lunes, 21 de noviembre de 2016

POEQUE CHAVEZ ESCOGERIA A MADURO?


 

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Subject: [BLOG DE ELIGIO DAMAS] ¿POR QUÈ CHÀVEZ ESCOGERÌA A MADURO?
From:Eligio Damas <no-reply@blogger.com>
To:mareamia <mareamia@aol.com>
Date:Sat, Nov 19, 2016 6:21 pm

III. Maduro, el escogido

            A Maduro se le aceptó como el sucesor del “Comandante” con toda tranquilidad. No porque gozase de un gran prestigio o liderazgo, sino por el acuerdo tácito que era necesario mantener las fuerzas unidas y lealtad a quien había generado aquel movimiento extraordinariamente amplio que coincidía en la audacia de cambiar la sociedad y hacerla justa. Además, la “ausencia absoluta” del entonces presidente, imponía una nueva elección presidencial en lo inmediato, treinta días apenas, y no había otra opción que atender la solicitud del Chávez, sobre todo en las circunstancias en que lo hizo. Maduro gozaba además del privilegio de ser el vicepresidente, algo así, aunque fuese sólo una cosa burocrática, como el segundo de abordo. Además, era muy natural que las huestes chavistas rindiesen un merecido reconocimiento “post morten” a su líder, atendiendo su petición. Además, Maduro había alcanzado mucho prestigio siendo Canciller de Venezuela por reproducir casi fielmente, en los foros internacionales, los muy asertivos y hasta audaces discursos del presidente Chávez.
            Muchas veces se me ha preguntado qué pienso acerca de lo que llevó a Chávez escoger a Maduro como su sucesor. Me he atrevido a responder un asunto sobre el cual no tengo informaciones precisas o detalles. Sólo sé lo que todo el mundo. Cuando Chávez se alza en 1992, lo hace sin amplios y profundas conexiones con el mundo civil, por lo menos, pese lo que diga alguien ahora, aquella manifestación no tuvo repercusión en la calle, lo que no niega hubiesen civiles contactados con los militares sublevados. Douglas Bravo en una reciente entrevista, dice haber tenido contactos y vínculos con Chávez antes del alzamiento del 4F, pero bien sabemos que el ex guerrillero, desde que bajó de las montañas, ha preferido una vida casi monjil, anacoreta. No queremos  decir que el gesto aquel que cerró con la frase “por ahora”, no impactara a los venezolanos y de inmediato atrajese enorme simpatía. En el Congreso de la república, aquel donde David Morales Bello,diputado entonces por AD, pidiese “muerte para los golpistas”, hizo eco tanto que aparte de Aristóbulo Istúriz, entonces en “La Causa R”, aquella de Andrés Velásquez, el Dr. Rafael Caldera, se expresó en actitud de explicar el gesto de los alzados a quienes en particular defendió de la acusación que tuviesen intención de asesinar al presidente, justamente la razón que esgrimió Morales Bello para su atrevida solicitud de ¡muerte a los golpistas!. Cualquiera pudiera alegar que el Dr. Caldera asumió aquella actitud calculadamente, tanto que eso le llevó a la presidencia de Venezuela por segunda vez; pero eso no niega, más bien fortalece la idea que los alzados y sobre todo su líder, alcanzaron después de develada la intentona, pasada la sorpresa, un gran respaldo popular. El “Caracazo” había mostrado el grado de inconformidad de un pueblo contra el paquete neoliberal y las intenciones de CAP, pese a que dos o tres meses atrás había sido elegido con el 65 % de los votos depositados, en un evento donde el índice de abstención fue bastante bajo.
            CAP llegó al poder bajo la expectativa creada por su primer gobierno, aquel de la abundancia, de la “Gran Venezuela”, del dólar a precio de Bs.4.30, “ta’ barato dame dos” y el mensaje que volveríamos a aquellos tiempos.
             El mismo Maduro, con frecuencia recuerda que su contacto con Chávez se produjo estando este detenido en la cárcel de “Yare”. Y según el mismo portavoz, es a partir de allí cuando él y los grupos o partido del cual formaba parte, comienzan a tener una relación fluida con aquél. Por lo que uno lee aquí y allá, muchos sectores estaban en conocimiento de lo que habría de suceder y hasta le veían con simpatía en virtud del deterioro del gobierno de CAP y su paquete neoliberal, pero eran pocos los ganados a sumarse a una aventura golpista de aquellas características o un accionar violento en las calles, haciendo de la cotidianidad, un estado de incertidumbre y temor que antes, desde los años sesenta, había resultado un fracaso, repudiado por las mayorías. En un libro que el ex embajador de Cuba en Venezuela escribió y publicó con posterioridad a la muerte de Chávez, aparece una nota en primera persona de Nicolás Maduro, donde deja claro que fue uno de los tantos sorprendidos con el alzamiento del 4F, pero si deja saber que había tenido noticias por intermedio de amigos suyos que en el ejército había un comandante que “hablaba a los suyos acerca del general Zamora y de ideas de justicia y transformación en Venezuela”. Por cierto,  no sé por qué le dio tanto valor a eso, porque abundaron los militares, antes de Chávez, que no sólo dijeron eso en los pasillos de la escuela militar, sino que hasta lo escribieron. Abunda la literatura al respecto.
            Es valedero mencionar aquí de nuevo, algo como olvidado, el primer gobierno en condenar la intentona militar del 4F fue el cubano. Claro, eso fue muy natural; este tenía relaciones normales con el gobierno de CAP y, la condena misma lo revela, no sabía absolutamente nada acerca de los alzados y como casi todos, hasta Maduro mismo, quien al tener la primera noticia por TV pensó en un golpe de la extrema derecha, pudo haber juzgado prudente lo que hizo su cancillería. La historia y la cultura política nuestra enseñaban que los golpes militares, salvo Carúpano y Puerto Cabello, de plena identificación con la izquierda, provenían siempre de la derecha y con fines dictatoriales.
            La izquierda en el Congreso de la República, con los votos del MAS, PCV y MIR, salvaron se condenase a CAP por aquel asunto del “Sierra Nevada”, barco regalado a Bolivia, en lo que tuvo mucho que ver lo que entonces se calificó la política internacional del gobierno venezolano, particularmente en lo relacionado con Cuba.
             Es importante como el presidente Maduro, muy coherente con esa concepción romántica que tiene de la historia y lucha política, donde las palabras lealtad, heroísmo, disciplina, en el mismo texto del  ex embajador cubano en Venezuela, se manifiesta emocionado por aquel liderazgo naciente, no “antes conocido por ellos”, se refiere al grupo del cual formaba parte, donde “nadie era más importante que nadie, nadie sabía más” y prevalecía el parecer de todos. Quizás, criticaba que esa disposición les conducía a la parálisis o al accionar cada uno por su cuenta, a escondidas del otro, tal como pudiera estarle sucediendo ahora mismo a la MUD. Es decir, Maduro siente en ese momento, que ha llegado el estado ideal, el líder necesario y la sustitución de aquella vieja idea del comando colectivo. Pareciera que las fallas del comando colectivo, que posiblemente no lo era tanto o no funcionaba como debía, hubieran sido para el ahora presidente, la falla fundamental de la izquierda venezolana. Hay coherencia en la práctica del hiperliderazgo, la idea del partido controlado por una estructura estrecha formada por cuadros de confianza,  lealtad y la euforia que despertó en Maduro la aparición de aquel líder necesario.
           Eso parece no diferir mucho de lo que expresaba, en cada conversación, un buen y viejo amigo adeco hasta el 4F, poco dado al estudio y sin nunca haber militado en ningún grupo, que “en este país lo que hace falta es un hombre con bolas”. Es esto y aquello, las dos, nada ajenas al “Cesarismo Democrático” de Laureano Vallenilla para fundamentar el régimen de Gómez. Es verdad que el pensamiento y aspiraciones de aquél joven que había luchado, leído y hasta oído hablar de las luchas infructuosas de la izquierda, más parecida a un archipiélago que a un proyecto unitario, estaba y está dirigido en dirección distinta y hasta opuesta al oriental teórico del gomecismo, pero coincidió en la idea de redimensionar la importancia del líder; por eso habla con tanta emoción del impacto que le produjo aquel hombre que se alzó y responsabilizó personalmente por los hechos, cosa poco común en Venezuela. Por eso mismo, en cuanto pudo, individualmente o en nombre y representación de su grupo o partido, estableció contacto con aquel impactante personaje, quien todavía, para ese momento, seguía creyendo que la opción suya, el camino para acceder al poder, era la violencia o lucha armada. Por esto, cuando se le acerca, allá en la cárcel, nace entre ellos una relación amistosa, compañeril que ambos valoran y hasta, según lo que uno lee y escucha, de subordinación al líder; que como el mismo dice, nunca había conocido y  creía necesario y vital, carismático que dirige, diseña las tareas, evalúa con rigidez y hasta logra insertarlo con las masas populares, a las cuales, por su rutinario accionar, ajeno a la vida de ellas, nunca habían podido llegar. Verse en breve tiempo rodeado de multitudes, sin duda alguna un producto del impacto que produjo Chávez, en un modelo agotado y repudiado, para Maduro y su gente fue “como un milagro de Dios”. Este “milagro” lo valora Maduro en buena medida. Era, según él, lo que les hacía falta. Un viejo amigo, militante de toda la vida de la izquierda, medio en broma y medio en serio, dijo una vez entre un grupos de amigos, “este hombre como si no los mandó Dios para unirnos a todos nosotros, más interesados en estar divididos que otra cosa y para más “ñapa”, nos vinculó al pueblo. Una y otra vaina, ya parecían sueños imposibles”.
            Viví la experiencia que los grupos afectos a Maduro desde el principio, provenían de formaciones políticas de la izquierda, que no mucho tiempo atrás, habían estado vinculados a la lucha armada y se trasladaron al movimiento chavista, primero al MBR-200 y luego V República, sin desintegrar sus fuerzas ni descomponer su orden organizativo y jerárquico. Pude presenciar como esos grupos, estando dentro del segundo de los nombrados partidos, se reunían en forma paralela y hasta fraccionalista, según mi anticuada percepción; y aquello para ellos no era ningún pecado y menos atentado a la unidad. Es más, creo que lo hacían con toda naturalidad, franqueza y todos veían aquello como normal. Incluso, el llamado Frente Francisco de Miranda, desde sus inicios tuvo la misma conducta, como Los Tupamaros. Aquello pues fue normal dentro de la vida del chavismo y el propio líder máximo lo aceptó con naturalidad y quizás en eso estuvo su éxito integrador.Quienes nos fuimos solos, que teníamos aquello como prácticas fraccionalistas, que a nuestro parecer fueron causas fundamentales de las eternas y persistentes divisiones, quedamos aislados y como náufragos. Pareció que ahora los fraccionalistas, quizás demasiado individualistas,  solitarios y hasta de hecho divisionistas, éramos nosotros.
             El líder en la calle, por supuesto Hugo Chávez, en un momento dado, concibe la idea, de “jugar con las mismas armas del adversario”, como le gusta alguna gente llamar la opción de la lucha electoral y, quienes le seguían, no vacilaron en acompañarle. Es obvio pensar que aquello debió pasar por muchas discusiones. Allá afuera, había una multitud esperando se le llamase a incorporarse a una forma de lucha que le parecía más comprensible y racional. A partir de allí comienza a conformarse el “chavismo” como una gigantesca fuerza cuantitativamente hablando y con un profundo sentimiento y aspiración de cambio. Por primera vez la fuerza revolucionaria trasciende la línea vanguardista y se desborda en la calle, se funde en las multitudes y esto plantea un nuevo, desconocido reto.
             Cuando Chávez llama a formar el PSUV, lo hace poniendo como condición que los partidos entonces en el GPP se pasasen, tal como lo habían hecho los grupos y partidos que antes mencionamos. Aquel llamado fue a incorporarse al nuevo partido, no a la desintegración de grupos. La misma “Marea Socialista”, nace o quizás mejor crece dentro del PSUV, como fracción o tendencia organizada. Es decir, mientras se producía aquello que llamaron el hiperliderazgo, se fortalecían y desarrollaban los grupos dentro del nuevo partido socialista.Chávez pudo manejar aquella situación con magia. Los grupos parecían condenados a aceptar aquel liderazgo como resultado de una imposición de la realidad. El líder lo era sin duda alguna el “Comandante” Chávez y quien no entendiese aquello, si aspiraba ayudar a empujar un cambio importante en Venezuela o ganar alguna indulgencia en la política u otras áreas, tenía que aceptar aquello de manera abierta, generosa o calculada. No obstante, partidos como el PCV, MEP, PPT optaron por no atender aquel particular llamado y prefirieron seguir como venían aunque incorporados al GPP y de esa manera respaldar la “Revolución Bolivariana. No obstante hubo figuras como Aristóbulo Istúriz y Jesús Farías, el primero del PPT y el segundo del PCV y unos miles más, si atendieron la solicitud del comandante. No obstante, en el caso del primero pareciera ser que no se fue sólo sino acompañado de la gente que desde años atrás seguía sus pasos o formaba parte de su círculo íntimo. Recordemos que fue el de este un largo recorrido que comenzó en AD, pasó por el MEP, la causa R y PPT, que uno recuerde para al final llegar al PSUV. En todo caso, cada grupo o individualidad puso interés en mantener su espacio y su gente. Es evidente que cuando alguno de ellos ha ocupado cargos de relevancia en el gobierno, cuida rodearse de sus íntimos, aun cuando tengan que ir de aquí para allá y abandonar eso que los gauchos llaman “sus pagos” o sus querencias.
            Es pertinente pensar que esa como federación de grupos, tendencias o partidos simulados, no hayan permitido el desarrollo, primero del MVR y luego el Psuv, como un partido democrático en el cual sus militantes tengan oportunidad de participar en el diseño de tareas, formulación de políticas y hasta en permanente interacción de abajo arriba y viceversa, como muchos hemos reclamado y Chávez llegó, por lo menos a exponer.     
            Pero, este es un asunto que menos conozco, es posible, alguien se encargará de investigarlo, tiene gran interés; los militares actuaron con el mismo criterio; como también lo hicieron individualidades como aquellas que en un principio se nuclearon alrededor de Luis Miquilena. Incluso, los militares pudieron al parecer nuclearse alrededor de los líderes de los alzamientos del año 92. Es decir, primero el MBR-200 y luego V República fueron una especie de federación de grupos; donde aquellos que ellos se integraron como individualidades sin entregarse a grupo alguno quedaron como islas,  en la ignorancia o plegarse a algún grupo para no sufrir el castigo del ostracismo. Pareciera que allí no hay cabida para quien no forme parte de un grupo, sin correr el riesgo que desde la perspectiva de todos ellos se le mire con desconfianza y “bueno para nada”.  No obstante conviene recordar que los militares produjeron dos golpes, el del 4F de 1992 dirigido por Chávez y el de noviembre del mismo año, bajo los liderazgos de Grúber Odremàn, de la Naval y Visconti de la Fuerza Aérea..
            Con algunas excepciones y anticipadas deserciones, la mayoría de esos militares pasados a la vida civil se integraron al llamado “frente militar bolivariano” que de hecho constituía otro grupo de naturaleza diferente a los formados por quienes hacían política con anterioridad en el mundo civil. Llegado aquí, es indispensable tratar el caso del comandante Arias Cárdenas. A los ojos del venezolano común, que es como decir la mayoría de la gente, Francisco Arias Cárdenas, fue el segundo de abordo en el alzamiento del 4F. Sin dificultades se hizo del poder en la zona del Zulia, detuvo al entonces gobernador Oswaldo Álvarez Paz, y hasta dio unas declaraciones que la prensa publicó donde expuso sus ideas y dejó la sensación que se trataba de un hombre democrático, lleno de buenas intenciones, patriotismo y buena dosis cultural, lo que le diferenciaba de la idea que teníamos sobre los militares. Al incorporarse al chavismo, pese sus diferencias con el máximo líder por su incorporación al gobierno de Caldera, superadas ellas, aparecía como figura de mucha importancia pero en lo que parecía interponerse la figura de Luis Miquilena. Arias pues estuvo con Chávez en la “intentona” del 4F  y en la cárcel de Yare.
            Cuando Arias Cárdenas rompió con Chávez y su movimiento, entonces se llamaba MVR o Movimiento Quinta República, se justificó en la desconfianza que le despertaba Miquilena, quien en aquel momento, hacía y deshacía a placer desde el Poder Legislativo y el partido. Pienso que mal calculó o procedió desinformado porque no estaba sólo en eso, pese los elogios y manifestaciones de cariño y solidaridad que el presidente solía dar en favor del viejo dirigente sindical a quien llegó a llamar en muchas ocasiones como “padre”.




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Publicado por Eligio Damas para BLOG DE ELIGIO DAMAS el 11/19/2016 03:21:00 p. m.

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