martes, 2 de mayo de 2017

VENEZUELA, DE LA LUCHA ARMADA A LAS GUARIMBAS (2)

   
3 hrs ago
[BLOG DE ELIGIO DAMAS] VENEZUELA, DE LA LUCHA ARMADA A LAS GUARIMBAS. PARTE III 
Eligio Damas to youshow details

La brutal represión de Betancourt para desbaratar el cuadro político y social.

Parte III

ELIGIO DAMAS

            Para el gobierno de Betancourt, de aquel cuadro político y social, no le quedaba otra alternativa que desbaratarlo. Sus socios del norte, de alguna manera lo exigían para poder penetrar en Venezuela con sus “nuevos” proyectos, como ahora intentan reacomodar el cuadro latinoamericano para volver con el ALCA. Lo relativo a la Alianza del Pacífico y Mercosur
            Sabiéndose apoyado por EEUU, la OEA y particularmente la aplastante mayoría de sus integrantes, salvo Cuba, la cual no tardarían en expulsar del organismo, Betancourt optó por jugar la única carta que tenía a mano, la violencia. Quizás sabía, no por sus rudimentarios sistemas de información que todavía en ese campo no habían superado la ramplonería de los viejos procedimientos policiales de Gómez y Pérez Jiménez, pero sí por intermedio de los gringos, del auge que había tomado en la mente de los revolucionarios de entonces el deseo de inmolar a los barbudos de las sierras cubanas. Ya estaba instalada en la mente de los jóvenes el deseo de participar en una lucha heroica, con mucho de la carga del viejo romanticismo, donde más que acertar, lograr las metas, se sobrepone el individualismo y con este el deseo de sentirse grande y humilde.
           Ante aquella coyuntura, cuadro como surrealista, Betancourt se lanzó a reprimir sin recato ni medida. Para actuar “a la libre”, optó por suspender las garantías constitucionales previstas en la Constitución del 91, cuando apenas la acababa de aprobar la cúpula gobernante escogida al efecto, entre cantos y medianoche. Como dice Earle Herrera en Historias mínimas de la Carta Magna, “El diario El Nacional publicó una mancheta con letras de epitafio: FLOR DE UN DIA. Se le burló, se le violó y vació de contenido”.
 Los reportes periodísticos de la época hablan de los niveles de abuso y  violencia que desató el gobierno ante cualquier manifestación a lo largo del país. Basta con hacer mención de la inolvidable y macabra orden, dada irresponsablemente por el presidente de la república, por los medios de comunicación, a los cuerpos policiales, de “Disparen primero y averigüen después”. Todo gesto de inconformidad o manifestación de obreros y estudiantes, de estudiantes solamente o igualmente de obreros, empleados del Estado, jubilados, trabajadores del sector privado, etc., era reprimido con la más brutal violencia sin importar las pérdidas de vidas que aquello produjese. Las cárceles se comenzaron a llenar y Venezuela de luto y más dolor; tanto que el ocasionado por las miserables medidas económicas pareció como menor. Venezuela se convirtió en una cárcel y reaparecieron espacios fantasmas del pasado, lo que se creía en el olvido, los campos de concentración. ¿Cómo concebir a un gobierno que se vendía al continente, al mundo como democrático, aplicase aquellos métodos tan primitivos?
                 En la llamada IV República, particularmente durante los gobiernos de Betancourt y Leoni, lo que no excluye a los posteriores, se dio una situación tan cruel y dolorosa que ahora recoge el “Informe de la Comisión de la Verdad” “Informe Luisa Ortega Díaz”, por haber sido la actual Fiscal General de República, quien presidió dicha comisión. Según José Vicente Rangel “…….aspecto importante del informa Ortega Díaz, es la utilización de la Fuerza Armada por dirigentes de gobiernos civiles, que es el mismo caso de los gobiernos militares. En la Venezuela puntofijista se indujo a los militares a involucrarse en las peores prácticas contra la dignidad humana. Eleazar Díaz Rangel…….me comentaba el impresionante número de oficiales de alto rango, medio y bajo que participó en interrogatorios, tortura, incomunicación, violación del debido proceso, fusilamientos y desapariciones de detenidos políticos….”.
            Es decir, los factores gobernantes del puntofijismo, a partir de aquella tragedia desatada por Betancourt, no sólo alcanzaron que la izquierda se marginase de las luchas populares en las calles, por los problemas de las gentes, sino también, enfrentarla con el ejército y hacerlos factores casi diametralmente opuestos que hasta se odiaran mutuamente. De esa manera, Betancourt logró su meta inmediata de desbrozar el espacio para la comodidad del proyecto económico convenido con las transnacionales.
                      Cada vez se le hacía más difícil a las expresiones democráticas manifestarse, la lucha sindical fue restringida y asociada, como la estudiantil, a manifestaciones anti democráticas y atentarías contra el orden democrático. Aquella definición, más la suspensión de las garantías constitucionales, desde el mismo día que se promulgó la nueva constitución, el cerco represivo, contribuyó a fortalecer las posiciones de quienes se venían manifestándose a favor de la lucha armada y  particularmente de la guerrillera. Es cierto que el gobierno cerró todos los espacios, pero también es verdad que la izquierda venezolana ayudó a que aquél hallase motivos y hondas justificaciones para profundizar su conducta. Se formaron los frentes guerrilleros y posteriormente se produjeron los alzamientos militares, primero Carúpano y luego Puerto Cabello, que fundamentaron al gobierno para tomar dos medidas que venía acariciando, la ilegalización del PCV y el MIR e inmediatamente, sin el debido proceso, por decisión Ejecutiva, el allanamiento de la inmunidad parlamentaria de diputados y senadores de aquellos partidos, quienes casi en su totalidad fueron a parar a la cárcel. Decisión esta que le permitió controlar un Poder Público donde estaba en minoría. Porque, es bueno resaltar ahora, algo que obviamos u olvidamos en la primera parte, al dibujar el cuadro político, que el gobierno en un momento perdió el control o mayoría del Congreso.
            Los dos grandes partidos, arrastrados, en casos hasta con la oposición de importantes dirigentes, como Gustavo Machado del PCV y Domingo Alberto Rangel del MIR, frente a idea de la lucha armada, que si contaba con la mayoría de jóvenes, en poco tiempo vieron disminuidas ostensiblemente sus fuerzas y rotos los internalizados lazos con el movimiento popular, aquel de las fábricas, empleos y de las calles. Toda la capacidad de esas organizaciones se volcó hacia la lucha guerrillera, tanto con sus cuadros que subieron a las montañas, como en las ciudades, en el frente clandestino y hasta el legal. Hasta las organizaciones obreras y estudiantiles quedaron desbancadas o en el abandono porque sus dirigentes fueron a parar a la cárcel, se hundieron en la clandestinidad para protegerse u optaron, sobre todo los jóvenes, parar subir a las montañas. Para decirlo en el lenguaje de ahora, la izquierda abandonó la calle,
            El resto de la historia es bastante conocida. Las fuerzas revolucionarias se desgastaron por las exigencias mismas de la forma de lucha que habían asumido,la fuerte represión gubernamental y la propaganda de los medios, un cambio de actitud de quienes en el campo internacional incluso la habían promovido y ayudado en buena medida, por la escasa o muy baja densidad de población rural venezolana, lo que restó el  apoyo multitudinario que soñaron encontrar y hasta por las divisiones constantes en los frentes guerrilleros, resultado de la frustración y el desespero.
            La forma de lucha guerrillera en Venezuela  casi pasó desapercibida. Luego, con el traslado de esa lucha violenta a la ciudad, bajo otra forma, que tomó un estricto carácter vanguardista, poco interés puso en insertarse en los problemas colectivos, sino se atrincheró en consignas abstractas, generales, hasta muy intelectualizadas, lejos de acercarse a las multitudes, se convirtió como en un estorbo de la vida ciudadana y de la paz. El ciudadano común no veía motivos para cambiar su tranquilidad, vivir en paz, para apoyar a quienes nada decían de sus dificultades y carencias. La violencia se volvió para aquella vanguardia hasta como un fin en sí mismo, el consumo y práctica de aquel Estado represor.
           Los remanentes del Pacto de Punto Fijo eran AD y COPEI, en el camino quedaron los escombros de URD. Nació el FDP (Frente Democrático Popular), partido formado por Jorge Dáger, ido del MIR, por el debate al cual aludimos anteriormente, restos de URD y factores que seguían apoyando al Contraalmirante Larrazábal. Surgió también una novedad, el partido FND (Frente Nacional Democrático, el de la campana como emblema, para intentar recoger el amplio descontento, aquel que abandonó la izquierda, liderado por el novelista y en general brillante intelectual de la derecha, Arturo Uslar Pietri. Partidos todos que, si bien recogieron gran parte de la gente descontenta con los gobiernos del puntofijismo, huérfana de conducción, optaron por compartir la torta con quienes gobernaban ayudándoles a continuar en paz con sus proyectos y hasta legalizar los atropellos.
           Y así pasaron los años. Llegó la pacificación, lo de “Cantaura” y otros tantos hechos pasaron al olvido. Carlos Andrés ganó la presidencia y lanzó aquel plan “como bucólico” de la “Gran Venezuela”, donde al decir del Dr. Luis Beltrán Prieto hasta quiso nacionalizar la basura y llamar la empresa creada para eso “Basuraven”; se fue Pérez, pasaron por Miraflores Luis Herrera Campins y Jaime Lusinchi y volvió Pérez, con el respaldo casi abrumador de los  venezolanos, por el recuerdo de aquella gran fiesta populista de su primer gobierno que a parte de la misma izquierda arranco aplausos y asentimientos, dentro y fuera del país.
            La izquierda había quedado reducida al máximo y lo más parecido a un archipiélago; espacio donde todavía se discutía sobre asuntos extraterrenales y nada sobre la vida cotidiana del venezolano. Muchos todavía seguían soñando con el buen día que “bajarían de las montañas con pobladas barbas, fusil al hombre y mano alzada saludando a la multitud que se congregaba a lo largo de los caminos que conducen a la ciudad grande donde se halla el símbolo del poder”.
            Por todo lo anterior, cuando se produce el “Caracazo”, a todo el mundo agarró como desprevenido. Pues fue el pueblo, casi, como espontáneamente quien salió a poner un freno a aquellas malvadas medidas impuestas al gobierno de Carlos Andrés Pérez, como resultado de una crisis económica que se venía arrastrando años atrás. Como dato curioso, vale decir y tomar en cuenta que, apenas unos tres o cuatro meses atrás, el presidente había sido electo por segunda vez, con el 65 % de los votos depositados. Por eso, el acto de toma de posesión de Pérez, al cual asistió como invitado muy especial Fidel Castro Ruz, se llamó la “Aclamación”.
            El alzamiento de Chávez pudo haber pasado desapercibido o quizás no se hubiese producido si antes no acontece aquel fenómeno casi telúrico de 1989 que estremeció los cimientos de la sociedad venezolana, como repudio a las medidas del Fondo Monetario internacional. Pero ambos hechos, sin duda, por la dialéctica de la vida, se conectan. El primero se produce sin que nadie pueda reivindicar para sí y para su grupo responsabilidad. La izquierda toda estaba disminuida para no decir como realmente se debe, destruida. Lo poco que quedaba o se había entregado como por fatalidad y por culpa de los errores cometidos en el pasado al modelo dominante o estaba todavía acariciando los sueños de la lucha armada, pese el rotundo fracaso en que aquello había derivado. Si hasta Fidel Castro había hecho excelentes migas con Pérez, razón por la cual a este los escasos seis votos de la izquierda en el congreso de la República, le salvaron se le sancionase por asuntos de corrupción que asociaron al barco “Sierra Nevada”, regalado a Bolivia y la ayuda “generosa” que prestó a la señora Chamorro, entonces candidata presidencial en el Salvador. Pérez estaba intentando intermediar en América Latina, por lo menos, para que a Cuba se le mirase y tratase con otra óptica. Por esto, aquel remanente de la izquierda que volvió al congreso, habló de una aceptable política internacional del “Gocho”. Aunque ella misma estaba extasiada por la política de la “Gran Venezuela”, la de la nacionalización de la industria petrolera , las numerosísimas nacionalizaciones, del barril de petróleo a la altísima cifra de más de 75 dólares por barril y el dólar a Bs. 4.30, en el primer gobierno de Pérez.
            Pero el “Caracazo” dejó huella. Estremeció al venezolano y despertó su conciencia más allá de lo que se pudo en muchos años de luchas e historia. La ruptura fue de tal magnitud, que un gobierno o un presidente que pocos meses atrás había llegado en hombros a Miraflores, se convirtió en un prisionero y exageradamente rechazado por los venezolanos. Por eso, el alzamiento de Chávez, su casi mágica y milagrosa frase “por ahora” y el posterior alzamiento del 24 de noviembre del mismo año 1992, gozaron de inmediato de la simpatía y respaldo de la desbordante mayoría de los venezolanos. Es verdad que fueron sorpresivos pero una vez que pasaron, prepararon al nacional para no dejar que la próxima pasasen desapercibidos.

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