lunes, 26 de marzo de 2018

DELCY RODRÍGUEZ "MÁS NUNCA DEJAREMOS EL PODER". ELEGIR, ALTER


 ELIGIO DAMS
           Nota: En el año 2011, recién derrocado Gadafi, escribimos este artículo, al cual al editarlo ahora sólo le hemos agregado la primera parte del título y esta nota. Lo hacemos por creerle vigente desde nuestra perspectiva.
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            Lo de Libia ha removido muchos cimientos. Ha generado confusiones trascendentes fuera de aquel país y hasta en áreas lejanas en donde se desarrollan los acontecimientos, que son los alrededores del Mediterráneo y norte de Africa.
            Tanto que algunos saltaron como automáticamente a defender lo que no era lo esencial y acrìticamente asumieron posiciones de solidaridad, que posteriormente revisaron para llegar a tropezones al sitio de donde debieron partir.
            La obsesión de las grandes potencias por las riquezas del país africano, les llevó desbocarse contra Gadafi, quien venía siendo un buen aliado y a éste reivindicó, puede que transitoriamente, ante los hombres que aman la libertad y justicia
            Saddam Hussein, no era el gobernante por el cual ningún hombre progresista o de izquierda, hubiese roto una lanza por defenderle. Pero haber protestado contra la invasión a Irak, fundamentada de paso en odiosas mentiras, fue una actitud noble. Se hizo no por Husseìn, sino por principios profundos como “la libre determinación de los pueblos, la soberanía y los derechos humanos”. Nadie, ningún gobierno, por muy poderoso que sea, aunque sus integrantes se crean ungidos por los dioses, tiene derecho a intervenir en los asuntos de otros países.
            Esa conducta, por encima de cualquier otro motivo, debió regir la asumida, en un primer momento, frente al conflicto que estalló en Libia y las posteriores decisiones intervencionistas de los “llamados aliados” o más bien cómplices, liderados por Estados Unidos.
            En el campo de la izquierda, han abundado opiniones, que ahora parecen reforzadas, que consideran a Gadafi como un adalid en la lucha antiimperialista y amigo de las causas populares y de liberación. Pero también, aquellas que piensan que el dirigente libio, desde tiempo atrás, entró en contubernio y asociaciones de distinta naturaleza con el capital norteamericano y europeo.
            Unos cuantos, como se le ha criticado también en la derecha, lo hemos hecho, entre otras razones,  por haber aquél permanecido más de cuarenta años en el poder, sin haberse sometido a un procedimiento que de acuerdo a nuestras concepciones y procedimientos tenga respetabilidad de origen. Así mismo, que  en su entorno, como con expectativas de sucesión, estén sus hijos; lo que huele a aquello que solemos llamar nepotismo. Lo que se practica en Corea del norte, donde el hijo sucedió al padre y ahora el hijo de aquel está de prevenido al bate, no tiene nada que ver con lo revolucionario, parece prevaler la herencia y hasta el “linaje”. Por cierto, al evocar a aquel país, uno lo asocia triste y rabiosamente al poeta venezolano Alí Lameda.
            Por supuesto, que no es por eso que los gringos promueven la invasión a Libia; de ser así, ahora estarían planificando el derrocamiento de un buen número de gobernantes eternos y hereditarios que plenan el mundo árabe; pero no lo harán porque son socios y más que panas. Sucedió que el régimen de Gadafi entró en conflicto, como sucedió en el entorno musulmán, y los gringos, que en todo caso no se las juegan todas a él, han querido pescar en río revuelto.
            A los gringos y al capital, aunque finjan de defensores de la democracia, elecciones y hasta la alternabilidad, estos principios no les importan para nada, si  los negocios marchan sobre ruedas. Las pruebas sobran.
            Pero los revolucionarios, enemigos del anquilosamiento, burocratismo, senectud política, personalismo, culto a la personalidad, derecho celestial de sucesión y  petrificación de las ideas, no pueden defender la perpetuidad en el poder. Eso contradice la dialéctica de la vida.
            Ese principio, de lo perpetuo, justificado en el “origen divino de los reyes”, quienes a su vez eran los grandes propietarios y agentes de sus iguales o el resto de la clase dominante, se sustentó en la necesidad de mantener el estado de cosas tal como era y para que no cambiase. El rey era la clase en el poder.
            La alternabilidad burguesa, esa que estuvo en nuestra constitución fue un invento de las clases nuevas, para generar en los pueblos la falsa idea o expectativa de la posibilidad de cambio. Pero el burgués gobernante y quien le sustituye, cada cierto tiempo, disfrazado para parecer diferente, sólo se ocupan que todo siga como iba. Sólo se cambian las cortinas y los rayados en las calles.
            De modo que perpetuidad, que lo ejerce una persona, y alternabilidad que cambia un títere por otro, resultan la misma cosa. El cambio en las relaciones de producción, distribución e intercambio en ambos casos está secuestrado, maniatado y amordazado. Apenas de vez en cuando se le suelta para que se desentumezca. Ambas formas le sirven al estado burgués y de hecho le han servido, le sirven y seguirán sirviéndole.
            A los gringos no les incomodó que Gómez pasara más de tres décadas en el poder y tampoco ningún otro dictador y gobernante eterno como Chapita, Pinochet o Batista.
            Lo que a ellos, gringos y capitalistas de cualquier parte molesta o agrada es lo qué ese gobernante hace y cómo se comporta.
            De modo que es falso pensar que el capitalismo tiene como principio sagrado la alternabilidad.
            Obama, es un preso y marioneta más en el salón oval, de una clase que ha impuesto una dictadura al pueblo estadounidense y al planeta todo.
            Es a los revolucionarios a quienes nos interesan esas “sutilezas” que algunos llaman curiosamente “pequeño burguesas”. Elegir por las bases los cuadros dirigentes, ratificarles o sustituirles si fuese necesario no es un ritual o proceder irracional; las elecciones de segundo grado, sea cual la forma que adopten, o se les llame de manera extraña, es una vieja forma de dominación, manipulación de la oligarquía y las castas gobernantes. Es cuestión  vital, porque la vida es un movimiento permanente. Unos avanzan, otros se retrasan y mantener el ritmo es indispensable.
            Es el pueblo todo quién debe decidir quién le gobierna, por cuánto tiempo, hasta dónde. El nepotismo, lo hereditario y el derecho divino, son cosas del pasado y de la derecha hasta anquilosada.
            Tengo el recuerdo de un Mao, entrado en la senectud y en la alta jefatura del PCCH, siendo utilizado por quienes se creían sus herederos. Es odioso ver a alguien reelegirse, aunque se ampare en un cogollo pudiendo darle a la gente la posibilidad de escogerlo, aunque se piense de antemano que eso habría de suceder.


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