jueves, 19 de septiembre de 2019

EL GOBIERNO DEBERIA REFRESCARSE. HAY MUCHO(A) PREDICANDO EN EL DESIERTO

El gobierno debería refrescarse. Hay mucho (a) predicando en el desierto
Eligio Damas

            Obedezco a esa como obligación hasta constitucional, cuando digo mucho (a), pues lo que es igual no es trampa. De manera que a eso obedece el título, cualquier coincidencia con la realidad es casualidad pura.
            El gobierno de Maduro debe estremecerse, como perro que se agita intentando deshacerse de las pulgas, después de rascarse largo tiempo en un sitio y sentir que, con la misma intensidad, aquellos animalitos le pican en todas partes. Pero aparte de eso, que es como agradable y desestresante, debería darse un baño de insecticida que ahuyente, arranque y mate ese plaguero.  Y es que Maduro debe como siete cuentas de esas, de sus ofertas que comenzaron con aquellas palabras tan contundentes como “Sacudón y Revolcón”, trocadas en la práctica en simples enroques, como quien da un rolincito al pitcher cuando se espera un trancazo que mande la bola a las gradas.
          Es verdad que Maduro carga unos bacalaos enormes al hombro - para decirlo así en recuerdo de Alberto Nolia, aquel periodista que desapareció sin dejar huellas - resultado de sus compromisos políticos y su creencia como religiosa que debe rendir culto a los santos y pagar penitencias. Por eso tiene a su alrededor gente que donde la ponga no rinde ni le abre espacios al gobierno, porque en la práctica cada uno de ellos, donde vayan, ponen una ralla como para decirle a quien sea, de aquí para allá todo el mundo es mi enemigo y. de aquí para acá, están  mis íntimos con bandera blanca o roja para hacer lo que sea. Como cuando uno de muchacho, veía que dos querían pelear, marcaba sendas rayas a los pies de cada uno y les decía, “esta raya es tu madre y este la tuya, que alguno pise la raya del otro, estaría pisando a su madre”.  Pero Maduro se siente como obligado con ellos porque fueron de aquellos del grupo que en el pasado nunca supo hacer política o hacer una sola, la misma que ahora hacen Guaidó y los suyos, sólo que en el camino se les atravesó Chávez, quien venía como trolebús sin freno y pasajeros. 
        Por eso, cada uno de ellos, de los que mandan y los mandados, reproducen lo mismo donde vayan. Como formar parte de una corte o una tribu, en otros espacios reproducen la suya, no importa que quienes a ella incorporen, como suele decir un amigo, no conozcan la o ni por el canuto. No hace falta debas tener nada importante por hacer ni en qué invertir el tiempo, limítate a ser leal, nunca traidor y pon las rodillas en la tierra. Eso sí, tienes libertad para hacer lo que te convenga si no contravienes aquello. Por eso ya es habitual que, cuando se pregunta por un individuo de esos, se haga diciendo ¿con quién está? ¿Con Maduro o Diosdado? Y cuando se baja de nivel, se pregunta por quiénes en cada espacio comandan las tribus o caciquean.
         En el Psuv, no se agrupan, por lo menos que uno sepa, como antes entre las partidos de izquierda o de derecha. Entre estos últimos, por ejemplo en Copei, se le daban nombres curiosos a los diferentes grupos, como aquellos que encabezaban Caldera, Herrera Campins o Rodolfo José Cárdenas. En la vieja AD se hablaba de “los cabezas calientes”, grupo ARS y los bueyes cansados. En URD, también se le daban nombres atractivos y hasta curiosos a los grupos de José Herrera Oropeza, Luis Miquilena o el propio Jóvito Villalba y hasta en el MAS se identificaban de la misma manera, como astronautas, araguatos, nunca con nombres de quienes les encabezaban. Porque cada nombre curioso de esos, como les califiqué, aludía a una concepción de partido, país y hasta en relación con la preferencia por la política de alianzas. Unos en este sentido preferían a la izquierda y otros a la derecha. Unos eran, sin importar el partido donde estuviesen, antiimperialistas y otros lo contrario.
          En el Psuv pareciera no suceder así. Si no que ellos se identifican básicamente por el origen o procedencia. Pareciera, es lo que uno percibe desde lejos, que en el marco actual, el Psuv está manejado por dos grandes tendencias, la de Maduro y la de Diosdado. La de origen político civil y la militar, la “propia” del 4f. Los pequeños grupos o tribus, cual arroyos tributarios, como por ejemplo el de Aristóbulo, buscaron su acomodo en virtud que se percataron que enfrentar a aquellos era como mucho camisón pa´ Petra y es que, en veces, es como mejor ser cola de león que cabeza de ratón, aunque suelan decir lo contrario. Y además, estar en el medio de dos gigantes, se corre el riesgo que te aplasten. Pues Diosdado y Maduro, quedaron ante la multitud como los herederos de Chávez, ya que Adán, por sólo hablar de uno de los hermanos del comandante, pareciera ser demasiado humilde y recatado y en consecuencia de pocas ambiciones. Entonces gente como Aristóbulo y otros que son como menos visibles, pues Jaua jugó demasiado tiempo bajo sombra, se percataron que no tenían vela grande o velones en ese entierro y se conformaron con coger de los frutos que caen. ¡Qué en veces son bastantes, como mango en tiempo de cosecha! Aunque en verdad, para ser justo, Jaua intentó volar en solitario,  con autonomía y más temprano que tarde le bajaron.
           Maduro como se sabe, fue el escogido por Chávez, porque era a quien sabía con una fuerza organizada dentro del Psuv, que actuaba con sus propias reglas y disciplina. Como una tropa independiente que aborda en alta mar el barco: Y Diosdado, a quien dejó la buena fuerza que le apoya, para la cual Maduro es como un extraño, todavía no había aprendido lo necesario para tomar el comando.
          Pero los dos jefes, tienen algo en común. Ninguno está dispuesto a compartir el poder con quien no forme parte de la correspondiente cofradía; por algo, uno y otro, hablan con insistencia de lealtad y aquello de “leales siempre y traidores nunca”. Quienes entren en sus respectivos predios deben dar muestras de eso y de estar sujetos a eso, como tener siempre las rodillas en tierra y no dar un cambio nunca ni que el mundo se ponga de cabeza. Pero eso, que para ellos es como idílico, tiene sus defectos, si no pregúntenle hasta los propios gringos, porque de eso les pasa con Guaidó y quienes a este siguen. Veamos un ejemplo, la señora Vanessa Newman, embajadora del presidente de la AN en Gran Bretaña, puso la torta hasta decir basta en lo del Esequibo y metió a Guaidó en una enorme vaina. Pese eso, cuando todo el mundo esperaba la destituyese, por lo menos por imprudente, por no decir otra cosa, se hizo el loco y la señora sigue en lo mismo. A Maduro y Cabello, sobre todo al primero, porque es el presidente, le pasa exactamente lo mismo. No mueve a gente aunque hasta las montañas ese deseo griten, porque se trata de la suya o la del otro, que no fueron puestas allí para hacer nada sino como premio a la lealtad y porque no serán nunca traidores. Y además, entre bomberos no se pisan las mangueras.
           Y esa gente desde los espacios que ocupan, muy importantes, me refiero a los espacios o los cargos, por favor no confundir, por muy sensato sea lo que digan nadie les hace caso y hasta se sienten inconformes y molestos tener que leer o escucharles decir algo en lo cual creen o comparten, pero les suena ajeno cuando sale de la boca de ellos. Cuando hablan, esos leales y nunca traidores, que no significa ser ajenos al pecado,  es como si lo hiciesen con nadie, pues su palabra no trasciende el espacio de la tribu. Y hasta si dicen verdades, tienen como un halo que ellas, si llegan a trascender el cerrado círculo, se hacen ver como paquetes chilenos.
          Ahora, por todo esto, recuerdo un refrán de mi tiempo, que era como muy odioso, ¡cambia papá!

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