta de inmediatez y de audacia, van creando estados de opinión que van quedando en el imaginario popular, que se convierten como las gotas que poco a poco van creando en las cavernas subterráneas las estalagmitas que hacen columnas en estos casos. Podría decirse que de pensamiento y de ideas muy difíciles de erradicar de las mentes.
En consecuencia, la agilidad con que se proceda a destrabar las trabas, valgan las redundancias, será determinante para derrotar estos estados de opinión artificiales que se basan en debilidades objetivas que tenemos que enfrentar. Realmente el tiempo apremia en una actividad que no es solo responsabilidad única del Gobierno y que todos tenemos que apoyar a una, especialmente los que formamos parte de la prensa revolucionaria.
Hay problemas que no se pueden pasar por alto y requieren de la denuncia oportuna y de la acción consecuente. En ello nos va la vida.
En este sentido, el destacado intelectual revolucionario cubano Esteban Morales, en un artículo titulado “Los errores ideológicos son cuentas pendientes que en algún momento deben ser saldadas”, en el que analiza las actitudes críticas que deben plantearse al respecto, expresó un párrafos que considero un alerta de especial importancia y cito: “(…) Vivimos momentos muy complejos y difíciles, que el enemigo, ensimismado en un ataque continuo y sistemático, por hacer daño al país, aprovecha cualquier incidente para predisponer a la gente, alimentando la duda; moviendo sus elementos internos, para aprovechar las divisiones de opinión y las contradicciones que se crean, con el objetivo de lograr la desestabilización”.5
Así lo pienso y así lo expreso en mi derecho a opinar, con mis respetos por la opinión diferente y sin querer ofende a nadie en particular.
Continuará.
4 José Martí: Obras completas, t. 15, Centro de Estudios Martianos, colección digital, La Habana, 2007, pp. 94-95.
5 Esteban Morales: “Los errores ideológicos son cuentas pendientes que en algún momento deben ser saldadas”, en https://www.blogger.com/comment.g?blogID=2044430452931794159&postID=6725850990464390381&isPopup=true
Finalmente, les reitero mi correo electrónico con el propósito de que puedan trasmitirme, criterios, opiniones y preguntas: fsmederos@gmail.com
Publicado en Unicornio suplemento de Ciencia y cultura de Por Esto! y en la Sección digital del periódico Por esto! de Mérida, Yucatán, México el domingo 2 de febrero del 2020



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