martes, 18 de octubre de 2016

PEPE MUJICA PONE EN ENTREDICHO NUESTRA GUERRA ECONÓMICA


ELIGIO DAMAS


            Nadie, aun siendo muy adicto a los argumentos del gobierno o se sienta obligado por razones distintas que mueven a un revolucionario, puede calificar a Pepe Mujica de salta talanquera, crítico sin fundamento, de esos que no proponen nada, como les gusta a muchos apostrofar a quienes les contradicen. Es verdad que los burócratas, atados a una sinecura, en cualquier ámbito, tentados a complacer a sus superiores, suelen estar predispuestos a ver sólo lo que les conviene, pero cuando se trata de personajes como el ex presidente uruguayo, también se quitan el sombrero. En eso hay que ser equilibrados. Con gente como Pepe y con aquellos.
            Mujica no tiene que demostrar su solidaridad con la causa revolucionaria, las luchas antimperialistas, por la unidad latinoamericana; su consecuencia con todo eso está fuera de toda duda.
            Por lo anterior, uno se siente obligado a no dejar pasar por alto sus más recientes opiniones que tocan el drama venezolano. Quienes gobiernan e intentan explicar la gravedad de la situación que ahora vivimos por la guerra económica y la caída de los precios del petróleo, de un breve tiempo para acá, después de afincarse en esos dos circunstancias, dicen como con poco convencimiento, algo parecido a “bueno, eso no quiere decir que no hayamos cometidos algunos errores”. Dicen eso como quien saluda a la bandera o un simple convencionalismo, para fingir de humildes y no querer pecar de infalibles. Es también una manera de minimizar sus fallas. Es curioso, como casi todos los funcionarios del gobierno, en distintos niveles, diputados y dirigentes que, como cosa extraña no tienen cargo en gobierno, repiten el mismo argumento o usan la misma chuleta. Como si no sólo se hubiesen puesto de acuerdo para decir lo mismo, sino además lo ensayaron tan intensamente que parecen clonados. Los publicistas e ideólogos del gobierno no escapan al mismo mal.
            Quien no diga eso o no explique lo que sucede con el guión, dentro de ese espíritu, es un salta talanquera, hasta agente de la MUD y el imperialismo. La misma manera de razonar de los viejos camaradas de cuando éramos muchachos; se estaba con ellos en todo o se era agente de la CIA.
           Todos dicen en el mismo tono que “se agotó el rentismo y ahora estamos obligados a cambiar el modelo”. Confiesan sin darse cuenta que jugaron al rentismo; es decir le dieron al rentismo pertinencia para sustentar lo que ellos llaman el socialismo bolivariano; pero aquél, un buen día, les jugó una mala partida y se negó a seguir ayudándoles a financiar la revolución, su revolución.
            Entonces, después de dieciocho años en el gobierno la revolución bolivariana está en peligro por culpa del rentismo, caída de los precios del petróleo, un fenómeno predecible y porque los enemigos nos hacen la guerra. Por cierto, Bolivia y Ecuador, también afectados por el mismo fenómeno, han podido resistir y no han caído al nivel nuestro. Pero en cuanto a capitalistas y enemigos del proceso, como si esperaban se pusiesen del lado del cambio y metiesen el hombro. ¡Qué argumentos tan infantiles!
           Tales argumentaciones siempre me han parecido pueriles y por ello me producen incertidumbre y desconcierto, al pensar que los mismos que a ellos apelan, parecieran protegerse, con todos los medios a su alcance, incluyendo sus publicistas, para continuar al frente de una tarea en la que han fracasado y hasta son confesos, sin siquiera hacer un acto de contrición.
            Por eso, celebro las declaraciones de Pepe Mujica, sobre todo cuando afirma “Venezuela está enredada y tensa”.  Lo está, agrega el viejo tupamaro, “porque abandonó la agricultura y por ello se quedó sin comida”. Pero no se quedó allí, sino que sentenció “el pueblo que fracasa en la agricultura, hace peligrar la comida y termina afectando su seguridad alimentaria”.
            Dos o tres días antes de estas declaraciones, Mujica, hablando del mismo tema, comentó que habíamos “abandonado la agricultura pese tener todas las ventajas”, como tierras, agua, mano de obra y haber dispuesto en su momento de abundantes capitales.
            Pero no es la primera vez que Pepe, directa o indirectamente nos enrostra esas graves fallas. Eso mismo dijo aquellos días cuando llamó “cabra loca” al presidente Maduro.
            Pepe, lo que está diciendo es una verdad tan grande como los océanos, que el gobierno y sus publicistas tratan de ocultar. Que fracasamos cuando dejamos de lado la tarea de sustituir el rentismo petrolero, desde el mismo momento del inicio del gobierno bolivariano y pretendimos hacer lo que hicimos contando con la renta petrolera. Olvidamos, imperdonable olvido, que el negocio petrolero está y seguirá estando afectado por esas contingencias y factores que no podemos controlar.
          Pepe, en su habitual estilo, sus frecuentes estallidos de humor, nos está echando en cara que, no es esencialmente, por lo menos únicamente, por la caída de los precios del petróleo y la guerra económica de sectores del capital, que hacen lo que sus intereses demandan y eso también era previsible, sino por causa de nuestras imprevisiones y hasta inconsecuencias con aquel discurso del presidente Chávez que llamaba a trabajar intensamente en favor de lo que llamaba la “independencia alimentaria”. Pero también que las disculpas simuladas de muy bajo tono no son suficientes, tanto que todavía pareciera incierto el rumbo, pese el discurso de última hora, según el cual, “se agotó la política rentista”.
            Aquel discurso de Chávez, es el mismo de Pepe ahora, “el pueblo que fracasa en la agricultura, hace peligrar la comida y termina afectando la seguridad alimentaria”.
            Pero hay algo más peligroso todavía, una dirigencia que no asume su responsabilidad, se autocrítica abiertamente y muestra disposición a romper el ya viejo pequeño círculo que quiere seguir pensando por todos. Seguro estamos, que Chávez, quien no es ajeno a esos errores, a esta altura hubiera recapacitado, autocriticado y llamado a un cambio en todos los órdenes.

           Cuando tratan de explicar lo acontecido apelan a la guerra económica, como si esperaban de los empresarios otra conducta y como si los efectos negativos del rentismo petrolero se hayan mostrado recientemente. Olvidan que la razón de las luchas populares y la vanguardia revolucionaria, en gran medida tiene su fundamento en ellos.


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Publicado por Eligio Damas para BLOG DE ELIGIO DAMAS el 10/18/2016 06:24:00 a. m.

sábado, 15 de octubre de 2016

COMO MURIO CARLOS MANUEL DE CESPEDES (II)

Cómo murió Carlos Manuel de Céspedes (II)
Ciro Bianchi Ross • digital@juventudrebelde.cu
15 de Octubre del 2016 20:26:33 CDT

«Alrededor de la tragedia de San Lorenzo todo ha sido duda y
confusión», expresan Hortensia Pichardo y Fernando Portuondo en su
introducción a los escritos de Carlos Manuel de Céspedes. La versión
de que el Padre de la Patria se suicidó antes de caer en manos de sus
enemigos, la desmienten testimonios, al parecer irrefutables, de que
se defendió con su revólver mientras corría hacia un monte cercano al
claro de los ranchos donde lo sorprendieron.
Quedan, sin embargo, otras incógnitas, aseguran los historiadores
mencionados. Preguntan: «¿Cuántas heridas recibió? ¿Sabían los
españoles a quién iban a buscar o fue una sorpresa para ellos dar con
Céspedes? ¿Quién fue el práctico que guió la columna? Los vigías que
debían dar la alarma al presentarse el enemigo por aquellas sierras,
¿lo hicieron y no se oyeron sus disparos? Por último, las preguntas
que hielan: ¿fue delatado el refugio de Céspedes?; y si fue delatado,
¿quién fue el traidor?».
Recapitulemos los hechos. El 27 de octubre de 1873, en Bijagual de
Jiguaní, la Cámara de Representantes depone a Céspedes de la
Presidencia de la República. Dos días después se le priva de su
escolta y de su ayudantía, se le conmina a instalarse en la zona donde
se mueve el nuevo Gobierno y, como a los vencidos en la antigua Roma,
se le obliga a marchar a la saga del Ejecutivo. El 27 de diciembre
recibe la autorización para moverse libremente. Se dirige hacia
Cambute, donde piensa esperar el pasaporte que le permitiría salir de
la Isla, pues no quiere hacerlo como un desertor, sino con la
aquiescencia del Gobierno. A fines de enero, los españoles se mueven
cerca de Cambute; se teme que lleguen al campamento del «Presidente
viejo» y el brigadier José de Jesús Pérez le recomienda que busque
refugio en San Lorenzo, en la Sierra Maestra, donde llega el 23 de
enero de 1874. Justo un mes después se le comunicaba oficialmente que
el Gobierno le negaba la salida del país.
Escriben los ya aludidos Pichardo y Portuondo: «Así quedó sellada la
suerte del Padre de la Patria: solo, indefenso en San Lorenzo y sin
permiso de salida, estaba a merced del primer delator que guiara a los
españoles hasta su retiro».

Peligro
San Lorenzo, en la margen derecha del río Contramaestre y entre varios
arroyos, estaba enmarcado en la jurisdicción militar del brigadier
Pérez, amigo devoto de Céspedes, que en su momento se había mostrado
contrario a la deposición del Presidente. Era, además, el militar
hombre desafecto al mayor general Calixto García. No se mantuvo por
mucho tiempo más en el cargo. Lo sustituyó el coronel Benjamín Ramírez
que, lejos de garantizar la seguridad del «Presidente viejo», lo dejó
indefenso al quitarle al capitán José Lacret, prefecto del lugar, las
pocas armas de que disponía para la defensa de la localidad.
El joven Lacret se percató de la enorme responsabilidad de tener en su
prefectura al iniciador de la Revolución Cubana. Para protegerlo,
situó una guardia nocturna en torno al bohío que ocupaba, pero
Céspedes la rechazó; solo la aceptaría, adujo, de disponerlo el
Presidente de la República. Alegó Lacret que aquella custodia era
competencia de la prefectura, y explicó que el centinela apostado en
el Cordón del Loro, altura desde la que se dominaba una gran
distancia, era el encargado de anunciar la presencia enemiga con uno o
varios disparos, perfectamente audibles en San Lorenzo y otros lugares
de la Maestra
El nuevo presidente, Salvador Cisneros Betancourt, Marqués de Santa
Lucía, se dio cuenta del peligro que corría su antecesor y pidió a la
Cámara que se le proveyese de una custodia porque, decía el Marqués en
su mensaje, «la personalidad de Céspedes está tan adherida a la
Revolución que abandonarlo a sus propios recursos por haber cesado
como Presidente, sería un desagradecimiento…». La Cámara nada hizo;
alegó que no podía inmiscuirse en un asunto administrativo.

Vivir en san lorenzo
La vida del prócer en San Lorenzo era sencilla y metódica. Tomaba su
baño diario en una charca cercana a su bohío y almorzaba a las diez de
la mañana. El ajedrez, juego en el que era un verdadero experto, era
su entretenimiento preferido. Enseñaba a leer y a escribir a dos niños
del lugar. Para ello se valía de una cartilla de madera confeccionada
por él mismo y de gruesas hojas de cupey en las que se escribía con
palitos con la punta aguzada. Instruía además a aquellos niños en el
arte de la declamación. Los cinco años pasados en campaña no le habían
hecho perder sus modales de hombre de mundo y su conversación era
exquisita. Recibía visitas y gustaba de hacerlas. Degustaba el café en
la vivienda de las hermanas Beatón y era asiduo a la de Francisca
Rodríguez y su hija Panchita, con la que tenía amores. Llevaba un
diario, que cayó en poder de los españoles cuando asaltaron San
Lorenzo y se creyó perdido durante años. El historiador Eusebio Leal
lo publicó al fin en 1992, 117 años después de haberse escrito su
última página. Escribía también largas cartas a su esposa Anita.
Llevaba un mes en San Lorenzo cuando se le recomendó que buscara un
sitio más retirado. El coronel Benjamín Ramírez insistió en el asunto
y le ofreció una escolta para que lo custodiara en el traslado. Su
hijo Carlitos insistía también para que cambiara de refugio. Céspedes,
sin embargo, no quería moverse de San Lorenzo. Esperaba el pasaporte y
el aviso con los detalles de su viaje. Cuando llegaran, prometió a su
hijo, buscaría otro campamento. Cuando recibió el aviso de que no
habría pasaporte y, por tanto, tampoco viaje, no había ya razón alguna
para permanecer en San Lorenzo. El traslado sería el 28. No podía ser
antes porque los rancheros habían salido en busca de viandas.

El último día
El 27 de febrero de 1874 se acaba la vida del Padre de la Patria. Como
si presintiese el final, deja escrito en la última anotación de su
Diario su opinión sobre sus enemigos, que «debo consignar por lo que
importar pueda en adelante». De Estrada Palma dice que es tan inmoral
en sus costumbres privadas como hipócrita en sus manifestaciones
públicas; hombre que exigía a las mujeres una pureza ideal para luego
hacer madres a las hijas de sus mayorales. Al Marqués lo caracteriza
como «ignorante, arruinado, petardista, vicioso, puerco», sin más
consideraciones que las que le da su título. «Cínico, charlatán,
descarado e intrigante… aprovechado de las hazañas de otros», llama a
Marcos García, a quien hubo que sumariar en 1870 y «no apareció más
hasta ahora que vino a atacarme con desvergüenza para que la Cámara le
reconociera su grado de General de Brigada». El «necio» de Juan
Bautista Spotorno es «ligero, imprudente, ignorante y poco amigo de
hallarse cerca del soldado español, no obstante ser un Coronel del
ejército…».
Ese día ha sido invitado a almorzar en la casa de Evaristo Millán, que
vive a una legua de San Lorenzo, pero amaneció sin deseos de pasear y
pidió a Lacret, que tenía los caballos preparados, que excusara su
ausencia. Viste con una elegancia insospechada, paradójica dada la
rusticidad del ambiente circundante: chaqué de paño negro, pantalón de
casimir oscuro, chaleco de terciopelo a cuadros con rayas punzó.
Almuerza en compañía de Lacret y, luego de jugar una partida de
ajedrez, pasa a tomar café, como era su costumbre, en la casa de las
hermanas Beatón. Hace luego una visita a la amante. Está allí cuando
una niña que pedía un poco de sal avisa de la presencia española.
Corre Céspedes, revólver en mano, por entre la maleza en busca de un
farallón por el que piensa despeñarse en el intento de librarse de los
que lo persiguen. El plan no es del todo descabellado. Pero los
soldados no le dan tiempo: se le enciman en cuanto lo ven salir de
casa de Panchita. Unos 300 metros lo separan del barranco. Con 55 años
de edad y casi ciego, el Padre de la Patria tiene las de perder en
aquella carrera. Los perseguidores acortan la distancia. Céspedes,
cerca ya del abismo, se vuelve y dispara. Corre de nuevo y al borde de
la sima dispara sobre el enemigo más cercano, el sargento González
Ferrer. Dispara también el sargento, a boca de jarro, y el hombre del
10 de Octubre cae al vacío.
¡Han muerto al presidente!
Céspedes, que nunca andaba solo, salió ese día de la casa sin
compañía. ¿Dio la señal el vigía del Cordón del Loro? ¿La dio y no se
escuchó en el caserío? Se dice que los españoles llegaron a San
Lorenzo guiados por alguien que conocía la zona, que pudo burlar las
guardias y sabía quién era el que allí se ocultaba. La historia ha
barajado varios nombres. El historiador Gerardo Castellanos dice que
el práctico y posiblemente el delator del refugio de San Lorenzo fue
el negro lucumí Ramón Jacas o Papá Ramón, soldado mambí conocido
también como Ramón Bradford. Apresado por los españoles, fue condenado
a muerte, pero se le concedió la vida a cambio de servir de práctico a
la columna española. Realizado el servicio, escapó y volvió a las
filas insurrectas, donde nunca dejó de lamentarse de su participación
en la muerte de Céspedes.
Aun así, ¿sabían los españoles que el «titulado Presidente de Cuba» se
ocultaba en San Lorenzo o fue su muerte fruto de la casualidad?
Fernando Figueredo aseguraba que todo fue casual. Basaba su opinión en
lo que una de las hermanas Beatón contó después al prefecto Lacret.
Para sacarlo de la furnia, los españoles amarraron el cadáver con una
soga y lo arrastraron hasta la presencia de Panchita. Esta entonces,
con gritos de desesperación y en la mayor angustia, exclamó: «¡Ah, ese
es el Presidente! ¡Han muerto al Presidente!». Entonces el jefe
español lamentó su mala fortuna por no haber tenido noticias antes de
quien era la persona que acababan de ultimar.
La versión del suicidio la desmiente el parte oficial español sobre
los sucesos del 27 de febrero de 1874, que se conserva en el Archivo
Militar de Segovia. Lo firma el jefe del Batallón de Cazadores de San
Quintín, responsable del asalto a San Lorenzo. Dice el documento: «El
Capitán de la 5ta. Compañía, don Andrés Alfonso, y el Sargento 2do.
Felipe González Ferrer con cinco soldados fueron los que dieron muerte
al referido Céspedes, el cual disparó un tiro de revólver al Capitán y
otro a dicho Sargento y sin embargo de mis voces de date prisionero no
fue posible se entregara…», versión que coincide con las dos cápsulas
disparadas que tenía el revólver de Céspedes cuando, en 1913, fue
entregado al museo de Santiago de Cuba.

Muerto y desenterrado
Expuesto en calzoncillo en el Hospital Civil santiaguero, el cadáver
de Carlos Manuel de Céspedes, Padre de la Patria, presenta un orificio
de bala a la altura de la tetilla izquierda, un ojo muy amoratado y el
cráneo hundido. Lo inhuman en una fosa común.
En la oscuridad de la noche, bajo la lluvia y alumbrados solo por la
luz de los relámpagos, seis hombres se mueven en total silencio por el
cementerio de Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba. No son seres
escapados de sus tumbas, sino seis patriotas que decidieron rescatar
los restos de Carlos Manuel de Céspedes, a fin de impedir que se
pierdan para siempre. Encabeza el grupo Calixto Acosta Nariño,
corresponsal secreto de Céspedes en Santiago de Cuba, que había visto
su cadáver cuando lo expusieron en el Hospital Civil de esa ciudad. Lo
conforman Luis Yero Budén y José Navarro Villar. Hay también tres
negros en el grupo. Pero sus nombres lamentablemente no quedaron
recogidos en la historia.
Cavan en la fosa, identifican y extraen el cadáver del expresidente y
lo llevan a un lugar seguro, donde después se erigiría el panteón de
quien, en una carta a su esposa, Ana de Quesada, redactó su propio
epitafio: «En cuanto a mi deposición, he hecho lo que debía hacer. Me
he inclinado ante el altar de mi Patria en el templo de la ley. Por mí
no se derramará sangre en Cuba. Mi conciencia está muy tranquila y
espera el fallo de la historia».









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Ciro Bianchi Ross
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jueves, 13 de octubre de 2016

DE CÓMO Y POR QUÉ DESCANGALLARON A RAFAEL RAMÍREZ. NOCHE DE LOS CUCHILLOS LARGOS


ELIGIO DAMAS




            Cuando Maduro asumió la presidencia me atreví a afirmar entre amigos, fundamentado en esa maña nuestra de hacer de político y mago con bola de cristal usualmente ahumada, que pese al rol que había jugado Ramírez, ese que llamamos “Zar de la economía”, habiendo sido PDVSA, como lo sigue siendo, la gran financiadora de toda actividad estatal y hasta fuera de él, dentro y fuera del presupuesto ordinario de la nación, eso que suelen llamar en el lenguaje coloquial “la caja chica”, que no es tan poca cosa, saldría no sólo de ese cargo sino que le pondrían a un lado. Hasta llegue a ser más preciso y me atreví a asegurar que iría al servicio exterior como Canciller de la República.

            ¿Por qué me atreví a decir aquello de un tipo que estando Chávez enfermo en Cuba era uno de los pocos que tenía acceso a su limitado espacio? El propio Giordani me confirmó algo que ya sabía por otros medios. Ramírez, quizás en razón de la importancia del cargo que desempeñaba, el rol del ingreso petrolero en la estrategia y táctica gubernamental y por las tendencias a la caída de los precios del petróleo que ya se avizoraban, tenía opción de acceder a aquel reducido círculo. Se le necesitaba para informar detalles de importancia que el líder requería. Pero también parece obvio que habiendo sido por tantos años “el zar de la economía”, desempeñado cargos de alta importancia en el partido, no habiendo nunca dado muestras de discrepar del presidente sobre nada, formase parte del primer anillo. Lo que no quiere decir, pues los hechos me desmentirían, que fuese miembro importante de algún grupo cuantitativamente significativo como para impedir su caída y mantenerlo en el status que había conservado.

            El servicio diplomático, generalmente se le tiene como una sinecura deliciosa, exquisita. Si es en Paris, Londres o Nueva York es “como un sueño que a muchos quita el sueño”. Pero también en veces puede ser un premio de esos que llaman de consolación. Un “si” para que te calles. Un político exitoso que aspira seguir siéndolo y por demás revolucionario, no suele dejar sus responsabilidades adentro, en medio de los acontecimientos, al frente del proceso por irse a una embajada o representación como esa de la ONU. Eso es más apropiado para un intelectual sin interés por las tareas políticas cotidianas y sin haber nunca aspirado a jugar el rol de dirigente. Y eso de querer descansar en el mundo de la diplomacia pareciera, según piensa uno, no haber sido lo que Rafael Ramírez aspiraba.

            A Ramírez le sacaron del juego. Le nombraron Canciller como creí que lo harían por razones de historia, para no decir una intemperancia, y más temprano que tarde le enviaron fuera del país, a la ONU y le sustituyeron por una persona que, sin poner en duda los méritos que pudiera haber tenido y negar el rol que posteriormente ha jugado, por sus nexos familiares parece estar más vinculada a uno de los poderosos grupos que quedaron con el control del PSUV y de los primeros nombres de la horizontalidad que maneja ese partido. A Ramírez le enviaron lejos del espacio donde se decide la política del gobierno. Lo anterior sirve para comprender, sin mucho enredo y sin perder el tiempo buscando pruebas, que no lideraba, ni siquiera formaba parte de grupo importante alguno dentro del chavismo. Quizás sólo fue un individuo que gozó de la confianza de Chávez y mostró a este eso que mi amigo, con quien conversé sobre el tema central de este trabajo, sostiene que privilegiaba, lealtad en exceso. Pero muerto el líder, desaparecido el jefe, a quien debes tu elevado status, si no tienes un grupo fuerte al cual lideras o eres figura importante, no tienes opción a estar entre los altos mandos.

            De las informaciones que uno recoge sobre Rafael Ramírez, destacan dos cosas. En primer lugar se trata de un personaje más dedicado a asuntos relacionados con su profesión, la ingeniería mecánica y asuntos empresariales. La política parece haber sido para él algo de poca relevancia, por lo que prefirió llegar al nivel que alcanzó a partir de esa, su formación universitaria y unos vínculos personales que le sirvieron de mucho. Para algunos, desde la ULA, tuvo contactos muy cercanos con Adán Chávez, amistad que le será de mucha utilidad para acercarlo al hermano menor. Con éste y valiéndose del hermano, al parecer, pudo tener conversaciones aun antes del acontecimiento del 4F. Pero también se cuenta que estuvo cerca de Kléber Ramírez, persona que antes hemos mencionado y a quién Chávez tuvo en muy buena consideración, tanto que con frecuencia hacía alusión a algunos de sus planteamientos, de la misma manera que de los de Alfredo Maneiro. Kléber Ramírez formó parte del Partido Ruptura, organización de vida clandestina de poca significación y peso en la vida venezolana,  ni siquiera conformó una fuerza digna de tomar en cuenta y en la cual apoyarse para ofrecer una referencia de peso en el chavismo, como sí lo logró la Liga Socialista de Maduro. Es decir, Rafael Ramírez no llega al chavismo, como el actual presidente, contando con el respaldo de una fuerza organizada, más menos sólida, de vida libre y con derechos dentro del MB-200 primero, luego en MVR y finalmente en el Psuv.

            En segunda instancia, en el ascenso de Ramírez, de poca base de sustentación para el largo plazo, tuvieron marcada influencia sus relaciones personales, que parecen haber empezado con Adán Chávez y luego con Alí Rodríguez Araque, procedente este de los viejos cuadros guerrilleros y luego de la militancia en la Causa R de Alfredo Maneiro. Lo que le permite a uno aplicarle una vieja frase, que es un lugar común, Ramírez, caminó en la política en un nivel muy alto, tan alto como sus propias relaciones personales y familiares, pero con pie de barro. Por eso, pese haber llegado a estar en el primer anillo de Chávez, al morir este, pasar a un segundo plano uno de sus mentores, un aparente aunque discreto discrepante, Alí Rodríguez, y no por las cosas que de él se dicen sobre negociaciones muy complicadas y lo relacionado a su entorno familiar, como el rol de la madre de su esposa en asuntos relacionados con PDVSA, fue sacado de los primeros planos nombrándole Canciller para luego ser enviado a la ONU como premio de consolación. Pasaron los tiempos de quien había sido el zar de la economía, decapitador de Vanessa Davies, por haberse atrevido ésta a ejercer el periodismo como manda la ética ante él, atreverse a repreguntarlo sobre algo que había afirmado. Finalmente queremos destacar que Ramírez tuvo buenas relaciones personales, un entorno familiar influyente y de buenos contactos, poder al mando de la economía, pero al momento de contar las fuerzas dentro del chavismo, estaba esmirriado, para no decir solitario.

            Conste que no le hemos dado valor a lo que ahora uno escucha entre partidarios de quienes ahora tienen el mando, como que se dedicó a otorgar dólares a diestra y siniestra a importadores, personas de su entorno, para negociaciones en donde presuntamente salió deteriorado el interés nacional. Y no lo hacemos porque ya para ese tiempo, los precios del petróleo se habían derrumbado, tanto que la vasija estaba vacía y Dólar to Day había impuesto su mandato. Los esfuerzos para “torcerle el brazo” al dólar paralelo resultaron inútiles, pues no había divisas para colocar en el mercado cambiario. Lo cierto,  verdadero,  que aun así, PDVSA seguía siendo, como todavía lo es, en buena medida, sin descalificar el propio bolsillo de los consumidores que a través del IVA sirven para sustentar  el gasto público, la Caja de Pandora, de donde sale casi todo para apaciguar los ánimos. Él estaba al frente y para más, manejaba los asuntos económicos, como antes dijimos en rol de “zar de la economía” y los nuevos dirigentes, como decimos en lenguaje coloquial, no podían seguir “calándose” aquel poder y señor poderoso sin sustento en la estructura partidista.


            He escuchado a ilusos decir que Rafael Ramírez está invernando, en una retirada táctica para volver. Pero eso no es más que una ilusión. Ramírez no tiene fuerzas ni disposición para agenciárselas. Así mismo, me imagino a tipos como Elías Jaua o Arreaza, apartados del respaldo y hasta entusiasmo que despierta el goce del poder.

martes, 11 de octubre de 2016

LOS AMIGOS CURAN

2016 12:22 PM, "Ismael" <ismael215@bellsouth.net>escribió:



F
Subject: LOS AMIGOS CURAN!!! QUE VIVA POR SIEMPRE LA AMISTAD.

 LOS AMIGOS CURAN!!! 
Ismael Hernandez Sarduy

Interesante descubrimiento:
Un estudio publicado por la Universidad de Los Ángeles indica que LA AMISTAD es verdaderamente especial.
Se descubrió que LOS AMIGOS contribuyen al fortalecimiento de la identidad y protección de nuestra salud y futuro.
Constituyen un REMANSO en medio del mundo real, lleno de tempestades y obstáculos.
Los amigos nos ayudan a llenar los vacíos emocionales y nos ayudan a recordar quienes somos realmente.
Después de 50 años de investigación, se identificó que existen sustancias químicas producidas por el cerebro que ayudan a crear y mantener lazos de amistad.
Los investigadores se sorprendieron  con los resultados del estudio:
Cuando es liberada la hormona OXITOCINA como parte de la reacción frente al estrés, los amigos sienten la necesidad de agruparse.
Y cuando los AMIGOS se juntan, se produce una cantidad aún mayor de oxitocina (estimula el amor y la ternura), de endorfinas, de dopamina y de fenilananina (genera entusiasmo y alegría), que reducen el estrés más agudo y más bien provocan sensaciones agradables y divertidas.
Se cree fehacientemente que LA AMISTAD PROLONGA LA VIDA. (Las personas que no tienen óptimas relaciones de amistad, generalmente  no gozan de buena salud).
Por eso, tener amigos nos ayuda no solo a vivir más, sino también a vivir mejor.
El estudio sobre la salud indica que cuantos más amigos tengamos, mayores son las probabilidades de llegar a viejos sin problemas físicos y con salud plena.
También se observó que la amistad ayuda a superar los momentos críticos
(como la muerte del cónyuge o de un pariente cercano) y se percibió que quien puede confiar en un ser muy amado, o en sus amigos, reacciona y se recupera en un lapso menor que aquéllos que no tienen nadie en quien confiar.
El estudio concluyó que la amistad constituye una excelente fuente de alegría, fuerza, salud y bienestar....

GRACIAS POR SER MI AMIGO, YA HABIA NOTADO QUE TU AMISTAD ES UN OASIS …….GRACIAS

QUE VIVAN TODOS USTEDES LLENOS DE BENDICIONES MIS AMIGOS.

LOS SUECOS DEL NOBEL SE HACEN LOS "PAISAS" Y SANTOS, "EL SUECO"

ELIGIO DAMAS


            Alfredo Nobel, creó los premios que llevan su nombre, como una manera de comprar indulgencias, para lo que la iglesia oficial solía servir de mediadora, a causa de los daños ocasionados por sus inventos de guerra y sus actividades mercantiles; en este caso uno podría decir que no con escapulario ajeno, porque los reales fueron suyos. Así nació el Premio Nobel, que se otorga en varias áreas del conocimiento y la actividad intelectual.
            La actual Academia sueca encargada de otorgar ese premio cada año, pareciera no estar en buena sintonía con lo que Nobel buscó, cuando se sintió quizás arrepentido o responsable de tantos daños ocasionados a la humanidad, por intermedio de inventos y mercancías suyas como la dinamita. La Academia, o sus integrantes, parecieran empeñados en ganarse el respaldo unánime de los guerreristas y quienes hacen negocio con la guerra. Y en ese afán, actúan como con demasiada premura, pues se  están acostumbrando a adelantarse a los hechos. Parecieran actuar como los padres de antes, cuando no había medio de saber con exactitud el sexo del feto, sino en el momento mismo del nacimiento, se guiaban por aquellas predicciones basadas en la forma del vientre de la madre, como que si era puyudo, nacería un barón. Entonces a partir de aquello compraban y elaboraran los enseres del ser por nacer del color que le sugería la forma de la barriga. Por esa manera de actuar, la Academia Sueca, cree uno de la mejor buena fe, otorgó a Obama por adelantado el premio. Quizás, por ser como gusta a alguno decirlo, afrodescendiente, lo imaginó pacifista, enemigo de la violencia, sobre todo contra los pueblos humildes y se equivocó, como dicen los caraqueños, de metra. Resultó ser tan o más guerrerista que todos sus antecesores, tanto que ni él mismo se reconoce y todavía le queda mucho por hacer. Dicen que al final de período, los mandatarios de la Casa Blanca, son más peligrosos.
            Ahora mismo, otra vez jugando adelantado, la Academia ha decidido premiar para este 2016 a Juan Manuel Santos de Colombia, cuando el proceso de paz ha entrado, a partir del domingo en un oscuro túnel, sin que sepamos que espera al final.
            Los rasgos o hechos que uno ha podido medir en los dos últimos años, parecieran indicar que Santos ha estado interesado en la paz. Varios organismos internacionales y países, como Cuba y Venezuela, le prestaron apoyo porque han creído en su buena fe y disposición para cerrar ese viejo y horrendo episodio de la vida colombiana. Pese los hechos del pasado, ejercicio del Ministerio de la Defensa bajo la presidencia de Uribe, bombardeo en territorio ecuatoriano y falsos positivos, le dieron la oportunidad de mostrar su arrepentimiento. Pero los hechos recientes, prenden las alarmas y ponen en duda lo que antes pareció verdad plena. Todavía no está probado, de manera absoluta, que Santos haya trabajado por la paz. Su decreto de mantener el cese al fuego sólo hasta el 31 de octubre, después de lo sucedido, es como una advertencia a la guerrilla de “Corres o te encaramas”. Su apresuramiento de reunirse con Uribe y los factores promotores del NO para buscar acuerdos con ellos, modificar lo acordado con la guerrilla y la respuesta del uribismo de proponer una ley de amnistía “sólo para quienes sean amnistiables”, parecieran dibujar el cierre de una trampa tendida a quienes actuaron de buena fe.
            Es posible que uno se equivoque, lo que parece difícil al tomar en cuenta los intereses que median de EEUU y sus bases militares, el peso que significaría el acercamiento de todo el movimiento popular colombiano ahora en medio de un escenario distinto, pero en todo caso, lo prudente es esperar el desarrollo de los acontecimientos hasta sus últimas consecuencias. Por eso, la Academia Sueca, si actúa de buena fe, pareciera haberse atorado de nuevo y muestra no haber aprendido nada con lo de Obama; que quien se desborda en buena intención es uno, al pensar que los Académicos suecos han pecado por inocentes.
            No obstante, uno recuerda, como en la oportunidad cuando la Academia otorgó el premio de Literatura al gran escritor, dramaturgo, filósofo y pensador Jean Paul Sartre, este lo rechazó en protesta por la represión y violencia en el mundo contra los pueblos oprimidos, incluyendo Venezuela, cuando en este país gobernaba Betancourt y se aplicaba aquello de “disparen primero y averigüen después”.
          Si Santos tuviese no lo santo, pero si lo noble de Sartre, por lo menos debería negarse a aceptar el premio Nobel, hasta que el proceso culmine y se despejen las dudas.

           Pero uno sospecha que los suecos actúan haciéndose “los paisas” y Santos, “el sueco”.


--

UN" NO" QUE NOS OBLIGA A LA REFLEXION


CRÓNICAS CUBANAS.



Por Félix Sautié Mederos



Queridos lectores de Crónicas Cubanas, realmente me encuentro conmocionado
por lo que está sucediendo a mi alrededor: las guerras interminables en el
Medio Oriente, la crisis política en la España de mis ancestros, los jóvenes
mexicanos que desaparecen y son asesinados, las sorpresas políticas de
diversa índole pero sorpresas al fin en Colombia, Argentina y Brasil, unidas
a la galopante salida de los cubanos que se marchan del país en número
creciente y para colmo ahora los estragos del Huracán Matthew en el extremo
oriental cubano para empobrecernos más aún de lo que estamos.



En este orden de cosas, el “NO” de Colombia lo considero “la tapa al pomo”
como popularmente podría decirse. Por otra parte, en tales circunstancias y
coyunturas tan aciagas, confieso que lo que más me está preocupando es la
impasibilidad e inconsecuencia de algunos que por aquí no se dan por
implicados en nada de eso, muy a pesar de que sus responsabilidades
oficiales les obliga al análisis sistemático de lo que sucede en este mundo
tan profundamente interrelacionado e interdependiente aunque ellos
preferirían que fuera lo contario. En especial optan por un aislamiento
sanitario, alejándonos todo lo que le es posible de INTERNET y ubicándonos
en donde nadie pudiera intercomunicarse en tiempo real tal y como las nuevas
tecnologías del Siglo XXI nos lo facilitan. No exagero, a lo que me refiero
quizás para muchos sea desapercibido, pero la realidad es que en nuestro
país vivimos en lo que pudiera ser una especie de autarquía caribeña en la
que oficialmente aparecemos como distintos; y en donde los movimientos que
nos sorprenden en la escala internacional, como la sorpresa del No en
Colombia algunos piensan que no nos implican. Esto nos sucede cuando en
realidad en el mundo de hoy, todo está íntimamente interrelacionado y TODO
tiene que ver con TODO.



En estas circunstancias que describo ha irrumpido como una corriente de aire
refrescante que nos sorprende de forma optimista, una nueva canción de
Silvio Rodríguez, denominada “Para no botar el Sofá” que ha sido publicada
como “canción editorial” muy recientemente en su Blog “Segunda Cita” (1).
Confieso que este nuevo poema cantado de Silvio, lo considero el mejor
exponente de lo que me propongo expresar en la presente Crónicas Cubanas.
Comienzo por decir que en sus primeros versos expresa una descripción muy
objetiva de lo que nos está sucediendo:



“Qué feos se ven los cuadrados

queriendo imponer su patrón,

en nombre de lo inmaculado

y de una sagrada razón…”



Además, en otro verso se refiere a una profunda actitud de no sentirse para
nada implicados en la causa de los nuestros problemas y de otros desastres
parecidos y/o recurrentes en el mundo de hoy:



“…La juventud se fuga en masa

y ellos se alteran

porque una boca no es de raza

o de su acera…”



Prosigo, refiriéndome a lo último sucedido que no deberíamos pasar por
alto: al “NO” en Colombia , a simple vista inexplicable y que debería
llamarnos a una reflexión e implicación más profunda después de tantos
esfuerzos realizados precisamente en La Habana, porque se opone a una paz
que es imprescindible. Estoy llegando a pensar que quizás lo que ese NO
pudiera significar es un mensaje sutil de los que lo votaron y sobre todo de
los que no fueron a votar en el sentido de que sienten no escuchados,
marginados, no tenidos en cuenta y al borde de una de las crisis espiritual
que nos afectan a todos en la actualidad planetaria. Pienso que quizás en
estas circunstancias, han buscado la forma en que más fácilmente podrían ser
oídos aunque quizás en el fondo no fuera realmente la mejor manera. La
exasperación es muy mala consejera y siempre puede ser aprovechada por los
odios oportunistas e interesados en medio de “una sociedad, que no se siente
representada en su conjunto ni por el ex mandatario (Uribe), ni por las
FARC, como tampoco por el gobierno” tal y como ha expresado un importante
analista político chileno (2) . Eso último salvando las distancias y las
diferencias específicas, en cambio en mi criterio en lo más íntimo, posee
algunos hilos conductores que nos son imprescindibles descubrir porque en su
interior más profundo se están moviendo coincidentemente dentro de las
intercomunicadas esencias del mundo que nos ha tocado vivir. Poco favor nos
hacen, los que insisten en meter la cabeza en tierra y no ver lo que está
sucediendo porque necesitan no sentirse implicados y negar toda su
incidencia sobre nuestra sociedad local para como reza la reciente canción
de Silvio “imponer su patrón en nombre de lo inmaculado”. Peor aun los que
optan por la “censura”, “la intolerancia”, “la constante evocación del
enemigo acecha” también señaladas en la letra de la canción a que me
refiero; y evitan por todos los medios aceptar sus responsabilidades y
sutiles implicaciones, cuando reitero que en nuestro mundo actual cada vez
más TODO está implicado con TODO, quiéranlo o no “los cuadrados” de siempre.



En este orden de cosas, considero que quizás tendríamos que evaluar si la
constante imagen de un lugar de donde se marchan masivamente muchos, donde
el pensamiento diferente es considerado símbolo enemigo y en donde lo
expresado en la canción de Silvio que describo en el anterior párrafo es lo
cotidiano, mientras que los detenidos en el tiempo no se cansan de reiterar
su más de lo mismo y que como dice la canción en otro de sus versos que
considero geniales:

“…Y mientras se imaginan majos

de la conciencia,

la realidad es un relajo

de ineficiencia…”



A buen entendedor pocas palabras y los que tengan oídos para oír, oigan que
cada vez es más tarde. Así lo pienso y así lo expreso en mi derecho a
opinar, cuando se cumple un nuevo aniversario (49 años) de la muerte del
Che asesinado en Bolivia, a quien no puedo olvidar. Lo afirmo además con mis
respetos por el pensamiento diferente y sin querer ofender a nadie en
particular. <mailto:fsmederos@gmail.com> fsmederos@gmail.com



(1) Ver “Segunda Cita” <http://segundacita.blogspot.com/>
http://segundacita.blogspot.com/, domingo 2 de octubre del 2016

(2) Pablo Jofre Leal. “Una oportunidad perdida para la paz” Telesur WEB
6,10,16

domingo, 9 de octubre de 2016

COMO MURIO CARLOS MANUEL DE CESPEDES (1)

Cómo murió Carlos Manuel de Céspedes (I)
Ciro Bianchi Ross • digital@juventudrebelde.cu
8 de Octubre del 2016 21:02:16 CDT


En el campamento de la Somanta recibió Carlos Manuel de Céspedes la
notificación del acuerdo de la Cámara de Representantes que lo
despojaba de la presidencia de la República. Se cuenta que el oficial
que le llevó el aviso lo encontró ante una mesa tosca, ingiriendo su
colación habitual, en un ambiente de total pobreza. Céspedes, que ya
sabía del acuerdo de la Cámara, tomó el sobre y lo colocó junto a su
plato. El mensajero, con respeto, lo instó entonces a que leyera el
aviso; temía que sufriera algún percance si se imponía de su contenido
después de la comida. Céspedes desatendió el pedido. Dijo: «Joven,
siéntese a compartir mi mesa, y así podrá usted decir el día de mañana
que almorzó con un Presidente. Si abro el sobre ahora, no será
posible…».
En opinión de los historiadores Hortensia Pichardo y Fernando
Portuondo en su introducción a los escritos del Padre de la Patria,
publicados en 1974, la deposición de Céspedes fue la antesala de su
muerte. Dos días después de haberlo destituido, la Cámara lo privaba
de sus ayudantes, su escolta y sus convoyeros, y lo conminaba a
trasladarse a la residencia del nuevo gobierno mientras se hacían los
trámites de traspaso de los archivos de la Presidencia y varias
pertenencias oficiales. Estallaban de golpe los odios y rencores que
sus enemigos disimularon mientras ocupó la presidencia. Como los
adversarios vencidos en la antigua Roma, se vio obligado a seguir al
Gobierno durante tres largos meses, sin dejarse humillar, sabiendo dar
la respuesta oportuna a cada insolencia, a cada injuria.
El suplicio terminó el 27 de diciembre de 1873. Ese día, Céspedes
recibió autorización para moverse libremente o mantenerse en la órbita
del gobierno. Se decidió por lo primero. El ejecutivo se dirigiría a
Camagüey; Céspedes lo haría hacia Cambute, donde pensaba esperar el
pasaporte que le permitiría salir de la Isla. Su esposa, Ana de
Quesada, y no pocos amigos se concertaban para sacarlo de Cuba. Un
bote tripulado vendría a buscarlo para llevarlo a Jamaica. Pero el
hombre del 10 de Octubre no quiso dar ese paso como un desertor, sino
hacerlo con el beneplácito del Gobierno, que no podía, pensaba,
negarle el permiso. Pero sí podía hacerlo. El 23 de febrero le
comunicaban la negativa formalmente «porque el gobierno no cree
conveniente en manera alguna, que sin causa poderosa y justificada
salgan fuera de su territorio los que en él militan y le deben
forzosamente sus servicios».
Antes, en la segunda quincena de enero, supieron los mambises que
tropas españolas operaban cerca de Cambute, y el Presidente Viejo,
como ya se le llamaba, resolvió trasladarse a San Lorenzo, en la
prefectura de Guaninao, en la Sierra Maestra, refugio que le había
recomendado su amigo, el brigadier José de Jesús Pérez. Allí llegaba
en la noche del 23 con una comunicación para el prefecto del lugar.
Decía: «Capitán Prefecto José Lacret Morlot: Va a esa Prefectura el ex
Presidente de la República, ciudadano Carlos Manuel de Céspedes, en
calidad de residenciado. Calixto García».
¿Residenciado? Lacret Morlot no sabía qué significaba esa palabra.
Inquirió con el coronel Céspedes y Céspedes, hijo del Presidente que
lo acompañaba, y no supo o no quiso decirlo. Fue el propio Céspedes,
con la serenidad que lo caracterizaba, quien explicó: «Joven, esa
comunicación quiere decir que no podré moverme del lugar que usted me
señale sin expresa orden de usted». A lo que Lacret contestó:
«Presidente, estoy más que nunca a sus órdenes».
La Cámara vs. Céspedes
Antes de proseguir, cabe preguntarse si fue legal o no la deposición
de Céspedes aquel 27 de octubre de 1873, en Bijagual de Jiguaní. El
enfrentamiento entre el Legislativo y el Ejecutivo venía desde mucho
antes. Cuando en diciembre de 1869 la Cámara destituyó al mayor
general Manuel de Quesada de su cargo de General en Jefe del Ejército
Libertador, Céspedes, sin ocultar su disgusto por la medida, designó a
su cuñado agente confidencial de Cuba en el exterior, con la misión de
allegar recursos para la Revolución. Fue una forma de demostrar su
desacuerdo con la Cámara. El Presidente tenía la facultad
constitucional de nombrar ministros, embajadores, plenipotenciarios,
cónsules y agentes en el exterior. El nombramiento del General en Jefe
y su democión eran facultades de la Cámara de Representantes. El
Presidente era asimismo un funcionario de nombramiento cameral.
Se dice que cuando Quesada, ya destituido como jefe del Ejército y en
vísperas de su partida, fue a despedirse de Céspedes, lo instó a que
asumiera la dictadura. Pero Céspedes, hombre de leyes, se negó a irse
por encima de la Constitución vigente entonces en el campo insurrecto,
que era la de Guáimaro. Quesada le advirtió: «Tenga entendido,
ciudadano Presidente, que desde hoy mismo comenzarán los trabajos para
la deposición de usted».
Tuvo razón Quesada, y la Cámara lo demostró con la creación del cargo
de vicepresidente de la República y la designación de Francisco
Vicente Aguilera para ocuparlo, en un intento de sustituir a Céspedes
sin herir la sensibilidad de los insurrectos orientales, que sentían
un hondo respeto por Aguilera. Por otra parte, la Cámara consultó a la
Junta Republicana de Cuba y Puerto Rico, que concluyó que cesantear a
Céspedes tendría una repercusión desfavorable en el exterior.
Las tensiones entre el Legislativo y el Gobierno aflojaron a lo largo
de la segunda mitad de 1870 y el primer semestre del año siguiente. La
Cámara carecía de apoyo militar para deponer a Céspedes. Moría
«Moralitos», el implacable fiscal del Presidente, y Zambrana, otro de
sus enconados adversarios, se amiga con Quesada, y lo expulsan del
cuerpo. En Camagüey, centro del Poder Legislativo, la guerra se
endurece y no hay lugar para asambleas y discursos. Sin sosiego para
funcionar, la Cámara termina por declararse en receso luego de
investir al Presidente de poderes extraordinarios. Pasan los diputados
a Oriente y piden protección a Máximo Gómez. Asiste El Viejo a la
entrevista que sostienen con el Presidente, y Gómez advierte al
Gobierno de lo inconveniente que resulta que con el Ejecutivo se
muevan 150 hombres «desmoralizados», que comprometen su seguridad.
Recomienda que el Gobierno reduzca su personal a lo indispensable, a
fin de poder atender con desahogo su subsistencia y seguridad, y
moverse con la rapidez que exijan las circunstancias. Pide por último
que todos los hombres útiles pasen al Ejército y que la Cámara recese,
«pudiendo sus miembros retirarse a los puntos donde más le
conviniera».
El 25 de septiembre de 1873 reanuda la Cámara sus funciones. Tiene
ahora el incentivo de proceder a la destitución del Presidente. Lo
acusarán de extralimitación de facultades, nepotismo, lentitud y
obstrucción de las elecciones para cubrir vacantes de diputados y de
algunos cargos más. El «Presidente Viejo» en una larga carta a su
esposa, misiva que comienza el día 10 y termina el 23 de febrero,
cuatro días antes de su caída en combate, apunta las que él considera
las verdaderas causas de su democión: el nombramiento de Manuel de
Quesada al frente de la Agencia Confidencial, el interés de la Cámara
en inmiscuirse en los asuntos del Ejecutivo, la tentativa de convertir
al Presidente de la República en un mayordomo de cada diputado, y,
subraya Rafael Acosta de Arriba, la ambición de varios jefes mambises
que no estaban conformes con sus territorios ni con sus atribuciones y
que sabían de la resistencia del Presidente a contribuir a un nefasto
caudillismo que ya había causado estragos en las repúblicas
sudamericanas, una vez obtenida la independencia de España.
El golpe de Estado
Con relación al grave suceso de Bijagual de Jiguaní, dice Enrique
Collazo que se cubrieron las apariencias, «pero se echó al aire la
semilla que sembrada por malas manos había de germinar más tarde en
las Lagunas de Varona. La ambición, el descontento y los rencores
personales se cubrieron con el respeto a la Ley».
Mientras tanto, ¿qué pensaba el Padre de la Patria? Le han arrebatado
la presidencia, pero, dice Acosta de Arriba, «el vencido en la pugna
de poderes no alzó su voz para reclamar, disentir o siquiera
protestar». Escribe: «Es verdad que el acuerdo de la Cámara adolece de
nulidad, pero no me toca a mí ventilar esa cuestión…». Y más adelante:
«En esta coyuntura, ¿qué debía hacer yo? Obedecer a lo dispuesto por
uno de los artículos de nuestra Constitución que faculta a la Cámara
para deponer libremente al Presidente…». Recapitula Acosta de Arriba:
«En fin, Céspedes sabía que un artículo de la Constitución de
Guáimaro, el noveno, permitía su deposición por la Cámara cuando esta
lo considerase, pero como jurista y constituyente que era, conocía
también que el proceso no había sido tan simple y que había habido
rejuegos, trampas y falacias leguleyas». Guarda silencio, sin embargo.
«En cuanto a mi deposición —escribe—, he hecho lo que debía hacer. Me
he inclinado ante el altar de mi Patria en el templo de la ley. Por mí
no se derramará sangre en Cuba. Mi conciencia está muy tranquila y
espera el fallo de la historia».
La sesión de la Cámara en la que se destituyó al Presidente de la
República en Armas se preparó de antemano, se ensayó como una obra de
teatro. En días previos se había montado el espectáculo. Se
practicaron los discursos, se dispuso quién hablaría primero y quién
después, y se distribuyeron las acusaciones que cada cual haría al
Presidente ausente.
Dieciséis diputados conformaban la Cámara de Representantes. El 27 de
octubre de 1873, cuando se depone a Céspedes en la reunión de Bijagual
de Jiguaní, eran, físicamente 13. El quórum mínimo permitido por el
propio Parlamento era de nueve diputados. Nueve fueron los camerales
que asistieron a la reunión de destitución. De ellos, solo ocho
votaron. Salvador Cisneros Betancourt, marqués de Santa Lucía, se
abstuvo. Dijo o insinuó que no lo haría por «pudor», ya que al ser el
presidente de la Cámara sería favorecido por la democión del
Presidente. Ante la ausencia del vicepresidente Francisco Vicente
Aguilera, Cisneros ocupó la presidencia con carácter interino.
Aguilera nunca la desempeñó. Jamás volvió a Cuba. El hombre más rico
de Oriente moriría en Estados Unidos en la mayor miseria.
La ausencia del Marqués privó a la Cámara de la legalidad de quórum.
Los generales Calixto García y Modesto Díaz, a quienes Céspedes había
requerido por el comportamiento inadecuado de sus tropas, apoyaron con
sus hombres la democión del Presidente en el primer golpe de Estado
que se registra en la historia de Cuba. Dice Rafael Acosta de Arriba:
«La muerte de Ignacio Agramonte había dejado expedito el camino a la
revuelta militar legitimada por la cobertura y la anuencia del órgano
legislativo, o sea, por los representantes de la Constitución, sus
“salvaguardas” y “garantes”».
En San Lorenzo
En su retiro de la Sierra Maestra, el Padre de la Patria juega ajedrez
y enseña a dos infantes a leer y a escribir, toma café en casa de unas
vecinas y lleva amores con Panchita, cuya juvenil compañía le hace
olvidar sus dolores y la lejanía de sus seres más queridos. Visitaba a
esa muchacha con la que tendría un hijo que no llegó a conocer, cuando
una niña del caserío avisó de la presencia española. ¿Hubo una
delación o fue casualidad? ¿Seguían los españoles el rastro del
«Presidente Viejo»? ¿Lo abandonaron a su suerte sus compatriotas?
Curiosamente ese día, como si presintiese el final, se vistió con sus
mejores ropas y, en su diario, pasó la cuenta a todos sus enemigos.
Corrió Céspedes, revólver en mano, a ponerse a salvo y, herido de
muerte, cayó por un barranco «como un sol de fuego que se hunde en el
abismo». Su cadáver solo presentaba una herida de bala, a boca
tocante, en la tetilla izquierda. ¿Suicidio, muerte en combate? Ya lo
veremos el próximo domingo.

ara vs. Céspedes
Antes de proseguir, cabe preguntarse si fue legal o no la deposición
de Céspedes aquel 27 de octubre de 1873, en Bijagual de Jiguaní. El
enfrentamiento entre el Legislativo y el Ejecutivo venía desde mucho
antes. Cuando en diciembre de 1869 la Cámara destituyó al mayor
general Manuel de Quesada de su cargo de General en Jefe del Ejército
Libertador, Céspedes, sin ocultar su disgusto por la medida, designó a
su cuñado agente confidencial de Cuba en el exterior, con la misión de
allegar recursos para la Revolución. Fue una forma de demostrar su
desacuerdo con la Cámara. El Presidente tenía la facultad
constitucional de nombrar ministros, embajadores, plenipotenciarios,
cónsules y agentes en el exterior. El nombramiento del General en Jefe
y su democión eran facultades de la Cámara de Representantes. El
Presidente era asimismo un funcionario de nombramiento cameral.
Se dice que cuando Quesada, ya destituido como jefe del Ejército y en
vísperas de su partida, fue a despedirse de Céspedes, lo instó a que
asumiera la dictadura. Pero Céspedes, hombre de leyes, se negó a irse
por encima de la Constitución vigente entonces en el campo insurrecto,
que era la de Guáimaro. Quesada le advirtió: «Tenga entendido,
ciudadano Presidente, que desde hoy mismo comenzarán los trabajos para
la deposición de usted».
Tuvo razón Quesada, y la Cámara lo demostró con la creación del cargo
de vicepresidente de la República y la designación de Francisco
Vicente Aguilera para ocuparlo, en un intento de sustituir a Céspedes
sin herir la sensibilidad de los insurrectos orientales, que sentían
un hondo respeto por Aguilera. Por otra parte, la Cámara consultó a la
Junta Republicana de Cuba y Puerto Rico, que concluyó que cesantear a
Céspedes tendría una repercusión desfavorable en el exterior.
Las tensiones entre el Legislativo y el Gobierno aflojaron a lo largo
de la segunda mitad de 1870 y el primer semestre del año siguiente. La
Cámara carecía de apoyo militar para deponer a Céspedes. Moría
«Moralitos», el implacable fiscal del Presidente, y Zambrana, otro de
sus enconados adversarios, se amiga con Quesada, y lo expulsan del
cuerpo. En Camagüey, centro del Poder Legislativo, la guerra se
endurece y no hay lugar para asambleas y discursos. Sin sosiego para
funcionar, la Cámara termina por declararse en receso luego de
investir al Presidente de poderes extraordinarios. Pasan los diputados
a Oriente y piden protección a Máximo Gómez. Asiste El Viejo a la
entrevista que sostienen con el Presidente, y Gómez advierte al
Gobierno de lo inconveniente que resulta que con el Ejecutivo se
muevan 150 hombres «desmoralizados», que comprometen su seguridad.
Recomienda que el Gobierno reduzca su personal a lo indispensable, a
fin de poder atender con desahogo su subsistencia y seguridad, y
moverse con la rapidez que exijan las circunstancias. Pide por último
que todos los hombres útiles pasen al Ejército y que la Cámara recese,
«pudiendo sus miembros retirarse a los puntos donde más le
conviniera».
El 25 de septiembre de 1873 reanuda la Cámara sus funciones. Tiene
ahora el incentivo de proceder a la destitución del Presidente. Lo
acusarán de extralimitación de facultades, nepotismo, lentitud y
obstrucción de las elecciones para cubrir vacantes de diputados y de
algunos cargos más. El «Presidente Viejo» en una larga carta a su
esposa, misiva que comienza el día 10 y termina el 23 de febrero,
cuatro días antes de su caída en combate, apunta las que él considera
las verdaderas causas de su democión: el nombramiento de Manuel de
Quesada al frente de la Agencia Confidencial, el interés de la Cámara
en inmiscuirse en los asuntos del Ejecutivo, la tentativa de convertir
al Presidente de la República en un mayordomo de cada diputado, y,
subraya Rafael Acosta de Arriba, la ambición de varios jefes mambises
que no estaban conformes con sus territorios ni con sus atribuciones y
que sabían de la resistencia del Presidente a contribuir a un nefasto
caudillismo que ya había causado estragos en las repúblicas
sudamericanas, una vez obtenida la independencia de España.

El golpe de Estado
Con relación al grave suceso de Bijagual de Jiguaní, dice Enrique
Collazo que se cubrieron las apariencias, «pero se echó al aire la
semilla que sembrada por malas manos había de germinar más tarde en
las Lagunas de Varona. La ambición, el descontento y los rencores
personales se cubrieron con el respeto a la Ley».
Mientras tanto, ¿qué pensaba el Padre de la Patria? Le han arrebatado
la presidencia, pero, dice Acosta de Arriba, «el vencido en la pugna
de poderes no alzó su voz para reclamar, disentir o siquiera
protestar». Escribe: «Es verdad que el acuerdo de la Cámara adolece de
nulidad, pero no me toca a mí ventilar esa cuestión…». Y más adelante:
«En esta coyuntura, ¿qué debía hacer yo? Obedecer a lo dispuesto por
uno de los artículos de nuestra Constitución que faculta a la Cámara
para deponer libremente al Presidente…». Recapitula Acosta de Arriba:
«En fin, Céspedes sabía que un artículo de la Constitución de
Guáimaro, el noveno, permitía su deposición por la Cámara cuando esta
lo considerase, pero como jurista y constituyente que era, conocía
también que el proceso no había sido tan simple y que había habido
rejuegos, trampas y falacias leguleyas». Guarda silencio, sin embargo.
«En cuanto a mi deposición —escribe—, he hecho lo que debía hacer. Me
he inclinado ante el altar de mi Patria en el templo de la ley. Por mí
no se derramará sangre en Cuba. Mi conciencia está muy tranquila y
espera el fallo de la historia».
La sesión de la Cámara en la que se destituyó al Presidente de la
República en Armas se preparó de antemano, se ensayó como una obra de
teatro. En días previos se había montado el espectáculo. Se
practicaron los discursos, se dispuso quién hablaría primero y quién
después, y se distribuyeron las acusaciones que cada cual haría al
Presidente ausente.
Dieciséis diputados conformaban la Cámara de Representantes. El 27 de
octubre de 1873, cuando se depone a Céspedes en la reunión de Bijagual
de Jiguaní, eran, físicamente 13. El quórum mínimo permitido por el
propio Parlamento era de nueve diputados. Nueve fueron los camerales
que asistieron a la reunión de destitución. De ellos, solo ocho
votaron. Salvador Cisneros Betancourt, marqués de Santa Lucía, se
abstuvo. Dijo o insinuó que no lo haría por «pudor», ya que al ser el
presidente de la Cámara sería favorecido por la democión del
Presidente. Ante la ausencia del vicepresidente Francisco Vicente
Aguilera, Cisneros ocupó la presidencia con carácter interino.
Aguilera nunca la desempeñó. Jamás volvió a Cuba. El hombre más rico
de Oriente moriría en Estados Unidos en la mayor miseria.
La ausencia del Marqués privó a la Cámara de la legalidad de quórum.
Los generales Calixto García y Modesto Díaz, a quienes Céspedes había
requerido por el comportamiento inadecuado de sus tropas, apoyaron con
sus hombres la democión del Presidente en el primer golpe de Estado
que se registra en la historia de Cuba. Dice Rafael Acosta de Arriba:
«La muerte de Ignacio Agramonte había dejado expedito el camino a la
revuelta militar legitimada por la cobertura y la anuencia del órgano
legislativo, o sea, por los representantes de la Constitución, sus
“salvaguardas” y “garantes”».
En San Lorenzo
En su retiro de la Sierra Maestra, el Padre de la Patria juega ajedrez
y enseña a dos infantes a leer y a escribir, toma café en casa de unas
vecinas y lleva amores con Panchita, cuya juvenil compañía le hace
olvidar sus dolores y la lejanía de sus seres más queridos. Visitaba a
esa muchacha con la que tendría un hijo que no llegó a conocer, cuando
una niña del caserío avisó de la presencia española. ¿Hubo una
delación o fue casualidad? ¿Seguían los españoles el rastro del
«Presidente Viejo»? ¿Lo abandonaron a su suerte sus compatriotas?
Curiosamente ese día, como si presintiese el final, se vistió con sus
mejores ropas y, en su diario, pasó la cuenta a todos sus enemigos.
Corrió Céspedes, revólver en mano, a ponerse a salvo y, herido de
muerte, cayó por un barranco «como un sol de fuego que se hunde en el
abismo». Su cadáver solo presentaba una herida de bala, a boca
tocante, en la tetilla izquierda. ¿Suicidio, muerte en combate? Ya lo
veremos el próximo domingo.



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Ciro Bianchi Ross
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