viernes, 6 de septiembre de 2019

VENEZUELA , PAIS DE POCOS CON GORRO FRIGIO, PERO DONDE CUALQUIER DILETANTE SE CREE SIMON BOLIVAR

Venezuela, país de pocos con gorro frigio. Pero donde cualquier diletante se cree Simón Bolívar

Eligio Damas

           Simón Bolívar, es de los pocos que “bajó al sepulcro” con el gorro frigio, el curvo, significado de la libertad y de los revolucionarios franceses que con el tiempo y la libertad del lenguaje, se volvió de la dignidad y consecuencia. Sucre, cuando fue tiroteado, emboscado y para más vainas en un bosque de Berruecos, llevaba puesto, nunca se lo quitó, pues era como una prolongación de su cuerpo y conducta, el gorro frigio.
           Y con ellos, unos héroes de la independencia hicieron honor a aquella prenda o mejor a sus compromisos con la patria e historia. No fueron muchos, dicho así cuando uno hace de manera ligera una selección para como pintar un cuadro, porque generalmente nos referimos a las muestras que en este han de aparecer y aparecen, aunque en verdad hubo una multitud de mártires, la misma que hace la historia, engendra los héroes y determina los actos heroicos y por la cual las individualidades, como las mencionadas, hacen honor al gorro frigio; sólo que casi todos pasaron desapercibidos, lo que es hasta propio de quienes más se lo merecen; son de esas multitudes anónimas o el soldado desconocido. Hubo algunos que pudieron portarlo por un tiempo pero en la posteridad no hicieron los honores necesarios para sostenerlo en sus cabezas, sufrieron alucinaciones y en noches de farras pagaron la cuenta con la gloria. El más significativo de estos personajes fue sin duda, el general José Antonio Páez. Para muchos simbolizó al pueblo mismo que rescata para los años13 y 14 la bandera de la independencia de las manos de aquel ejército conducido por mantuanos que hizo posible que personajes como Boves incorporasen grandes multitudes sin fines muy precisos, pero sumamente estorbosos para quienes soñaban con derrotar a España y liberarse del colonialismo. Las fuerzas patriotas se agotaban sin una meta clara y saber exactamente contra quién combatir. Páez, es en buena medida el Boves que no sólo cambia de rumbo,  bandera de las masas empobrecidas y humilladas sino que asume la guerra con una conducta diferente. Estuvo entre los más grandes guerreros de la independencia de América y demostró excepcionales cualidades como tal. Eso significó identificarse con los intereses de la gente que condujo y de quienes por montones, muerto Boves en Urica, ven en él su lógico conductor y contribuirán a darle a la guerra, desde la perspectiva patriota, un giro y destino diferentes. Pero una vez en el poder y disfrutando de sus glorias y méritos, el héroe de Mucuritas y Queseras del Medio, no supo mantenerse leal a los compromisos que comportaba toda esa carga gloriosa. Esa falta de coherencia o continuidad hizo que el gorro frigio que portaba rodase por el suelo.
            ¿Qué es un héroe? ¿Un solo dejarse matar por defender algo, una idea, que pudiera ser por un arranque emocional, momentáneo sin alas y hasta sin plan para volar lo necesario para llegar justo donde se debe con el gorro frigio para ganar aquel honor? No es así de fácil. Pudiera cuando más ser un mártir.
         Bolívar, Sucre, los tantos que hicieron posible la derrota del imperio español, el intento de unificación de lo que el primero llamó “las antes colonias españolas”, como una manera de identificarlas y ellos, a través de su gente se identificasen, en buena medida lo lograron. Por algo se dice “Alerta que camina………” Se desbarató el imperio español y quedó pendiente, como lo sigue estando en la demanda histórica, cada días más empedernida, por aquello de “Estados Unidos parece estar destinado por la providencia a plagar la América de miseria en nombre la libertad”, la tarea de unificar hasta donde es posible la demanda de los pueblos originarios, las culturas, herencias posteriores que no son ajenas a la misma demanda por los resultados de la historia. Era entonces aquella  nación, sociedad y economía, la que daba muestras de poder engullirnos, el Libertador bien lo entendió y ¡miren qué no se equivocó! Justamente por eso, le hicieron como una cayapa, le aislaron y a su lógico heredero, el Mariscal de América, le emboscaron y dieron muerte vil. Y eso no fue por asuntos de política doméstica, como se ha pretendido hacer creer, sino porque ellos pusieron el dedo en la llaga y cargaban el gorro frigio, como decimos los cumaneses, “encasquetado” y tenían alas, espacio y plan de vuelo.  En eso y por eso que llaman la “división internacional del trabajo” a nosotros, nos asignaron el rol de producirle materia prima al nuevo imperio que se levantaba. Con el  “Laissez faire, laissez passer”, la consigna y dogma del mercantilismo y de la etapa imperialista, hasta ahora, como muestra de cómo ha cambiado el mundo, que Míster Trump, casi le resta validez y vuelve sobre el proteccionismo por la fortaleza competitiva de la economía china, nos obligaron a ser productores de materias primas para venderle al capital externo y comprar su valor agregado o todo lo que ellos hacen con aquellas.
            Por la incapacidad de nuestra clase dominante, como formada para el chuleo y el asalto, tanto que vivió de guerra en guerra por pequeñas cosas, Venezuela no avanzó siquiera en lo de explotar la tierra y las ventajas para la ganadería y para más señas, maldiciones o alcahuetería para con esas clases incompetentes, las entrañas de la tierra nos regalaron el petróleo. Y con este vino el cepo, el grillo que nos ató más al capital internacional.
            Los revolucionarios, quienes asumieron el rol por adelantado de cambiarlo todo y llevarnos a espacios donde se llega cuando previamente hemos de hacer muchas cosas, tampoco han estado a la altura para portar y mantener sobre sus cabezas el gorro frigio, porque lejos de “inventar” como decía Simón Rodríguez, lo que significa crear frente a la realidad circundante, no la que describen los libros del momento cuando fueron escritos y generalmente otros paisajes, optaron por copiar y errar. Lo que es lo mismo, nada “inventaron”. En lugar de convertirse en dioses o también inventarse los suyos, prefirieron rendirse a unos que no se avenían con su espacio y tomaron de ellos sus rezos y letanías que tampoco acá decían nada y entonces las puertas no se abren y se dan con ellas en las narices.
           Dejaron unos y otros transcurrir el tiempo, como aquellas clases formadas para pegarse a la teta del Estado y que se volvieron más parasitarias cuando el petróleo dominó la economía y en lugar de diseñar proyectos liberadores se plegaron a lo impuesto desde afuera, como el importar lo que desde  allá decidiesen vendernos y contribuyeron a crearnos a todos necesidades ajenas. Y organizaron todo al gusto del capital externo para el enriquecimiento fácil, permitiendo que lo que entraba por el hidrocarburo regresase casi completo a fortalecer la industria ajena.  
           Los revolucionarios o quienes creyeron serlo, mientras hacían discursos independentistas y hasta anti euro céntricos, se pegaron a lo que de Europa venía para aquí aplicarlo como si fuese la misma cosa y hubiese sido hecho exclusivamente para nosotros, tal como aquello del traje a la medida o talla única. Si la lucha armada resultó exitosa en un sitio, pensaron que inexorablemente aquí lo sería y por tanto los razonamientos que por allá hicieron quienes aquella condujeron, también aquí tendrían estricta validez. Y entonces, por ese razonamiento, los dirigentes nuestros terminaron siendo aquellos  y quienes aquí se empeñaban en materialízalo, no sólo botaron sin que se diesen cuenta el gorro frigio porque la imitación no tiene arte.
         Pero tampoco el acceso al poder a uno le hace dueño de un gorro frigio, más si uno lo hace como de contrabando, por un hecho de esos que aquí ahora suelen llamar sobrevenido y hasta por un “lechazo”. Pues si uno llega así, sin tener los “aperos” necesarios y por decisión de otro, y termina como debe terminar porque los perales dan peras, lo que no puede pedírsele al olmo, en el esperar por milagros y el fracaso.
        Pierde uno el tiempo poniéndole un gorro frigio a quien no lo merece, pues esas extrañas prendas son tercas y, cuando les ponen en cabezas que no son, se quitan y no hay forma que se conformen.


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