martes, 30 de agosto de 2011

CALLES DE MARIANAO

Calles de Marianao
Ciro Bianchi Ross • 27 de Agosto del 2011 20:34:55 CDT


Desconoce este escribidor cómo sería la cosa, pero imagina que antes
de la década de los 50 del pasado siglo no resultaría nada fácil
localizar una dirección en el territorio que se extiende al oeste del
río Almendares y que era entonces un municipio único, Marianao.

Pongamos solo un ejemplo y no precisamente de los más complicados. La
actual calle 42 llevaba el nombre de López Serrano entre las avenidas
Primera y Quinta. A partir de ahí y hasta la calle 17 era la avenida
Almendares, y se llamaba calle 12 entre la 17 y la avenida 41. La
situación se complicaba cuando se avanzaba hacia el oeste por el
Marianao antiguo y los nuevos repartos que crecieron a su alrededor.

En 1953 Marianao era ya el segundo municipio del país, por encima de
las capitales provinciales. Ningún territorio habanero creció durante
la República tanto como ese. Desde Almendares y Buenavista, fomentados
en 1904, hasta el Balcón de la Lisa, 50 años después. Entre una fecha
y otra surgieron —y cito sin atenerme a un orden cronológico—
urbanizaciones como las del Country Club, Barandilla, La Coronela, La
Sierra, Ampliación de Almendares, Miramar, Querejeta, Alturas de
Miramar, Kohly, Náutico, Flores, Alturas de Belén y Pogolotti. También
Finlay, Buen Retiro, Santa Felicia, Coco Solo. Zamora, San Rafael,
Versalles, San Agustín, El Bosque, Alturas del Bosque…

Las manzanas de Miramar miden cien metros por las avenidas y 200
metros por las calles. Solo la Quinta Avenida mantenía una
homogeneidad desde la salida del actual túnel de Calzada hasta la
rotonda del Havana Yacht Club, actual círculo social obrero Julio
Antonio Mella. Los otros ejes principales del municipio eran las
avenidas 31, 41 y 51, que atravesaban el territorio de este a oeste
con numerosas inflexiones.

Dentro de esa red principal se fomentaron las urbanizaciones ya
apuntadas. Se diseñaban según la superficie de las fincas rústicas
donde se asentaban y con las cuadrículas que más convenían a los
intereses de los parceladores, me dice el profesor José Salom Compañy,
un economista de la Construcción que participó en la rotulación de las
calles, avenidas y casas de Marianao y que debe ser de los pocos
sobrevivientes de esa empresa.

Añade el profesor Salom que desde la calle 36 hasta la 60, donde, por
la finca rústica de Monte Barreto, se interrumpían las parcelaciones
hasta la calle 84, desde el mar hasta la avenida Novena, existían seis
parcelaciones distintas como el Residencial Miramar, entre las
avenidas Primera y Quinta y las calles 36 y 42; y Ampliación del
Reparto Miramar, entre Quinta y Séptima y 36 y 42. La Sierra ocupaba
un polígono irregular entre 22 y 42 y Novena y 31, y sus parcelas se
orientaban en un ángulo de 45 grados aproximados con relación a la
Quinta Avenida. Le seguía el reparto Almendares, con igual cuadrícula,
hasta la calle 60…

A partir de Miramar
La empresa telefónica y la llamada Compañía Cubana de Electricidad
tenían especial interés en ordenar la numeración de las calles y las
casas de Marianao a fin de facilitar el control de la clientela y
agilizar las tareas de facturación y cobro. Fue precisamente el
subadministrador de la empresa eléctrica en el municipio quien asumió
la presidencia de la Comisión Local Urbana que, a instancias del
municipio marianense, promovió y dirigió la numeración de las
avenidas, calles y casas. Formaban parte de ese grupo representantes
de la Cuban Telephone Company, así como de la Alcaldía de Marianao,
ocupada entonces por Francisco Orúe González, un batistiano que
respondía por el sobrenombre de «el Cabito».

La nueva urbanización consideró como avenidas a todas las arterias que
corrían de este a oeste, paralelas al mar. Se les adjudicaron números
impares. Las vías orientadas de norte a sur, transversales a las
avenidas, resultaron calles y se les otorgaron números pares. En
algunos lugares, dada la irregularidad de las urbanizaciones, hubo que
añadir letras a los números que identificaban calles y avenidas. A las
casas y los solares se les numeró a partir de los dígitos de la
entrecalle y se añadió un número consecutivo que correspondía a la
parcela. El empeño partió, comenta el profesor Salom, de la numeración
de las vías del Reparto Miramar, que comenzaba en la calle 0 y llegaba
hasta la 36, en dirección este-oeste, y desde la avenida Primera hasta
la avenida Novena en dirección norte-sur. Esa numeración no fue
alterada.

La nomenclatura de las calles va de menor a mayor partiendo de la
desembocadura del río Almendares. Las de las avenidas va también de
menor a mayor desde la línea de la costa.

Se acepta la propuesta
Hasta ese momento el nombre o número de las calles se inscribía en una
placa elaborada en hierro fundido y posteriormente en calamina, que se
adosaba a la pared de edificaciones situadas en las esquinas. El
número de las viviendas estaba impreso asimismo en una placa. Esa
solución se hacía inoperante en los nuevos repartos donde las
regulaciones urbanísticas establecían que el área verde del parterre,
la acera y el jardín alejaran la edificación unos cinco metros de la
calle. En el Marianao antiguo la placa que indicaba el nombre o la
numeración de las vías podía mantenerse adosada a las edificaciones.
En las nuevas urbanizaciones se colocaron hitos prefabricados de
terrazo en los parterres de las esquinas, sistema ya usado, en la
década de los 30, en el Vedado y la Víbora. Así también lo hizo la
Asociación de Propietarios y Vecinos del Reparto Miramar. Se decidió
al fin que las señalizaciones en la nueva rotulación fueran elementos
prefabricados de terrazo, con granulado de mármol crema de Sagua,
aglomerado con cemento blanco y pulimentado después de grabar en su
superficie los números correspondientes, rellenados (los números) con
polvo de mármol negro de Pinar del Río, aglomerado con cemento blanco
teñido con polvo negro.

En esa fecha, la única empresa en Cuba capaz de acometer dichas
señales eran los Talleres Ornacem S.A., especializados en elementos
ornamentales prefabricados de mortero de cemento, terrazo y yeso. Y es
aquí donde el profesor Salom Compañy, que me suministró toda esta
información, se vincula al proyecto de rotulación de las calles del
antiguo municipio de Marianao. El padre de Salom era uno de los
propietarios de Ornacem y él se desempeñaba como el administrador de
los talleres. De inmediato se puso en contacto con la Dirección de
Construcciones del Municipio y de allí lo remitieron a la Comisión de
Rotulación, que aceptó la propuesta. Ya para ese entonces Ornacem
mantenía relaciones de trabajo con el Ayuntamiento de Marianao: le
ejecutaba el mobiliario urbano —bancos de terrazo, lozas de mortero
para pisos, jardineras, farolas y otros elementos prefabricados— para
los numerosos parques que se construyeron en la época en el
territorio.

Curiosidades y chapuzas
No me extenderé en el relato del diseño de los hitos y su fabricación.
Añadiré solo que su elaboración y colocación se organizó por medio de
croquis que mostraban las cuatro esquinas de la intersección de las
calles, señalaban los números de las vías y marcaban las dos esquinas
donde se colocarían. El presidente de la Comisión confeccionaba
personalmente esos croquis en original y dos copias. La primera
quedaba en las oficinas de la Comisión; el original y la segunda copia
se remitían a Ornacem. Una vez colocados los hitos, la empresa
constructora adjuntaba el original a la factura que pasaba a la
Comisión y con ese original en la mano un grupo de inspectores
verificaba si el hito había sido puesto o no, sus condiciones y si su
ubicación era la correcta.

Aun así, dice el profesor Salom y ríe con toda su risa, algunas
chapuzas se advierten en el trabajo. Como en el caso de la calle 30,
que entre las avenidas Primera y 31 atraviesa las avenidas Tercera,
Quinta y Séptima, pero al llegar a Novena, donde tiene lugar el
encuentro de los repartos Miramar y La Sierra, la esquina nordeste es
avenida Novena y calle 30, en tanto que la esquina sudoeste es 17 y
30.

Anotemos ahora una curiosidad que aporta mi interlocutor. La calle 10
hace en la avenida Novena una inflexión de unos 45 grados; es el
encuentro de los repartos Miramar y Alturas de Miramar. Continúa
entonces como Avenida 41, General Lázaro Cárdenas. Como
identificación, se construyeron unos hitos rectangulares que en su
parte superior llevan el rótulo de Ave. 41 y en la parte inferior
muestran el nombre del ilustre militar y político mexicano. Es el
único caso en el antiguo municipio de Marianao que se denominó con un
nombre una calle o avenida, aunque se respetó el número para no romper
la estructura del proyecto.

Tres años de trabajo
En las conversaciones iniciales entre el profesor Salom y la Comisión
para la numeración y rotulación de avenidas, calles y locales, no pudo
precisarse de entrada cuántos hitos sería necesario confeccionar. Se
habló de una cantidad tentativa. Se realizarían entre 2 500 y 3 000
unidades al precio de 25 pesos cada una; cifra esta a la que el
fabricante rebajó un 20 por ciento, cinco pesos. Disminución, en la
época, nada despreciable para el cliente, y manejable por parte de los
productores, dado el volumen de piezas que se debían ejecutar.

Precisa Salom Compañy: «La colocación de los hitos se organizaba
semanalmente. Cuando una cuadrilla de obreros de Ornacem S.A.,
dirigida por Felicindo Cid, encargado general de los talleres, se
trasladaba en uno o dos camiones plancha, con los hitos que se debían
colocar, los materiales y las herramientas necesarias para su labor.
Digamos, el mortero imprescindible para asentar los hitos se preparaba
en seco y se envasaba en sacos para su traslado. Se llevaban bidones
con agua para preparar el mortero en el lugar…».

El día anterior, Salom y Felicindo recorrían las áreas donde se
colocarían los hitos y comprobaban que los sitios estuvieses libres de
inconvenientes.

Recuerda Salom que el primer hito se emplazó en la esquina de la
avenida Primera y calle 80, y que la primera casa numerada fue la
8002.

La rotulación del territorio del antiguo municipio de Marianao demoró
tres años en total a partir de 1954 y lo convirtió, dice Rolando J.
Rensoli en su libro La Habana, ciudad azul, en un lugar «moderno y
grandioso».

Transcurrieron más de cinco décadas desde entonces y esos hitos, a
pesar del tiempo, los accidentes, el vandalismo y la negligencia,
siguen marcando el camino.












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Ciro Bianchi Ross
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