Sin culipandeo
ELIGIO DAMAS

Porque es como infantil que en medio de este enorme desafío, donde las discrepancias, no hablaré de contradicciones para no parecer una cotorra, que enfrentan a ese enorme y amplio espectro de la izquierda que solemos aplicarle el cognomento de chavismo, llamemos a resolverlas planteando una clasificación parecida al asunto de la raya o los danzantes. Los duros, los de este lado, uno no sabe tampoco a ciencia cierta donde se halla ese, son los auténticos, quienes tienen la piedra filosofal en mano y la verdad de las verdades. Pero también las bolas; porque este es un asunto de testículos, según esa razón y ordenamiento. Los blandengues, quienes están de aquel lado, tampoco se sabe dónde, son unos traidores o, como decimos en lenguaje coloquial, “una pila de culipandiadores” a quienes les faltan cojones y están a punto de saltar la talanquera.
Pero esa estratagema no es nada nueva. Quienes siempre quisieron imponer la idea de la lucha armada, aun todavía cuando los hechos mostraban que era algo más que disparate, usaron ese mismo truco. Antes, en otro trabajo, he dicho que un conocido comandante guerrillero, ya muerto y quien en verdad se inmoló inocentemente por creerse duro, acostumbraba a decir de manera muy enfática que “la revolución no era más que un echarle bolas al asunto”. Para él, el “asunto”, era irse para las montañas donde esperaba la gloria a los audaces. Le acribillaron a tiros y todo el mundo sabe en qué paró aquella aventura guerrillera. Allende y Chávez mostraron otro camino, que sí ahora en Venezuela y en Brasil, sobre todo acá anda como anda, no es por falta de armas ni de bolas. Aquí lo que ha faltado es talento y humildad en la vanguardia para corregir errores, escuchar al vocerío, respetar los tiempos y derechos de la gente toda, pese se piense se cubrieron todas las expectativas, y en el momento dado, como dijo Chávez, no dar un golpe de timón, sino todos los que fuesen necesarios.
Quien estudie sin mucho detenimiento ni detalle el accionar guerrero del Mariscal Sucre, podrá observar que su gloria se la debe más a su talento que sus bolas. El General Bermúdez, un hombrón famoso por sus testículos, combatiente de pecho abierto y encerronas, solía burlarse de Sucre, por eso de las bolas. Pero fue “Toñito”, simplemente “Toñito”, quien se llenó de gloria en el sur y sobre todo en Ayacucho. Cuando fue redactor y principal autor de aquel acuerdo que se llamó “Tratado de Regularización de la Guerra”, documento vital en la historia de la defensa de los derechos humanos, por su contenido, los duros, al cumanés, tildaron de blandengue.
No sé si haya algo de verdad en lo que digo, bolas siempre me han faltado, tengo un gran sentido de supervivencia, tanto que casi llego a los ochenta años y siempre he estado de este lado, pues he preferido más atender mis razones que a las vísceras. El hombre no aprehende el movimiento por estas, sino a través del raciocinio. Además, con el perdón de quien se pueda sentir aludido, no lo digo por alguien en particular ni intento herir a nadie, “cansados estamos de ver muertos recogiendo basura”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario