miércoles, 13 de febrero de 2013

UN HOMBRE EN UNA ISLA


Un hombre en una isla

El autor de El hombre que amaba a los perros, premio nacional de
Literatura, habla, entre otras cosas, de su paso por JR, de su próxima
novela y del debut de Mario Conde en el cine


Ciro Bianchi Ross
digital@juventudrebelde.cu
12 de Febrero del 2013 18:09:19 CDT

Está traducido a 15 idiomas y le han llovido, con justicia, los
reconocimientos dentro y fuera de Cuba. Cada uno de sus libros es un
éxito de crítica y público, y las ventas le permiten vivir de la
literatura y, sobre todo, para la literatura. Porque este escritor de
57 años de edad y vecino del muy habanero barrio de Mantilla, donde
nació y creció, es sobre todo un amante del oficio de escribir, un
hombre disciplinado y metódico que trabaja en su obra todos los días
posibles, de lunes a lunes.

Pronto aparecerá Herejes, la séptima novela que tiene como
protagonista a Mario Conde, uno de los personajes mejor delineados de
las letras cubanas y que quizá no demore en aparecer en el cine. Aun
después de la publicación de dos libros descomunales como La novela de
mi vida (2002) y El hombre que amaba a los perros (2009), una obra
inquietante y ambiciosa que muchos no vacilan en considerar su mejor
novela, Leonardo Padura insiste en no abandonar a ese detective que se
mueve con él en el tiempo y le permite reflexionar sobre la realidad
cubana. Un detective que su creador quiere cada vez menos policial y
más social, lo que lo lleva al tremendo reto de escribir una novela
policial sin policías y casi sin crímenes.

UNA OPCIÓN DE LIBERTAD

Es lo que sucede en Herejes. Un judío sefardí que vive en Holanda en
la época de Rembrandt pinta un cuadro. Viola de esa manera la ley
Mosaica que prohíbe a los judíos la representación de figuras. En un
país que es, en ese momento, el más rico y libre del mundo, hay
libertades que no se permiten. Pasan los años y llega a Cuba un niño
judío asquenazí, esto es, proveniente de la Europa del Este. Sus
padres también iban a venir a La Habana. Lo harían en el San Luis, un
barco cuyos pasajeros, ya con La Habana delante, no pudieron
desembarcar. Ellos traían la pintura que, con el tiempo, pese a que no
desembarcaron, aparecerá misteriosamente en la ciudad. El niño crece,
renuncia a su condición de judío y se hace cubano. Sale de Cuba en
1958 y se instala en Miami. Años después, su hijo vendrá para entender
por qué su padre se fue de la Isla y, sobre todo, por qué no llevó
consigo aquel cuadro que formaba parte del patrimonio familiar. Así,
pide ayuda a Mario Conde, que investigaba entonces sobre una muchacha
emo que desapareció cuando quiso dejar de serlo.

Si se le pregunta cuál es el tema de Herejes, el escritor responde que
es la búsqueda de la reafirmación personal y de una opción de
libertad. Tanto el judío como la muchacha, en un lapso de 300 años,
optan por su libertad individual.

Es una novela compleja, con un lenguaje rico y barroco, puntualiza
Padura. Le sería muy fácil escribir como lo hizo en los 90. Pero no
puede hacerlo después de un libro tan complejo como El hombre que
amaba a los perros, antecedido por otros como La novela de mi vida y
La neblina del ayer (2005). Aumenta el nivel de expectativas, y ha
logrado disponer de los medios para hacer la literatura que le
interesa. Precisa que en Cuba se simplifica la relación del escritor
con el mercado. Piensa que es el mercado lo que posibilita al escritor
ganar en independencia para decidir sobre lo que escribirá y el tiempo
que dedicará a su obra.

PENSAR EN EL LECTOR

Padura se ha valido de la novela policial para escribir novelas. El
enigma por el enigma no le interesa, sino hacer que lo escrito tenga
una connotación social. Que refleje los problemas y lados oscuros de
la sociedad. Así sucede en las novelas de Mario Conde, desde la
primera, Pasado perfecto (1991). En todas, el enigma ha estado en un
segundo plano y, en Herejes, pasa a un tercero, donde el misterio
aparece y desaparece, pero el lector sabe que está leyendo una novela
policial, una buena historia que lo atrapa hasta el final.

Porque si de algo está convencido el autor de Paisaje de otoño (1999)
es que sin una historia no hay novela. Y cuando escribe piensa solo en
el lector, se empeña en convencerlo.

Su paso por Juventud Rebelde lo llevó a escribir un tipo de reportaje
en el que se mezclaban periodismo y literatura. Corría el año 1983. La
dirección se empeñaba en hacer un periódico dominical distinto y se
pensó que Padura, que no era graduado de Periodismo sino de Filología,
podía tener un papel relevante en ese proyecto. Confiesa que al inicio
no supo bien lo que haría, pero buscó historias, mitos, leyendas,
personajes y lugares perdidos, y los abordó como si fueran literatura.

Escribió sobre Yarini, el Chori y Chano Pozo. También sobre El
Calvario, El Cobre, el barrio chino habanero. No escapó a su mirada el
tórrido romance que en el cafetal de Angerona vivieron la haitiana
Úrsula Lambert y el alemán Cornelio Souchay, la leyenda del castillo
de Averhoff ni el episodio de traición y muerte en la casona del barón
de Kessel. Entrevistó, por otra parte, a los más famosos jugadores de
béisbol de los 60. En esta línea, su diálogo con Manuel Alarcón, del
equipo Orientales, queda como una de las mejores entrevistas
realizadas en Cuba.

A esa serie pertenece el reportaje sobre El Bagá, un pueblo situado en
el fondo de la bahía de Nuevitas, fundado antes que la propia Nuevitas
y cuya vida se extinguió, sin embargo, hacia 1920. Cuando Padura
visitó el lugar, en 1985, algunos restos materiales y fragmentos de
historia eran lo único que sobrevivía de aquel sitio que, en 150 años
de existencia, fue quemado seis veces.

¿Cómo se las arregló el novel periodista para descubrirle al lector
esa ciudad olvidada y perdida por donde alguna vez la vida caminó de
prisa, huyendo del fuego? Lo hizo a través del relato de Cándido
Lutero, que una tarde se sentó en su taburete a ver la ruina mustia y
carbonizada del poblado por cuyas calles polvorientas no transitaban
ya ni siquiera los perros, y que luego, acostado en su camastro, vio
cómo le llegaba la muerte. Porque Cándido está muerto y es él quien
cuenta la historia, tal como sucede en Pedro Páramo, la novela de Juan
Rulfo; un recurso propio de la literatura para dar una historia real.

REBELDE FUE UNA ETAPA DE CREACIÓN

Padura guarda una memoria grata de su paso por Juventud Rebelde.
Trabajó con una libertad absoluta, recuerda. Nadie intentó poner
pautas en su trabajo; nadie insistió en saber de antemano qué
investigaba, ni le pidieron cuentas por sus demoras. Reitera que JR
fue una etapa de creación y no un simple medio para ganarse la vida.
Por eso la vigencia de mucho de lo que publicó entonces, compilado en
parte en títulos como El viaje más largo (1994) —que se considera su
libro de periodismo más paradigmático— y El alma en el terreno (1989),
que se reeditará este año. De aquella etapa es Fiebre de caballos
(1988), su primera novela. Lo ha dicho varias veces: antes de Juventud
Rebelde era un aficionado.

Busca entonces otros horizontes. En 1990 pasa a La Gaceta de Cuba, y
se abre una etapa muy fructífera en su vida. Da a conocer la ya
mencionada Pasado perfecto. Escribe un volumen sobre Alejo Carpentier.
Recibe, con Vientos de cuaresma (1995), el Premio Nacional de Novela,
y en ese mismo año, con otra novela, Máscaras, obtiene en España el
Premio Café Gijón que le abre el camino de la fama. Es el jefe de
redacción de ese periódico de la Unión de Escritores y Artistas de
Cuba, pero no desperdicia la oportunidad de llenar muchas de sus
páginas. Se acerca a la música y, a través de entrevistas con los más
legendarios y representativos salseros, que recogerá luego en Los
rostros de la salsa (1997), buscará las raíces de esa expresión
artística y su evolución. Consciente de que el destino último del
periodismo es el libro, ha compilado artículos y crónicas en títulos
como Entre dos siglos (2006), La memoria y el olvido (2011) y Un
hombre en una isla (2012).

MANTILLERO HASTA LA MUERTE

Desconoce cuánto, en su caso, debe el narrador al periodista. Son
diferentes las visiones que tienen el uno y el otro acerca de la
realidad. Algo, sí, insiste en puntualizar: trabaja con el mismo rigor
en ambas riberas. Desde sus días en Rebelde nunca asumió el periodismo
por el camino más fácil. ¿Es el periodismo tiempo perdido? Lo niega
categóricamente. Estima que es su forma de mantener un diálogo directo
con su realidad, y no desde la mirada del escritor, sino del ciudadano
y el periodista. No es casual que la columna que escribe para una
agencia extranjera de prensa lleve el título de La esquina de Padura,
porque insiste en ver el mundo desde una esquina del barrio de
Mantilla, y se define como un «mantillero».

Es una definición que tiene, en su caso, una serie de condicionantes
previas. Explica: no es lo mismo hablar de un hombre que nació en
Mantilla y ha vivido en el mismo sitio los 57 años de su existencia,
que decir además que la familia de ese hombre, durante tres
generaciones, vivió en la misma barriada. Los Padura estuvieron entre
las cinco o seis familias fundadoras del poblado hacia 1850. Allí, el
padre logró establecerse como comerciante y numerosos miembros de la
familia se vincularon con lo que fue el corazón económico del barrio:
el paradero de la ruta 4. Todos en Mantilla conocen a los Padura y con
todos mantienen los Padura una relación estrecha. Desde temprano,
pelota en mano, se acostumbró a vivir en la calle. Su madre, católica,
lo dotó de una manera muy concreta de percibir el humanismo. Con su
padre, masón, aprendió el concepto de la fraternidad. Para él también
eran hermanos los hermanos de logia de su padre: el negro, el blanco,
el profesional y un hombre tan humilde como Santiago, el basurero del
barrio.

La literatura es una profesión solitaria. El cine, en cambio, prefiere
asumirlo a cuatro manos. Con su esposa, la crítica y narradora Lucía
López Coll, trabajó en el guión de Siete días en La Habana, que contó
con la producción del actor puertorriqueño Benicio del Toro. Ahora,
también con Lucía, trabaja en una serie que tendrá a Mario Conde como
protagonista, y escribe un texto para el reconocido realizador francés
Laurent Cantet que quiere llevar a la pantalla grande una idea sobre
un pasaje de La novela de mi vida, mientras espera que se concrete el
proyecto cinematográfico de El hombre que amaba a los perros, una
película cara, que se filmará en seis países y en seis idiomas.

Entonces, el cine ocupará el quehacer de Leonardo Padura en los meses
venideros. Y, ya con el Premio Nacional de Literatura, el máximo
galardón de las letras cubanas, en su haber, quiere asimismo dedicar
tiempo a la promoción internacional de su obra.


-- 
Ciro Bianchi Ross
ciro@jrebelde.cip.cuhttp://wwwcirobianchi.blogia.com/http://cbianchiross.blogia.com/

lunes, 11 de febrero de 2013

RELOJ DE DUDAMEL, YATE DE NERUDA, CALAMIDADES DE VALLEJO Y OTRAS CURIOSIDADES





ELIGIO DAMAS

            La vida venezolana toda se desarrolla con tanta premura que los hechos de hoy, por muy trascendentes, mañana mismo, parecen cosas de un “periódico de ayer”. El asunto de la devaluación mandó rápidamente al “baúl de los recuerdos”, la paranoia opositora del vacío de poder.
           No obstante esa realidad existencial nuestra, no podemos olvidar algunas importantes y hasta curiosas cosas. Porque ellas, pueden reclamar se les dilucide para evitar juicios errados  y hasta dañinos.
          Nunca me había percatado que el excelente director orquestal, el joven barquisimetano Gustavo Dudamel, usase un reloj Rolex. Es más, ni siquiera que en su muñeca llevase prenda alguna. Quizás porque las veces que le he visto dirigir, distraído por el derroche de talento, energía, pasión   del cual hace gala, uno no puede fijarse en otros detalles. Salvo, además, la  extraña capacidad, resaltada por algunos expertos, de dirigir sin tener partitura alguna por delante.       
           Pero si a ver vamos, como se dice coloquialmente, ¿qué de extraño o censurable hay en que ese compatriota  use uno de esos costosos relojes? No voy a decir en defensa suya, porque me parece un simplismo que valorarìa la crítica, que tal prenda le fue regalada por la afamada fábrica relojera con fines publicitarios. No lo digo, porque me da igual si, como cualquiera que gana bastante dinero, la compró. Como suele decir el venezolano, ese es un lujo que bien puede darse.
           El joven Dudamel, aparte de sus compromisos con el sistema de orquestas, ha firmado contratos para dirigir las más prestigiosas orquestas del  mundo y eso, no cabe duda, le reporta buenos ingresos. Si hemos terminado por admitir como bueno y hasta “digno de admiración” que nuestros peloteros cobren en el beisbol gringo grandes sumas, con más razón para entender lo de Dúdamel.
           El capitalismo ha vuelto toda cosa, simple o complicada, mercancía. Así el arte y el deporte se venden en el mercado. De ellos, los empresarios o capitalistas obtienen grandes beneficios. Por supuesto, los hacedores de arte y deporte, por sólo tomar esos ejemplos, también participan en los beneficios. Un novelista “exitoso” comercialmente, quien también lo puede ser como creador, suele ganar buenas sumas de dinero, tanto  en premios si concursa como si gana el premio Nobel u otro. ¿Cuánto dinero han ganado Gabriel García Márquez y Vargas Llosa? Tanto, como que llegado a determinado nivel de acumulación, empezaron a ver el mundo de otra forma.           
           Augusto Hernández, no el periodista margariteño recién fallecido, sino un excelente reportero gráfico, alumno del “Gordo” Pérez, en “El Nacional” de antes, nos contó a un grupo de amigos, una interesante historia.
            Estando en Barcelona, bajo el gobierno de Marcos Pérez Jiménez, obtuvo la información que abordo de un yate surto en el puerto de Guanta, se hallaba Pablo Neruda. A la nave se le permitió atracar allí para realizar unas reparaciones ligeras y aprovisionarse de  alimentos, con la condición que el famoso pasajero no bajase a tierra y menos tuviese contactos con nadie distinto a la tripulación y por supuesto con periodistas.
          Hernández, un reportero perspicaz, audaz y bien entrenado, pudo con la ayuda de un sargento Guardia Nacional, amigo suyo, quien no sabía bien què significaba todo aquello, abordar la nave, hablar con el poeta y hasta tomarle unas fotografías. De aquella conversación supo, que Nepalí Reyes Basoalto o Pablo Neruda, era propietario de aquel yate, el cual usaba para sus frecuentes viajes por el Caribe y hasta Europa. Un yate, es menos costoso y más barato su mantenimiento que un Rolex. No hemos hablado de su casa en lo que el poeta bautizò como “Isla Negra” y ahora siendo museo se le conoce como “El Barco de Neruda”   y la casa para vacacionar que tuvo en la costa italiana.
          Son cosas del capitalismo y Neruda fue y sigue siendo un poeta leído con avidez; por esa circunstancia, las editoriales hacen buenos negocios y deben pagar sus respectivos dividendos a los creadores, quienes pese todo, siempre perciben menos que aquellos.
           Miguel Otero Silva, cuando se proponía escribir algo para lo cual requería tranquilidad, soledad, solía trasladarse a Europa por el tiempo necesario. Hasta se dijo en aquellos tiempos que había comprado un castillo medieval, donde creyó encontrar las condiciones que demandaba  para dedicarse a la actividad creadora.
          Unos pocos años atrás, un conferencista, en alguna parte de Europa, hizo un comentario, según el cual había financiado los gastos de  César Vallejo, en una época que el poeta de “España aparta de mí este cáliz”, estaba atravesando momentos de privación, circunstancia muy común entre poetas. Por aquel comentario, la viuda  del gran peruano, disgustada, envió una comunicación al conferencista solicitándole el monto de la cuenta para cancelársela.
            Armando Reveròn, vivió privaciones y calamidades. Muchos conocedores del  arte pictórico pudieron percibir el significado y valor de su obra. Algunos “mecenas”, como queriendo “ayudar” al extraño artista de Macuto, de los azules e irradiaciones solares, compraron “con  generosidad” sus creaciones que hoy se cotizan en cientos de miles de dólares en el mercado de ese arte.
            Henry Toulouse Lautrec, en  su etapa depresiva y de alcoholismo, pagó sus cuentas de comida en fondas con obras de arte. Algo de eso sucedió con Pablo Picasso en su época de joven en Paris. En buhardillas, áticos atiborrados de infinitas cosas, han aparecido obras de muchos de esos grandes artistas, guardadas con descuido por sus nada afortunados  propietarios, quienes nunca sospecharon que lo que habían recibido como forma de pago llegarían a tener tal valor.
             Al final, quiero hacer, a manera de reflexión e invitación a reflexionar,  la siguiente pregunta:
              ¿Cuál de estas suertes, estando de por medio el mercado capitalista, deseamos a nuestros creadores?


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Publicado por Eligio Damas para BLOG DE ELIGIO DAMAS el 2/11/2013 03:59:00 p.m.

HACER LEÑA CON EL ARBOL CAIDO¿ ALGUNOS AMIGOS TAMBIEN CON CUBA?


 
ATENCIÓN FRANK

Hacer leña con el árbol caído, ¿Algunos amigos también con Cuba…?



Félix Sautié Mederos


Crónicas cubanas


La reciente puesta en vigor de la nueva Política Migratoria de Cuba ha tenido reacciones favorables entre los cubanos de adentro y de afuera del país, quienes durante mucho tiempo han sufrido la conculcación de los derechos a poder viajar libremente; pero también, debo decir que ha significado para algunos en especial dentro del territorio nacional, desengaños desconcertantes y/o para otros la confirmación que durante todos estos largos años de limitaciones prohibitivas hemos quedado reducidos a ser considerados en muchas naciones una especie de parias caribeños, rechazados e indeseables, a los que se nos plantea complejas restricciones para obtener visas incluso por parte de Estados Unidos, aún a pesar de sus declaraciones y de su Ley de Ajuste Cubano encuadrada como parte de la Política de Bloqueo. Esta Ley requeriría otro artículo para su análisis a profundidad.

Ante todo, quiero aclarar que estoy muy de acuerdo con el derecho soberano de los países del mundo para establecer las legislaciones que entiendan pertinentes al objeto de regular la concesión de visas a los ciudadanos extranjeros; aunque se me hace difícil comprender la forma en que algunos compatibilizan su adhesión a los principios del libre tránsito y la defensa de los derechos de los emigrantes, con lo contradictorio que significa el establecimiento de las restricciones especiales y ofensivas a nuestra dignidad nacional que se nos están planteando a los cubanos residentes en nuestro territorio. En este orden de cosas, incluso en países que forman parte del Alba como Ecuador recientemente, también han puesto en vigor severas restricciones para el visado a los cubanos, muy similares a las que se establecieron en España hace algún tiempo olvidándose de la tradicional hermandad y solidaridad cubana con los españoles desde finales de la Guerra del 95 e incluso, cuando la Guerra Civil española en la que peleó un contingente de mil cubanos. En tanto que, por parte de nuestro Gobierno tampoco se ha emitido alguna declaración al respecto, dejando de lado lo planteado por José Martí en su artículo “Vindicación de Cuba”: “…Ningún cubano honrado se humillará hasta verse recibido como un apestado moral…en un pueblo que niega su capacidad, insulta su virtud y desprecia su carácter” (1).
Además me pregunto, ¿cómo hubiera sido la reacción gubernamental cubana si estas medidas las hubiera publicado Estados Unidos? ¿Acaso no serían el mismo sentido de desprecio por unos y por otros, aunque con diferentes motivaciones políticas?; pero quizás esas restricciones planteadas por algunos amigos, hagan las veces de un espaldarazo a la anterior situación de prohibiciones absurdas e injustas a la libertad de viajes de los cubanos. Ver el Comunicado recientemente publicado en el periódico Granma por la Embajada de Ecuador en La Habana (2). Insisto en que algunos de esos países amigos, no se ocultan para presentarnos como una nación solidaria que comparte no lo que le sobra, sino lo poco que tiene (repito textualmente sus expresiones), mientras que también olvidando la labor en sus más apartados parajes de los médicos cubanos menosprecian y prácticamente humillan a nuestros ciudadanos de a pie, cuando intentan visitar a sus familiares y amigos en el exterior, así como cuando buscan nuevos horizontes para rehacer sus vidas o, simplemente, quieren conocer un mundo que les ha estado vedado durante muchos años.

Cuba, desde siempre, ha sido una nación solidaria y son muchos los que así lo reconocen. No obstante con amargura, durante los últimos cincuenta y tantos años, en paralelo hemos sufrido un gran desamparo gubernamental en lo referido a nuestros derechos de libre tránsito, de emigrar conforme a nuestra propia voluntad; y nuestro Gobierno ha utilizado las más duras expresiones y recriminaciones para descalificar a quienes emigran acusándolos incluso de ser traidores, porque ellos ocasionalmente han tenido que apelar a las más complejas y/o peligrosas alternativas para poder salir del territorio nacional. Los emigrantes cubanos han estado y aún están desamparados y/o acusados por el Gobierno del país que los vio nacer; mientras que otras naciones, algunas latinoamericanas, (Ecuador) en contraste han desarrollado planes de atención, defensa y de facilidades para la repatriación de sus propios emigrantes incluyendo la concesión de créditos para facilitar su reinserción social; pero para estas naciones, los cubanos somos unos parias similares a como son calificados los mejicanos en las fronteras de EU.
Quizás ha surgido una nueva gran contradicción cuando, tímidamente, el Gobierno de Cuba intenta hoy crear limitados ambientes de mejoramiento en su relaciones con la emigración, medidas que algunos le señalan un sentido selectivo que coadyuvan al menosprecio a que me refiero. Conceptualmente, duelen mucho esas restricciones y más si vienen de quienes se declaran amigos; aunque tengo que reconocer, en honor a la honradez, que en última instancia la culpa no es de los países que hoy nos restringen y que tratan de controlar los flujos migratorios que están recibiendo, sino que constituye la consecuencia de una política cubana de prohibiciones y de restricciones que durante muchos años nos han convertido en meros objetos y no en sujetos con libertad para viajar y establecerse donde estimemos conveniente; sin patrimonio propio, ni libertad de conciencia ni de expresión.

Pienso que además de una Nueva Política Migratoria, es imprescindible seguir profundizando en cambiar todo lo que deba ser cambiado y liberar las fuerzas productivas hasta convertirnos en sujetos de nuestras vidas y de nuestra historia con patrimonio propio y capacidades que impidan se nos trate como parias, parásitos y/o mendigos del Caribe, según significan esas tajantes restricciones establecidas específicamente para los cubanos, por parte de quienes incluso defienden la necesidad de un Libre Tránsito en el mundo y, a la vez, reciben la solidaridad cubana. Así lo pienso y así lo afirmo, sin querer ofender a nadie y con mis respetos para las opiniones diferentes. fsautie@yahoo.com


(1) Vindicación de Cuba, Evening Post 25 de marzo de 1889, Oc. Tomo I Política y Revolución pág. 236

(2) Granma de fecha 30 de enero 2013. Nacionales

Publicado en Por Esto! el lunes 11 de febrero del 2013.

COMO MURIO GONZALO CASTAÑON


Cómo murió Gonzalo Castañón


Ciro Bianchi Ross • digital@juventudrebelde.cu
9 de Febrero del 2013 18:55:16 CDT

La imputación mendaz adquirió ribetes de verdad inconclusa y el
desenlace sobrevino en un abrir y cerrar de ojos. El 25, el gobernador
político de La Habana formuló la acusación y dos días después, el 27
de noviembre de 1871, a la una de la tarde, ocho estudiantes del
primer año de Medicina de la Universidad de La Habana eran condenados
a penas de muerte por fusilamiento, en tanto que otros 35 alumnos del
mismo curso recibían penas de presidio. Se les acusó de haber
profanado el nicho que, en el cementerio de Espada, guardaba los
restos del periodista español Gonzalo Castañón, director de La Voz de
Cuba, ídolo y vocero del odioso e intransigente cuerpo de voluntarios,
y que fuera ultimado, el 31 de enero de ese año, en Cayo Hueso, por un
patriota cubano.

No hubo prueba alguna contra los supuestos profanadores que, pese a su
inocencia, afrontaron la muerte con entereza digna de su cubanía. Los
detalles de ese suceso, uno de los más horrendos del colonialismo
español en Cuba, son suficientemente conocidos. No sucede así con el
hecho que desencadenó de manera indirecta ese crimen monstruoso, esto
es, la muerte de Castañón en Cayo Hueso. Varían las versiones de ese
incidente ocurrido hace 142 años. Este escribidor prefiere atenerse al
recuento que del acontecimiento ofrece el historiador Gerardo
Castellanos en su libro Motivos de Cayo Hueso, publicado en La Habana
en 1935. Hijo de un emigrado revolucionario, Castellanos nació en 1879
en ese peñón del sur de la Florida; vivió allí hasta 1900, cuando se
instaló en Cuba, y debió haber escuchado muchas veces de boca de sus
mayores el relato de la muerte de Castañón.

He aquí los hechos.

CASTAÑÓN ATACA

Los cubanos refugiados en Cayo Hueso no escatimaban esfuerzos en apoyo
a la Revolución y, hasta donde les era posible, seguían día a día el
desarrollo de la guerra iniciada por Carlos Manuel de Céspedes el 10
de octubre de 1868. Las autoridades coloniales veían con ojeriza lo
que sucedía en el islote y vigilaban de cerca las actividades de los
emigrados. A medida que la colonia cubana crecía en el Cayo y la
cooperación con el Ejército Libertador se hacía más frecuente y
comprometida, era mayor el encono de los españoles y se les redoblaban
las ganas de aniquilar a sus adversarios allí asentados.

En 1870, prácticamente en los comienzos de la Guerra Grande, Juan
María (Nito) Reyes, fundó el periódico El Republicano e instaló su
oficina en una casa de la calle Duval, la principal del islote, que
atraviesa de norte a sur. Quedaba frente a Russell House, un hotel de
madera. Nito era uno de los miembros más activos de la comunidad
cubana, abierto a todo empeño de cultura y reputado lector de
tabaquería, ocupación de prestigio y bien pagada.

En El Republicano, Reyes contó con la ayuda de José Dolores Poyo,
también lector de tabaquería, que se convirtió en su editor hasta que,
en 1878, fundó él mismo el periódico Yara. Ambos, el 11 de noviembre
de 1871, abrieron las puertas del Instituto San Carlos, templo patrio
de la cubanía en el Cayo, y al año siguiente, fundaban la Logia
Masónica Félix Varela. Eran tiempos en que los cubanos eran mayoría en
el territorio y tenían acentuado peso en la política local.

Solo daba a conocer El Republicano materiales relativos a la
Revolución redactados de manera vehemente, incendiaria casi. En La
Habana aparecía el periódico La Voz de Cuba, bajo la dirección de
Castañón, hombre soberbio, valor temerario y posturas intransigentes
que había llegado a Cuba en 1866. No ocultaba Castañón su virulencia
contra los patriotas criollos y dedicó no pocas páginas de su
periódico a flagelar a los emigrados establecidos en el Cayo e incluso
a sus mujeres, a las que tildó de prostitutas. Dice Gerardo
Castellanos que con ese proceder esperaba exacerbar los ánimos de los
periodistas cubanos exiliados y llevarlos a un terreno que había ido
abonando a su favor. Contaba con la solidaridad y el apoyo de los
españoles más retrógrados y reaccionarios.

No demoraron su respuesta los cubanos. Nito Reyes, en El Republicano,
dio una riposta enérgica y viril al periodista español. Tan pronto el
artículo llegó a poder de Castañón, el ofensor, en guardia, puso en
marcha la primera parte de su plan. En representación de los
voluntarios, viajaría al Cayo y allí abofetearía a Reyes y humillaría
así a sus compañeros. Con el fin de destapar el escándalo, hizo
publicar, el 21 de enero de 1870, una carta en la que demandaba
explicaciones al director de El Republicano. Su intención era la de
provocar un duelo. Sus seguidores se relamían de contento, confiados
en el éxito de la maniobra. Castañón se paseó por La Habana, otorgó
testamento y se hizo un retrato heroico en la fotografía de Cohner.
Pidió a su amigo León Lenzamuzga que escribiera su biografía si lo
mataban, extremo este cumplido imperfectamente por Lenzamuzga en su
libro Recuerdos de ultramar.

CUBANOS, HAN OFENDIDO A CUBA

El 28 de enero partió Castañón. Lo acompañaban un par de amigos, un
médico y dos criados. Sus partidarios confiaban en el triunfo de la
expedición; esperaban que el plan, cuidadosamente pensado, se
desarrollara sin tropiezos. Castañón, luego de abofetear en público a
Reyes, eludiría los ataques y cualquier reto a duelo. Se escurriría y
aparecería en La Habana como un héroe.

El 29, Castañón y sus acompañantes se hospedaron en Russell House y
comenzaron la provocación. Bien sabía el español que el duelo estaba
prohibido en el Cayo y esperaba que su algarada pudiera llevar a un
proceso judicial.

Escribe Gerardo Castellanos en sus Motivos de Cayo Hueso:

«La emigración cubana era de relieve y agresividad. Funcionaban
diversas sociedades y clubes revolucionarios. Las tabaquerías ocupaban
a millares de obreros. Existía fraternal identificación entre los
nativos y las autoridades. Eran escasos los españoles avecindados. La
presencia de Castañón, conocidos su historia y sus flagelos
periodísticos contra los cubanos y sus mujeres, produjo revuelo en
todos los centros. Las autoridades se dieron cuenta de las
consecuencias que aquella atrevida visita podía provocar en el
pacífico islote. Pocas veces Cayo Hueso había estado tan alarmado. Los
hombres de acción sabían que se imponía algo rápido y muy efectivo. O
castigar sin compasión al provocador o resignarse al escarnio. En
realidad, no hubo concierto. Las pasiones actuaban aisladamente.
Algunos grupos rodeaban y se paseaban frente a Russell House y por la
acera de El Republicano para proteger a su director.

«Castañón supo quién era Reyes. A través de sus amigos, propuso una
entrevista al cubano. El encuentro tuvo lugar en el restaurante El
Louvre, en la calle Front. Reyes acudió cándidamente, sin recelo y
desarmado. Se desconoce por qué procedió de esa manera, porque de las
cartas cruzadas y de las amenazas de Castañón se desprendía que no
habría acuerdo alguno entre el español petulante y agresivo y el
modesto patriota. Apenas iniciada la entrevista, Castañón sacó del
bolsillo un número de El Republicano y le preguntó si había escrito el
artículo que le señalaba. Reyes contestó afirmativamente. Entonces su
interlocutor, colérico, le estrujó el papel en la cara y lo abofeteó.
Reyes, ante la agresión inesperada, salió a la calle. Gritó: «Cubanos,
han ofendido a Cuba».

DUELO IRREGULAR

Se formó un tumulto. Los cubanos corrieron a Russell House. La policía
tuvo que intervenir. Denuestos contra Castañón. Se pedía venganza.
Cerraron las fábricas de puros. Se abrió un proceso judicial contra el
español. El juez le impuso 200 dólares de fianza y fijó el juicio para
el primero de mayo siguiente. Sus objetivos estaban casi logrados:
había abofeteado a Nito Reyes con el escándalo consiguiente. Por lo
demás, el señalamiento del juicio para una fecha tan lejana, le daba
la oportunidad de esfumarse de la escena de los hechos.

No sospechó siquiera que a partir de ahí el problema entraría en una
crisis verdadera. De inmediato recibió Castañón varios retos a duelo,
entre estos el de José Botello, oficial del Ejército Libertador.
Castañón dio largas al asunto y discutió uno por uno los lances a los
que lo habían retado, incluido el de Mateo Orozco, un virtuoso
patriota que se ganaba la vida como vendedor de pan.

Jugaba Castañón dos cartas a la vez. Discutía los posibles lances y no
le importaba seguirlos discutiendo porque tenía lista ya la retirada.
Aceptó por fin un duelo irregular.

A esas alturas Castañón acariciaba una posibilidad que los cubanos
desconocían o pasaban por alto. Precisamente al día siguiente tocaría
Cayo Hueso, en su ruta Nueva Orleans-La Habana, un vapor al que los
cubanos llamaban La Vaca, por la frecuencia con que transportaba
ganado. Los españoles, a esa hora, tenían sus equipajes preparados y
estaban listos para embarcar sigilosamente en dicho buque. Castañón
había dicho, de manera que llegase a los oídos del público, que no
estaba dispuesto a batirse con personas de baja calaña.

Enterado Mateo Orozco del ofensivo comentario y con la sospecha de que
Castañón desaparecería en cualquier momento, acudió a Russell House a
pedirle explicaciones.

Eran las 11 de la mañana del 31 de enero. Orozco apostrofó al español;
Castañón lo empuja. El cubano entonces, como respuesta, le propina
unas bofetadas y Castañón corre hacia el interior del hotel a fin de
ocultarse tras la escalera central y disparar desde allí sobre su
adversario. Dispara también Orozco desde la puerta y acierta por dos
veces; una de estas en la ingle de su rival. Se dice que Castañón
gritó antes de morir: «¡Viva España con honra!». Orozco pudo escapar.

UN ATAÚD DE HIELO

Los voluntarios de La Habana, en lugar de un héroe, recibieron un
cuerpo embutido en un ataúd de hielo. El entierro fue un
acontecimiento. Los voluntarios siguieron al féretro hasta el
cementerio de Espada. En la puerta de la necrópolis, el bilioso poeta
Francisco de Campodrón recitó una composición en homenaje al difunto.

Un tribunal de Cayo Hueso estimó que Mateo Orozco había actuado en
legítima defensa de Nito Reyes y lo absolvió de toda culpa. Se
convirtió en un héroe.













-- 
Ciro Bianchi Ross
ciro@jrebelde.cip.cuhttp://wwwcirobianchi.blogia.com/http://cbianchiross.blogia.com/

domingo, 10 de febrero de 2013

LAS ARMAS EN MANOS DE TODOS


                        Las armas en manos de todos
                             Por Lorenzo Gonzalo, 10 de febrero del 2013
 
La Declaración de Independencia de Estados Unidos de América fue motivada por la existencia de un gobierno despótico radicado en Gran Bretaña.
 
Cuando las personas que conformaban las Trece Colonias radicadas al este del continente de América del Norte, alcanzaron un punto de descontento que lindaba con la rebeldía, los notables más sobresalientes de aquellos territorios, se dieron a la tarea de convocar una milicia que enfrentó al ejército inglés. Justamente el mencionado ejército había ingresado a esos territorios durante el enfrentamiento de Inglaterra y Francia, en la llamada Guerra de los Siete Años.
 
Luego de negociaciones infructuosas durante un Primer Congreso convocado para lidiar con la monarquía, se citó un Segundo Congreso, el cual fue llamado Segundo Congreso Continental y se firmó la llamada Declaración de Independencia el 4 de Julio de 1776.
 
Entre otras cosas, dicha declaración dice lo siguiente: “La Historia del presente Rey de Gran Bretaña es la Historia de continuas Injurias y Usurpaciones, teniendo todas como Objetivo directo el Establecimiento de una Tiranía absoluta sobre estos Estados”. A continuación el documento pasa a detallar en qué consisten esas usurpaciones y violaciones con el propósito de “transmitirlas a un Mundo cándido”.
 
El inicio de la Declaración habla de libertades y de igualdad mezclando conceptos religiosos las ideas liberales nacidas en Europa y también se mencionan ciertos “inalienables derechos” del ser humano, alegando que el fin de este es la búsqueda de la Felicidad. Partiendo de esta enumeración de principios, pasa a reclamar el derecho del “pueblo” a rebelarse contra cualquier poder semejante a éste, “alterándolo o aboliéndolo e instituyendo nuevo Gobierno”. La Declaración explica el por qué de la rebelión armada.
 
Traemos esto a colación, porque en las discusiones sobre el control de armas y el reclamado derecho a portarlas y poseerlas en las casas, estas observaciones forman parte esencial de la polémica y son objeto de interpretaciones que tergiversadamente aplican  a la Enmiendo XVI aquellos que defienden el derecho a las armas de guerra en manos de todos.
 
Otra parte de dicha Declaración de Independencia aclara: “eso sí, Prudencia dictará que gobiernos largamente establecidos, no deben ser cambiados por Causas ligeras y pasajeras”. Esta parte, que es un elemento esencial de dicha Declaración, no es mencionada usualmente por ninguna de las partes enfrentadas en la polémica.
 
El grupo de Poder no tiene por qué mencionar el párrafo para no otorgarle beligerancia a quienes reclaman el derecho a las armas de guerra implicando que deben cuidar el comportamiento de los gobernantes, lo cual el Poder no puede aceptar y se hace de la vista gorda. Para eso están los cuerpos legislativos y de justicia.
 
En artículo anterior mencionamos que los representantes del Poder del Estado no le han puesto punto final a esta disputa, por mezquinas razones de votos electorales. La Enmienda XVI no resistiría un análisis serio, si fuese discutida por un cuerpo jurídico libre de ese temor. Apegarse a la palabra de quienes escribieron la Declaración de Independencia significaría tener que abordar con seriedad el asunto, y en este caso tendrían razón  los defensores del orden, con lo cual se correría el riesgo de perder votos durante uno o varios períodos electorales, por las campañas sucias y las explicaciones torcidas que le dan al tema quienes defiende la aberración de un Estado paralelo, punto implícito en la base de los argumentos de quienes abogan por las armas de guerra en manos de todos.
 
Quienes defienden el derecho de poseer armas con un mínimo de regulaciones, no mencionan este párrafo porque el mismo enfatiza con claridad, que deshacerse de un gobierno no podrá basarse “en ligerezas y errores momentáneos”, especialmente cuando se trata de uno largamente establecido, donde se ha creado y fundido todo un legado de experiencias. Aceptarlo sería reconocer que no son necesarias las armas dentro del orden de cosas que ha existido a lo largo de más de doscientos años, durante los cuales con mayor o menor acierto, las problemáticas se han ido resolviendo para beneficio de las mayorías, aun cuando las minorías conserven privilegios excepcionales. (Las minorías a las cuales nos referimos en este caso son los ricos y acaudalados).
 
 
No cabrían muchas dudas por supuesto, para definir el derecho a portar armas dentro de una milicia bien regulada necesaria para proteger y defender el Estado, puesto que es evidente que todos desean la estabilidad de una superestructura que ha probado su capacidad de avanzar y aun de renovarse, aunque haya sido con una lentitud a veces no deseada por muchos.
 
Por consiguiente, si las cosas se discutiesen con seriedad, todo el escándalo pudiera quedar relegado a regular el derecho a las armas para labores ciudadanas elementales, como son la caza y otros deportes y un discutible espacio para la defensa personal en situaciones excepcionales.
 
El resto de las argumentaciones, orientadas realmente a exigir el derecho a poseer las mismas prerrogativas del ejército y las demás fuerzas armadas, carecen de realidad y si fuesen aceptadas plenamente, las mismas conducirían eventualmente a la creación de Estados ficticio, conformados a la manera de feudos. Este punto tan contradictorio es el real fondo de quienes reclaman el derecho a las armas y está probado que su reclamo apunta en esa dirección, con la existencia de grupos diseminados en Montana y otros lugares, donde sus integrantes construyen bunkers y zonas militarizadas en montañas y ciudades en cuanto tienen una oportunidad, a pesar de la vigilancia de que son objeto.
 
Si las discusiones para encontrarle soluciones a esta cuestión fueran serias, el asunto quedaría reducido a prohibir la venta de aquellos armamentos que son diseñados para abastecer al ejército, los policías locales, federales, los órganos de inteligencia, los demás cuerpos represivos integrantes del Estado y la milicia, representada estas última por la Guardia Nacional.
 
Aunque la solución parece sencilla, en realidad no lo es porque el asunto del voto se interpone y mientras los órganos de la seguridad del estado sepan que un grupo de orates con unos cientos de miles de fusiles de asalto no constituyen un peligro real, el Poder no moverá un dedo en esa dirección y continuará manejando el tema como un elemento de distracción política de acuerdo a las circunstancias.
 
Las armas de guerra en manos de todos, es una falacia para encubrir obscuros intereses de corrientes anarconacionalistas, excluyentes, racistas, discriminatorias y agresivas, las cuales entre otras cosas atentan contra la estabilidad de las buenas relaciones internacionales.
 
Desde este ángulo lo veo y así lo escribo.
 
Disfruten el artículo aquellos que entienden y padezcan la renuncia a la curiosidad investigativa quienes se niegan al entendimiento.

jueves, 7 de febrero de 2013

UNAS OBRAS QUE NO DEBERIAN PASAR DESAPERCIBIDAS


 
ATENCIÓN FRANK
 
Unas obras que no deberían pasar desapercibidas


Félix Sautié Mederos


Crónicas cubanas


Hace algunos días asistí a la presentación de unas obras literarias que considero muy importantes para los sentimientos y la espiritualidad de la Nación Cubana. Fue en una tarde noche de enero en el Convento San Juan de Letrán de los dominicos del Vedado habanero, quienes no se detienen en sus esfuerzos dirigidos a potenciar en las personas su espiritualidad intrínseca así como los más nobles sentimientos éticos. Desde hace tiempo lo realizan por medio de los cursos que imparten en el Centro “Fray Bartolomé de las Casas”, espacio donde los habaneros principalmente los jóvenes, pueden estudiar disciplinas que van desde las nuevas tecnologías digitales y los idiomas hasta las más diversas Ciencias Sociales. A estos cursos sistemáticos se unen además los encuentros cada último jueves del mes en el Aula “Fray Bartolomé de las Casas”, donde se imparten conferencias sobre los más diversos temas filosóficos, históricos, teológicos e incluso de la vida económica y política, propiciadores de debates respetuosos y profundos muy útiles para el desenvolvimiento práctico de la cultura del encuentro y del diálogo que tanto necesitamos en Cuba. Al respecto he escrito diversas crónicas y no me canso de hacerlo, porque les concedo especial valoración en nuestras actuales circunstancias

Fue en este marco acogedor en donde se efectuó la presentación de los dos primeros tomos de siete, de las “Obras de Monseñor Carlos Manuel de Céspedes y García Menocal”; Carlitos, para algunos de sus amigos de muchos años entre los que me honro ser uno de ellos. La publicación de los volúmenes se hizo posible gracias a una significativa colaboración entre la Editorial Boloña de la Oficina del Historiador de La Habana y los dominicos del Convento San Juan de Letrán. Referirse al padre Carlos Manuel, es tanto como entrar en contacto directo con uno de los troncos básicos de la Nación Cubana, ya que él es tataranieto de Carlos Manuel de Céspedes reconocido por los cubanos como el Padre de la Patria; y puedo decir que Carlitos es un cubano ejemplar por su vida y su obra, más allá de sus apellidos y abolengos.
Planteo el calificativo de Padre Carlos Manuel, porque de todos sus títulos y responsabilidades entre los que se incluye ser miembro de la Academia de Lengua en Cuba y un destacado intelectual de las letras cubanas, el que más aprecio es el de sacerdote al que ha dedicado lo esencial de su fructífera vida entre todos los cubanos sin distinción de credos, razas ni posicionamiento social, especialmente con los jóvenes más desvalidos a cuya redención y reconocimiento de la sociedad ha dedicado una buena parte de su fructífera labor pastoral. En mi criterio, ello dice mucho de su condición de seguidor de Jesús Nazaret. Escribo sobre su quehacer no porque me lo hubieran dicho o porque lo haya investigado en sus datos biográficos, sino porque lo he conocido directamente, incluso desde finales de los años 40 del Siglo pasado en que éramos condiscípulos en el Colegio de los Hermanos Maristas del barrio habanero de la Víbora y formábamos parte de la Acción Católica cubana; y porque con posterioridad he podido seguir de cerca sus andares por la vida y sus esfuerzos a favor de la fraternidad, el encuentro y el entendimiento entre los cubanos de adentro y de afuera del país que integran la Patria que fundó su tatarabuelo Carlos Manuel de Céspedes.

Me refiero a 7 tomos de sus obras no completas aún, porque Carlos Manuel sobreponiéndose a sus años y sus dolencias, sigue en activo como sacerdote e intelectual fecundo. Los dos primeros que se presentaron llevan por título “Con sangre y desde el ruedo” y “Las sutiles convergencias”; además habrán de seguirle: “Apostillas”; “Monseñor Carlos Manuel de Céspedes en el Centro Fray Bartolomé de las Casas”; “Artículos”; “Novelas (I)”; y “Novelas (II)”.

El espacioso salón de Reuniones del Convento San Juan de Letrán en donde sesiona regularmente el Aula Fray Bartolomé de las Casas, se hizo pequeño para el acto y hubo que realizarlo en el amplio y hermoso templo del Convento habanero que se caracteriza por sus altos puntales en ojivas, sus anchos pasillos y sus nutridas hileras de bancos capaces de acoger a una verdadera multitud de personas que en esta ocasión se repletaron. Allí estuvieron además de los frailes de San Juan de Letrán presididos por Fray Manuel Uña, fundador del Centro de Estudios y Fray Lester Zayas Díaz, su actual Director; el Nuncio Apostólico en Cuba y miembros del Cuerpo diplomático, así como una amplia representación de obispos, sacerdotes, laicos de las más diversas esferas y zonas de La Habana, junto con un muy nutrido grupo de destacados intelectuales y artistas cubanos así como muchos jóvenes y personas adultas atraídos todos por los escritos y la vida de quien siempre ha sido amigo, pastor de almas, profesor y consejero.

Especialmente quiero destacar la presencia e intervención del Dr. Eusebio Leal, Historiador de La Habana, quien al referirse a Carlos Manuel en el prólogo del tomo primero, escribió y expresó en el acto algo que comparto muy personalmente: “Ha demostrado a quienes hemos tenido el privilegio de conocerle una acertada tranquilidad y serenidad ante el infortunio. En cuanto a mi, lo reconozco como el amigo generoso que me aconseja sin imponer su criterio, que sabe reprender con dulzura y, en dependencia de si es oportuno o no, expresar su opinión más sincera. Todo ello sin eclipsar al ser humano, donde se alternan, según las circunstancias, el carácter apacible o la reacción cuando algo le molesta o hiere su fina sensibilidad”.

Finalmente quiero añadir que la presencia y las palabras de Eusebio Leal, fueron para mí muy significativas en circunstancias en que el “Espíritu devorador de sus hijos característico del dios Saturno” intenta abalanzarse sobre su persona en un pase de cuentas, que sería muy necesario hacerlo con muchos otros antes que con él. Esa también es una opinión muy mía, que aprovecho para plantearla públicamente. Así lo pienso y así lo afirmo con mis respetos al pensamiento diferente. fsautie@yahoo.com

Publicado en Por Esto! el lunes 28 de enero 2013.




miércoles, 6 de febrero de 2013

DE NUEVO EL DERECHO A LAS ARMAS


                             De nuevo el derecho a las armas
                                      Por Lorenzo Gonzalo, 6 de Febrero del 2013
 
Hace un par de días recibí una calcomanía de la Asociación Nacional de Rifles con el pedido expreso de que la coloque en la defensa del auto y también algunos ofrecimientos a bajo precio, para adquirir indumentaria relacionada con la posesión de armas.
 
Desde hace varias semanas este asunto del derecho ciudadano a portar armas de fuego ha sido puesto en entredicho y hay ciertos movimientos de grupos cívicos presionando para que se tomen medidas que limiten y en el mejor de los casos terminen por prohibirlas.
 
Se trata de “ciertos movimientos” y del criterio del Presidente Obama quien definitivamente no parece simpatizar con ese supuesto “derecho”.
 
La historia la sabemos porque ha sido repetida muchas veces. Se trata de la Segunda Enmienda de la Constitución, la cual establece que “una milicia bien regulada, siendo necesaria para la seguridad del Estado, no debe infringir el derecho de las personas a poseer y portar armas”.
 
Aunque el párrafo está claro y el mismo invoca la necesidad de mantener la defensa organizada de la nueva nación, entre otras cosas a través de una milicia que precisamente durante la Guerra por la Independencia de Inglaterra había dado muestras de su efectividad a la hora de defender los territorios, las facciones sociales han distorsionado su lenguaje.
 
Por suerte en este caso, las facciones sociales no tienen ningún poder en la nación del Norte de América.
 
Desenredar esa distorsión parece que ahora resulta bastante complejo.
 
El asunto volvió a cobrar vigencia cuando ocurrió la terrible matanza de veinte niños, seis adultos y la propia madre del victimario en el poblado de Newton, perteneciente al estado de Connecticut. Es un ciclo que se repite. Cada vez que hay una de estas matanzas la cuestión vuelve al candelero público.
 
En realidad no hay consenso para la erradicación de este supuesto derecho a portar armas.
 
Quienes la defienden con dientes y puños y aquellos que mayoritariamente vociferan a su favor, son dos sectores que coinciden con el resultado, aunque no por las mismas razones.
 
Uno de ellos es el grupo de los cazadores profesionales y deportistas, que quizás lo compongan dos o tres millones de ciudadanos. No tenemos los datos exactos respecto a ese grupo, pero conociendo que la Asociación del Rifle tiene cuatro millones de miembros, podemos asumir que posiblemente, las dos terceras partes son defensores de los deportes relacionados con las armas.
 
El otro millón y una cantidad indeterminada, que posiblemente supere numéricamente dicha Asociación, son fanáticos que a partir de la Guerra de Secesión fueron elaborando la teoría del “Estado Malo” y el “ciudadano bueno”, el ser humano “independiente”, “no sujeto a leyes o al menos obligado sólo a un mínimo de regulaciones”, quien consiguientemente, “debe estar armado” para enfrentar la “inevitable usurpación de poderes hacia la cual marcha dicho Estado”.
 
Este galimatías está en el centro de quienes lideran la posesión de armas de fuego, la cual no consiste en abogar por el derecho a disponer de escopetas de caza y de armas deportivas para la práctica de tiro, dentro de las diversas modalidades sino defenderse del Estado y eventualmente incluso, posesionarse de su mando. Estas son las personas que tienden a confundir la dichosa enmienda, convierten en acólitos a algunos leguleyos que les sirven como pantalla y voceros dispuestos a enredar la simpleza del párrafo de la Segunda Enmienda, trocando el derecho de poseer armas de caza por el maligno “derecho a poseer armas de guerra” es decir, aquellas que se usan para matar personas y no esas otras utilizadas en el noble deporte de la caza. Está claro en dicha Enmienda el derecho a poseer armas ofensivas es para la milicia. El otro, el derecho a la caza y el deporte no es asunto constitucional en ninguna Carta Magna.
 
El derecho a portar armas que reclaman los rabiosos fanáticos es precisamente para enfrentar al Estado y en el mejor de los casos para que el Estado esté consciente que hay cancerberos dispuestos a asaltarlo, cuando se extralimite en funciones que no se acomoden a sus intereses racistas, individualistas y agresivos.
 
Son simples orates que no han razonado que el Estado solamente les permitirá armarse hasta el punto en que esas personas se conviertan en una amenaza del Poder.
 
El Estado está consciente de esto y es como un juego donde parece ser que los deja caminar pero no está dispuesto a permitirles correr.
 
Solamente analizando el asunto de esta manera podemos entender cómo las facciones de Poder manejan el tema.
 
Aprovechándose de la necesidad de resolver la crisis migratoria, y orientados a ganar puntos para la próxima contienda electoral por la presidencia, el peligro de las armas, la matanza de los niños de Newton y las algarabías pertinentes, quedan bochornosamente silenciadas. Las medidas que lleguen a implementarse, es posible que, como si se tratase de un gran avance, solamente se encaminen a reducir tímidamente, “el número de víctimas” que ocasiona periódicamente la existencia un arsenal de millones de armas diseminadas por los hogares y negocios del país.
 
Ningún político quiere enfrentar el costo de terminar con esto de una vez y por todas, porque ello pondría en peligro para una de las partes, la posibilidad de ganar el evento deportivo electoral. Como el Estado es sumamente poderoso para no temer a unos cuantos miles de rifles de asalto en manos de un grupo de locos, prefiere enfrentarse ocasionalmente a la tragedia de unos cuantos inocentes muertos, antes que uno de ellos pierda la contienda.
 
Lo más importante es permanecer en el Poder y eso no peligra porque un par de millones de locos posean armas de cierta capacidad ofensiva. Ninguna fuerza de este tipo podría enfrentar, ni siquiera un par de minutos, la fuerza aplastante de un Estado como el de Estados Unidos de Norteamérica.
 
En este sentido deben preocuparse la mayoría de las naciones, pero no es asunto de seguridad para un Estado tan poderoso como este, el cual puede darse el lujo de que sus ciudadano tengan un supuesto “derecho al armamentismo”, dejando la impresión de que es una sociedad coherentemente unida.
 
Considero que basado en las realidades expuestas es que el Poder apela al método de padre consentidor, tratando a estos antisociales como a niños malcriados, aunque eso signifique que de vez en cuándo, el país deberá lidiar con masacres de víctimas inocentes, que por lo general son causadas por los confundidos de tanta desinformación y por los malos ejemplos provenientes del Estado mismo, respecto a la violencia y el desprecio por la vida.
 
Posiblemente el día que las Facciones del Poder estén dispuestas a sacrificar durante un par de períodos presidenciales, la alternancia de la Administración del Estado, sin importar cuál de las dos se va a hacer cargo de la misma, esta situación quedará resuelta y el derecho a portar arma será patrimonio exclusivo de la Guardia Nacional, quien es en realidad la milicia del país, donde se prestan trabajos voluntarios de defensa, donde se admiten voluntarios, la cual de hecho, está integrada por un alto número de voluntarios.
 
Esta es la verdadera representación de una ciudadanía armada integrada por “una milicia regulada…necesaria para la seguridad del Estado…”
 
Esto es en resumen cómo lo pienso yo y cómo lo veo.
 
Lo dejo escrito para deleite de aquello que entienden y para esos otros que no quieren entender.