sábado, 16 de septiembre de 2017

A OPOSICIÓN VIOLENTA LE APENA LE VEAN DIALOGANDO. ¡MUY MODOSITA O VERGONZANTE!

ELIGIO DAMAS

            La oposición venezolana, sobre todo su ala más violenta, suele mostrarse muy penosa y por ello hasta embustera. Sobre todo cuando de diálogo se habla.
            Ella suele ser como la “Gatica de María Ramos”, aquella que tiraba la piedra y escondía la mano. Rara vez asume la responsabilidad de sus actos. Hace sus “rubieras”, como decíamos los cumaneses, que no es otra cosa que joder o echar vainas, hacer travesuras, pero no las asume como suyas. Es una vieja táctica, con mucho de infantilismo, falta de convicción, para que paguen con el “más pendejo”. Es también la conducta propia de quien hace las vainas consciente de lo malo, pero sin ni un atisbo de nobleza, remordimiento y por eso las niega o se desliga de ellas. No hay peor pecador que quien peca y nunca lo confiesa; no sabe de arrepentimiento.
           Generalmente, por no decir siempre, porque hay excepciones y estamos hablando de una de ellas, los grupos que practican el terrorismo, de un bando u otro del espectro político, asumen la responsabilidad de sus actos. Cuando los cometen, eso viene precedido de un análisis político que les induce a ello y también a reconocerlos públicamente, quizás en la creencia que eso les favorecerá o les pondrá en sintonía con un universo determinado o hay algo digno en sus actos. La ETA española se hacía responsable públicamente, sin pudor alguno, de todo acto de terrorismo que practicase; eso mismo hizo el grupo peruano “Sendero Luminoso” y los grupos del Medio Oriente, tan diversos, asumen la misma actitud. Esos grupos terroristas sin medida, crueles en extremo como el Estado Islámico o Al Qaeda, confiesan con orgullo lo que hacen; eso forma parte de sus luchas. No hay en ellos contradicción alguna entre lo que piensan y hacen; tanto que por muy brutal que a uno parezca una acción de las practicada por ellos, la reconocen como suya con orgullo y convicción que hacen lo pertinente. Es más, se ocupan de dar las razones de por qué hicieron eso. Hasta festejan lo ejecutado, lo difunden por los medios a su alcance, con la convicción de quien hace lo debido.
            A este escribidor, uno de los rasgos que más llama la atención de la conducta del ala extrema opositora venezolana, generalmente asociada a dos grupos políticos de vida legal, es eso de practicar acciones sin duda alguna de carácter terrorista y luego no sólo no asumirlas sino negarlas y hasta atribuírselas al contrario. Uno no entiende, como en el marco de la política venezolana, se pueden hacer esas prácticas, si para quienes los mismos que las ejecutan no tienen asidero moral ni político, tanto que no las asumen como suyas.
           ¿Cómo entender a un grupo que llama a la violencia abierta y la ejecuta para asumir el poder y ante el fracaso inmediato luego no reconoce su llamado, sus acciones y hasta todo niega? Es evidente que esa conducta ha generado rechazo entre gente que se siente traicionada ante esa incoherencia. Es decir, eso tiene sus resultados negativos. Si llamas a tus seguidores y al pueblo todo a una acción para motivar el cambio que ansías pero luego no reconoces ese llamado, la gente terminará necesariamente desconociéndote. Peor, si ese llamado es ajeno al interés colectivo o no está dentro del espíritu o aspiraciones del mismo. Hasta los más extremistas se sentirán a la larga y hasta la corta, defraudados y le darán a eso distintas interpretaciones que en nada favorecen a los responsables de aquello. ¿Cómo queda quien llama a su gente a la insurrección, sin medir los detalles, apreciar adecuadamente la coyuntura, evaluar de manera equilibrada los detalles para abandonarla en las primeras de cambio y hasta negar luego haber hecho ese llamado? ¿Cómo quien a cada instante llama a derrocar al gobierno y ante el fracaso, pasado poco tiempo vuelve a llamar a lo mismo y luego ante el mismo resultado niega tener responsabilidad en todo eso?
            La oposición, sobre todo su sector más radical, invierte gran parte de su tiempo haciendo lobby, tocando puerta en organismos internacionales acusando al gobierno de lo humano y lo divino. Tanto como acusar de dictadura a un gobierno al cual, dicho en el lenguaje rancio de un cumanés, hasta le “tiene el culo cogío”. Pero cuando esos mecanismos y personalidades, contando con la palabra del presidente Maduro, toman la iniciativa de llamar a diálogo, los mismos personajes y grupos de la oposición, niegan que ellos estén participando en diálogo y hasta en el viejo estilo fanfarrón y guapetón, muy en sintonía con las bravuconadas propias de los violentos, hablan de condiciones impuestas por ellos que deben ser aprobadas de antemano para poder entrar en diálogo. Es decir, quieren que el diálogo se cierre de antemano y no quede nada que tratar. El contrario no tiene derecho a decir otra cosa que no sea ¡sí señor! Es también una especie de voluntarismo donde el diálogo sólo sea para aprobar lo que ellos proponen y más nada. Si usted, lector, analiza bien esa conducta bien se parece a la de los muchachitos malcriados, con perdón de los terroristas.
            Pero mientras eso hablan unos, otros de ellos mismos niegan que se haya iniciado gestión alguna de diálogo y juran y perjuran que nada saben de eso, mientras ya están sentados en la mesa, antes que lleguen mediadores e interlocutores.
            La “Lucha armada”, no es impertinente así llamarla, desatada por la oposición en la era ruidosa de las guarimbas, que sus autores eufemísticamente llamaron manifestaciones pacíficas, nunca ha sido reconocida por estos. Por lo que las incomodidades a la población toda, la incertidumbre generada por quienes “tiraban la piedra”, al estilo de la “Gatica”, se expresaron en las elecciones del 30J. Donde sí votaron los ocho millones que dijo el CNE; tanto que leí un comentario de un opositor persistente y muy  adherente de aquellas prácticas ruidosas e incómodas, quien como para consolarse, dijo que aun admitiendo que esa cifra fuese cierta, en todo caso era una cifra inferior a la que él mismo atribuyó a la lista de militantes del Psuv. Pero las muestras mayores de aquel fracaso, fueron haber suspendido toda aquella parafernalia brutal al día siguiente del 30J y  que Trump tomase el liderazgo directamente al aplicar sanciones duras contra la economía de los venezolanos.
            Ahora mismo, el presidente dominicano y José Luis Rodríguez Zapatero, ex jefe del gobierno español, han vuelto  a invitar a un nuevo proceso de diálogo que se desarrolla en el país caribeño. El gobierno, por intermedio del presidente Maduro, inmediatamente aceptó la invitación, la hizo del conocimiento público y envió sus emisarios. La oposición, por boca de los representantes de los mismos grupos que hacen y dicen que no hacen, ha negado tal posibilidad. “Ese acto de diálogo no es cierto. Nosotros no estaremos allí porque el gobierno” y se largan sus motivos. Julio Borges mismo negó que eso fuera cierto. Pero mientras esto dicen en Caracas, aparecen allá en Dominicana, sentaditos en la mesa conversando buscando fórmulas de acuerdo. Para más vainas, el propio presidente dominicano les desmiente.
            Pero mientras los “ultrosos” o extremistas así proceden, hacen y niegan lo que hacen, le restan valor a sus prácticas con sus discursos o hacen una cosa y dicen hacer otra, los resultados electorales les golpean las narices. Tanto que la asistencia a las “primarias” de la MUD fue precaria y AD les mató la partida.
            Esas dudas, contradicciones se pagan. Por eso mismo, o mejor por los resultados, Trump pudiera haberlos quitado del paso.




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